LA MEJOR SOMBRA DEL MONTE

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La mejor tierra para descansar es aquella en la que da sombra el castaño y el haya. Bajo la sombra del castaño y del haya discurren, siempre, los más frescos y claros arroyos de agua. Crecen los grosellos y el aromático laurel y pían los pájaros más canoros y entretenedores. Bajo la sombra del castaño y del haya nunca se guarece ni la picaraza choriza ni la abubilla apestosa; no. Bajo la sombra del castaño y del haya descansan y cantan los ruiseñores, los jilgueros y los mirlos que saben silbar polkas y valses de lo Strauss. Bajo las sombras frescas y reponedoras del castaño y del haya crecen los más gordos y apetitosos hongos y los frescos y picantes berros de ensalada. Esos berros que, con anchoa en salazón y queso Feta están de muerte.

Dice don Camilo, el de los tres premios, en su libro Madera de boj, que quien encuentre el tesoro de la reina Lupa, la céltica señora de las tierras del fin del mundo, será el más rico de todos los demás gallegos juntos. Igual lo encontró Amancio Ortega y el tesoro no era sino los patrones de los vestidos y jerseys de Zara. Esto de la riqueza y su primo hermano el poder son cosas muy confundidoras y desequilibrantes.

En el Uruguay no deben darse los drogueros ni los merceros. ¿Usted, don Dimas, conoce a algún droguero o a algún mercero uruguayo?

Pues no señor. Ahora que lo dice no conozco a ninguno.

Es que, según dejó dicho don Federico Nietzsche por el Uruguay, como hay otro uso horario, no se dan ni los drogueros ni los merceros. Tampoco los sexadores de pollos. Si que se dan, ya ve usted, los psicólogos y los delanteros centro. También hay uruguayos pesados y redichos que se pasan el día chupando hierba mate como locos y asando tiras de carne y hasta chorizos criollos.

Oiga, don Matías, ¿y esto qué tiene que ver con lo anterior?

Pues nada, la verdad, pero es que he parado para tomar un vasito de vino y un pincho de sardinillas en aceite, que tenía algo de hambre y he perdido el hilo.

¡Ah!, usted perdone. ¿Qué hilo?

El de Ariadna.

¡Ah, sí, es cierto! Siga, por favor.

Gracias

Yo nunca me baño en la mar o en el río. Tampoco en la piscina. Yo solo me baño en la bañera de mi casa y antes de desayunar y guardando las dos horas de la digestión. En la mar hay algas. Las algas son como culebras que ahorcan a los hombres por los pies y terminan matándolos tras picar su veneno en las ingles desnudas del incauto. Un hombre al que las algas cojan del tobillo está perdido. Su muerte por ahogamiento y envenenamiento es segura. Luego, el señor juez, al levantar el cadáver se vuelve loco buscando las causas. Si los jueces, en lugar de aplicar el reglamento estuviesen más atentos a lo que cuenta la afición, otro gallo nos cantaría a todos. En los ríos pasa otro tanto con el cieno y las sanguijuelas y te acaban sacando la sangre de las venas a chupetones. En las piscinas no se ahoga nadie ni por ahorcamiento de los pies ni por envenenamiento de las culebras y las sanguijuelas pero está llena de orines de los demás. En las piscinas la gente se ahoga de asco.

El cocinero guipuzcoano Martín Belaústegui es muy pérfido y malicioso con las carioquillas. A las carioquillas, en algunos sitios, las llaman pijotas. El cocinero guipuzcoano Martín Belaústegui fríe las carioquillas, sin ningún tipo de consideración, poniéndolas con la cola mordida. ¿Al cocinero Martín Balaústegui le gustaría que le friese a él, como a san Lorenzo, en una sartén de aceite hirviendo y mordiéndose la cola… A que no? Pues eso; que debería ponerse en el lugar de las carioquillas, pero no. La gente es muy desconsiderada y malévola. Y muy poco ecologista y sí muy partidaria de la higiene dental y de las prótesis peneanas.

Doña Higinia de la Puerta es muy higiénica y sana. A doña Higinia de la Puerta nunca, jamás, la han tenido que poner una irrigación. Ella va muy bien del vientre y, cada día, nada más levantarse, se sienta en el güater y, mientras silba La Madelón suelta el vientre. ¡Quien pudiera!

¿Y nunca cambia de canción?

Sí, cuando va suelta silba Mis manos en tu cintura, pero en francés, no en español. Silbar en francés no es fácil. En España, además de doña Isabel Sanz, no hay más de dos personas, y las tres son señoras, que el francés es idioma de madamas y monsieurs un poco tutifruti, que sepan hacerlo con soltura y medido ritmo.

La gente gasta por gastar. Nos hemos acostumbrado a no hacer caso a nuestros mayores, que eran mucho más ahorradores que nosotros y así nos va. Yo, por ejemplo, no he gastado en mi vida en despertador. Siempre le rezo un Avemaría y dos Salves, en latín, claro, a la Santa Compaña y no necesito despertador. Cuando la Telefónica se enteró de esto retiró de los teléfonos el servicio de despertador.

¡Anda, es verdad! Ya no hay servicio de despertado.

Claro, ¿quién lo va a utilizar con lo que cuesta si lo de la Santa Compaña es gratis?

Pues también es verdad

Los zurdos no valen para cargar camiones llenos de frigoríficos. Sí que valen para cargar camiones de cocinas eléctricas y aún de gas, pero no de frigoríficos. Si un zurdo quiere cargar un camión con la nevera cogida con la mano izquierda la nevera se abre y se arrea él mismo con la puerta en la cara. Los zurdos, cuando tengan que cargar neveras, lo mejor que se pueden hacer con ellos las empresas de transportes es subirlos al camión y que vayan colocándolas dentro de la caja del camión.

Oiga, don Dimas, a usted no le parece que el post de hoy va algo revuelto.

¿Por…?

No sé, me parece a mí.

Pues no. Nada de eso.

El mejor vino del mundo dejando de lado el de El Bierzo, que es punto y aparte, se hace en el centro de España. En Méntrida, en Colmenar de Oreja y hasta en Cebreros ¡Menudo vino hay en Cebreros! Para mí que es el mejor de la Rioja

Pero si Cebreros es de Ávila.

Pues por eso lo decía, Cebreros pertenece a  la Rioja Avilesa que es la Rioja Alta. La otra Rioja, la Baja, es la Rioja Riojana. En Cebreros, por si usted no lo sabía, abortó una tarde, mientras iba camino de Tordesillas, la reina Isabel la Católica, la que montaba tanto como su esposo. Para mí tengo que abortó por el adoquinado. Parece que no pero tanto traqueteo no podía ser bueno para la criatura.

¿Y la Ribera del Duero?

La Ribera del Duero no es un vino. Es una hermana de Paquirri que nació en Soria, cerca de El Burgo de Osma, el pueblo de Aldea.

¡Ah!, yo penseé…

Pues no piense. En Cebreros han traído, el otro día lo decía la prensa, un montón de emigrantes de pelo blanco. Al parecer eran como los que cantaba Mecano albinos medio hijos de la luna.

¿Albinos y emigrantes?

Si. Albinos Kosovares, decía el periódico

¿Y no sería Albano Kosovares?

No hombre, no. El Albano; el de la Romina Power, es italiano y no kosovar. Además, ahora debe de estar divorciado. Fíjese, ¡quién nos lo iba a decir!, ¿verdad?, y con lo empalagosos que parecían en el televisor.

 

EL SOPLADOR DE VIDRIO

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Los hombres blancos que han sido buenos en su vida y han sido humildes y generosos van al cielo. Pero van al cielo de los blancos, que está en la Vía Láctea, que para eso es del color de la leche. Los negros no. Los negros, aunque hayan sido humildes y generosos van al cielo también, pero van a un agujero negro del cielo infinito. Para eso son negros, claro.

¿Y los chinos y los aceitunados?

Los chinos y los aceitunados no van al cielo porque no tienen alma. Confucio y Corazón Aquino nunca dejaron escrito que tuvieran alma. A los chinos y a los aceitunados nunca les llegó un duro del Domund porque se gastaba siempre con los negritos, que tenían muchas más necesidades que ellos y claro, no se convirtieron a tiempo. Además los chinos eran seguidores de Mao que era comunista.

Claro, claro.

Una mañana, de hace ya varios años, aparecieron en el pueblo tres hermanos que habían nacido en Eslovaquia. Entonces, Chequia y Eslovaquia eran como las ofertas y daban dos por una: Checoslovaquia. Los tres hermanos se llamaban Molnár y eran, como ya se dijo tres, como las Marías: el Alojz, el Bohusalav y el Dalimin que era el menor de los tres. El Alojz, que era el mayor, sabía tocar la tuba y el cuerno alpino y era tranviario en Bratislava. Después, y por la proximidad a Alemania, salía a tomar cervezas y licor de guindas por las calles vestido de bávaro, con su pantalón corto de peto, medias de lana y un chapiri verde con una pluma de ánade. Cuando llegó al pueblo así vestido los niños le tiraban cantos y hasta cagarrutas de burro. El mediano, el Bohusalav soplaba el vidrio en las montañas de Lusatia, en Baviera. Como en el pueblo no hay vidrio se dedicó a poner lañas a los lebrillos y a reparar varillas de los paraguas. El Dalimin, por eso de ser el pequeño, no hacía nada. Era más vago que la chaqueta de un guardia. El Dalimin, como ni sabía ni quería hacer nada, se apuntó en el ayuntamiento y cobraba la renta básica y hasta le dieron un apartamento y un vale para comer todos los días en la casa de comidas de la Eufrasia.

Claro, como los eslovacos no son ni chinos ni aceitunados les dan la renta y las ayudas que quieran, ¿verdad?

Naturalmente.

También tenemos, en mi pueblo, un dinamarqués; bueno en realidad es estonio pero vino de Dinamarca y es luterano por la gracia de Dios. Los luteranos, a pesar de que son blancos, si han sido buenos en su vida y humildes y generosos tampoco van al cielo. Por ateos y por descreídos. ¡Que se jodan! Van al cielo, eso sí, pero al cielo de los luteranos que ni está en la Vía Láctea ni en los agujeros negros del espacio.

Entonces, don Dimas ¿dónde está el cielo de los luteranos estonios?

En Móstoles. Que ahí cabe de todo. Al lado del Ikea y del Decathlon; a la altura de Loranca.

A los dinamarqueses y a los finlandeses les gusta estar en público en pelota picada sudando como viudas gordas en Benidorm, dentro de la sauna. A los finlandeses y los dinamarqueses les gusta arrearse estopa con un ramo de hojas de abedul.

Una tarde en que el dinamarqués de mi pueblo estaba sudando en la sauna el Dalimin, el eslovaco, le cambió el ramo de abedul por un ramillete de ortigas. ¡Qué cabrón el Dalimin, cómo le dejó la espalda al eslovaco! Nos estuvimos riendo una semana seguida… ¡Y cómo brincaba!

El Alojz una tarde se suicidó tirándose de lo alto del campanario, como si fuera la cabra de Manganeses de la Polvorosa. Cuando cayó y se desparramó por la plaza avisaron a los hermanos que no podían creérselo.

¿Pero el Alojz? ¡Qué raro…! Si tenía vértigo, cómo se va a tirar desde ahí arriba.

Pues ya ve usted, le dijo el Argimiro, el camarero, que levantó el cadáver cuando vino el señor juez con la espátula de volver los sándwiches de la cafetería.

El Dalimin se metió novillero de reses bravas y se anunció, para tomar la alternativa, el día de santa Margarita María de Alacoque, virgen. El Dalimin pidió por adelantado la mitad de la soldada y un adelanto para alquilar el traje en la capital. El Dalimin, como era de prever, no apareció ni el día de santa Margarita María de Alacoque ni el día del Pilar, y eso que era fiesta nacional. Al Dalimin, según contó una vez un corredor de berenjenas de Almagro, murió al caer de un caballo de tiovivo escapando de la guardia civil que montaban un cerdito. Era de prever, siempre anduvo galopando sobre la línea roja del calabozo.

¡Oh!, qué poético…

El Bohusalav, el que ponía lañas a los lebrillos y varillas a los paraguas fue el único normal. Se casó con una gitana que venía con una familia medio titiritera y una cabra que subía la escalera. La niña pasaba la pandereta mientras el padre tocaba Paquito el chocolatero haciendo sonar el sobaco con el hueco de una mano. Hay gente que, si le diera usted un instrumento musical, podría llegar a Mozart o más allá. El gitano era uno de ellos. ¡Qué manera de afinar el tío!

Al Bohusalav le enseñó el gitano a mover a gran velocidad los cubiletes del trile y a poner regatones y estoques a los paraguas. El Bohusalav se casó por el rito gitano con la Meregilda, la gitana que, en realidad se llamaba Hermenegilda pero que, en caló, se decía Meregilda. Lo que más le costó fue arrancarse la camisa, como Camarón. Al Bohusalav le costaba entender que las costumbres, en cada país, son distintas. Él quería que la Meregilda se llamase Bohusalava. El abuelo del clan, como es fácil de entender, se negó en rotundo.

¿La niña llamarse mushas bragas? No se lo cree ni usted.

No, no… Bohusa-lava. No muchas bragas

Ah, no… La niña no se lava. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Pero qué se habrán creído el húngaro este. Perder la niña la oló a muhé

Déjelo, atinó a decir el eslovaco. No nos vamos a entender

Mejor asín, payo

Después de seis años de matrimonio la niña Meregilda se marchó del pueblo porque echaba en falta la vida en el camino. Ya lo dijo don Antonio, el poeta de Soria, que se hace camino al andar, pero como no se hace, desde luego, es sin salir del pueblo. Cuando la Meregilda se fue del pueblo al Bahusalav se le vino el mundo encima y se marchó a su tierra donde, mediante el programa Erasmus, sacó un máster de proxeneta que le servía para ejercer en toda la Unión Europea. Ha abierto un puticlub en Lovaina, Bélgica, que se llama Jelou Kitty y que ha llenado de chicas con burka. El nombre no parecía muy apropiado, según le dijo su head hunter, pero él sabía que, ese nombre y esos atavíos, se aseguraba una parroquia muy particular. Y así fue hasta que los okupas y los skaters asaltaron una noche el club y se lo apropiaron. Ahora está de nuevo en Lusatia soplando vasos de cristal y se le han puesto unos labios que parece a Cayetana echando besos a Curro Romero en la corrida del domingo en la Feria.

¿Y ahora, don Dimas, ya no les quedan más extranjeros en el pueblo?

Pues no, la verdad. Ahora sólo nos queda uno que es marino y de El Burgo de Osma. No es extranjero pero mire usted, con lo que ha zascandileado océano arriba y abajo, es como si fuera de Bosnia Hezergovina.

 

RICARDO FUENTECASA, EL MISÓGINO

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El bandolero Buenaventura Barbancho Crujera, alias Venturita de Ubrique no era un dechado de generosidad. El bandolero Barbancho robaba a los ricos para quedárselo él. El bandolero Venturita de Ubrique, jamás, repartía con los pobres. A los pobres que les den, decía. Que espabilen y que se jodan. Además, añadía, que roben, como hago yo. ¡Faltaría más!

Don Dimas tiene mucha paciencia y buena voluntad. Don Dimas, ahora que ha estado en Portugal, aprendió a cantar fados con mucho sentimiento y los canta poniendo los ojos en blanco, como si estuviera en trance. Don Dimas cantando fados se parece a El Puma pero en veterano, claro. Don Dimas, cuando terminan de bailar los viejos aquello de No sufras más mi pobre corazón, con los dedos pulgares en el bolsillo del pantalón vaquero, coge el micrófono y canta fados tristes, fados melancólicos y bellos a sus compañeras de excursión. Se um português marinheiro/dos sete mares andarilho/fosse quem sabe o primeiro... Don Dimas, incluso, cuando van en el autobús de excursión por el Cabo de San Vicente, canta bellos aires de la tierra para amenizar a los ancianos. Da gusto ir de excursión con don Dimas.

Genaro Vallina Noriega, un barrendero de Carrandi, parroquia del concejo de Colunga, en Asturias, está enseñando a bailar claqué a dos andaricas. Las nécoras, las nécoras asturianas, naturalmente, son más listas que el zorro. Usted –y haga la prueba- silba una canción a una nécora y verá cómo lleva al ritmo. Incluso, si a media canción, le cambia de ritmo se adecúa a él como Giogogio Aresu, aquél bailarín que fue cuñado de Ana García Obregón. ¿Le recuerda usted, don Dimas?

No habría de acordarme… Si era el mayordomo Ambrosio en La Mansión de los Plaff.

¡Joder, vaya memorión!

Don Ricardo Fuentecasa, legionario del Tercio Alejandro Farnesio, tenía dieciséis hijas, cuatro nietas y seis ex esposas. También tuvo seis suegras viudas y ocho hermanas. A don Ricardo Fuentecasa le acusó una legionaria de su compañía de misógino. A don Ricardo Fuentecasa lo que más le gusta en el mundo es llegar a casa y comer, o cenar, un buen solomillo de buey. Tampoco se quejaría si, en lugar de ser de buey fuera de ternera. Lo malo es que todas las mujeres en la vida de don Ricardo Fuentecasa son vegetarianas.

Don Ricardo Fuentecasa, cuando se enteró que había cambios en los ministerios y que iban a poner una ministra del Ejército mujer se dijo aquello de date por jodido. Don Ricardo Fuentecasa fue licenciado y fue enviado a la reserva. La reserva, en una casa dominada por las mujeres suena a territorio comanche. Nada más cierto.

Hay gente que no tiene mucha suerte, la verdad.

La última esposa de don Ricardo Fuentecasa, la Olegaria Turrón no dejaba a don Ricardo comer helados de mango. El helado de mango, decía, produce endorfinas endógenas que, una vez que se alojaban en la sangre de su esposo funcionaban como neurotransmisores excitando el hipotálamo y la glándula pituitaria.

¿Yo?, preguntaba don Ricardo. ¿Yo tengo de eso?

Sí, tú. El santito… Si ya me lo dijo mi madre antes de la boda. A mi estos tíos que no tienen más que hijas y no saben hacer chicos no me gustan un pelo. La señora Leona, la madre de la Olegaria Turrón lo tenía más claro que el caldo de un asilo.

Cuando se está en casa hay que estar bien vestido y arreglado por si acaso. Don FelisindoTrijueque vive solo en su casa. A don Felisindo Trijueque se le cae el pelo y, por evitarlo, se pone todas las noches un ungüento en la cabeza con rodajas de pepino y boñiga de ardilla bien disuelto. Don Felisindo, para que no se le caiga o le manche el ungüento lo cubre con un pañuelo de gasa de color fucsia. Una tarde sonó el timbre de la puerta y, sin darse cuenta de cómo estaba vestido, abrió y se encontró a su vecina, la Jesusa de la siguiente guisa: calzoncillo abanderado azul claro; camiseta de la misma marca de tirilla en color amarillo claro; zapatillas chanclas del oso Yogui que le trajeron unos amigos de un viaje de placer a Yellowstone; calcetines ejecutivo a media pierna y el mentado ungüento y el pañuelo de castañera folk. La Jesusa, al verle de esas pintas chilló y salió corriendo mientras el don Felisindo trataba de cogerla del brazo para que no gritase. Las puertas del resto del edificio de apartamento se abrió y las vecinas, espantadas, llamaron a la policía que se llevó al violador del pasillo hasta la comisaría.

Cuando al bandolero Buenaventura Barbancho Crujera, alias Venturita de Ubrique, le criticó en su programa El gran Wyoming por no repartir con los pobres sus golpes en la serranía de Cádiz contestó con mucho fundamento. ¡Nos ha jodío aquí el Wyoming. ¿No lo hace Montoro? A ver si ahora voy a ser yo el único primo que reparta la guita con los demás.

Yo creo, don Dimas, que el bandolero Venturita de Ubrique tiene razón. ¿No le parece?

Pues sí, don Matías. Ya lo creo.

 

VA A NEVAR EN MADRID

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Madrid se despertó con una capa de nieve impresionante. La radio había dicho, bien de mañana, que esta nevada no se veía en la capital desde que se tenían datos históricos en meteorología. De los tejados colgaban carámbanos de hielo como en el bosque de Santa Claus. Daban ganas de quedarse en la cama y llamar a los clientes, al colegio…, alegando alguna gripe o algún esguince de tobillo. A fin de cuentas, pensó, con este hielo y esta nieve cualquiera podría haberse torcido el pie. Antes de salir a la calle volvió a asomarse a la ventana. Las cuatro personas que caminaban bajo la luz anaranjada de la farola expelían vaharadas de humo por la boca y la nariz. ¡Joder!, murmuró en voz baja, cualquiera sale con este frío.

Del armario del vestidor sacó un chaquetón plumífero de cuando iba al monte. Hacía años que no se lo ponía. Tantos como hacía que no nevaba en Madrid. Se cubrió el cuello con una bufanda y la cabeza con un gorro de lana. Salió a la escalera y esperó al ascensor. En el ascensor bajaba Marta, una vecina a la que conocía desde niña. Marta, cuando tenía dieciocho años aparentaba treinta y tantos. Ahora que tiene cincuenta aparenta dieciocho. Algunas mujeres,  se dijo, parece que van y vienen de un calendario a otro como en un bucle.

Al poner el pie en la calle se dio verdadera cuenta del frío que hacía. Estaba cayendo agua nieve y, el viento, rascaba en la escasa piel de la cara que estaba desguarnecida. En las aceras la nieve estaba dura y parecía ya más hielo que nieve. En la calzada, por el contrario, las rodadas de los coches habían convertido la nieve en un aguachirle sucia y muy peligrosa de pisar.

En la esquina de la calle, pese a lo temprano que era, ya había una castañera, badila en mano, atizando el fuego del bidón donde asaba las castañas. El puesto –una especie de trampantojo de maderas- cubría sus espaldas y la anciana castañera se cubría del frío con una mantilla negra de lana y un pañuelo negro como el de las plañideras. Llevaba las manos cubiertas de guantes con los dedos cortados y, después de avivar el fuego, se dedicó a fabricar cucuruchos de papel de periódico. Esta pobre mujer, pensó, ¿no tendría que estar en alguna residencia o al cuidado de algún hijo? Al llegar al cruce de las dos calles se detuvo frente al semáforo. No pudo, como hacía siempre, cruzar en rojo puesto que los coches iban despacio para evitar derrapes.

De una de las cornisas caían gotas de agua que se le introdujeron entre el cuello de la camisa y la nuca. Un repelús del frío del agua recorrió su cuerpo. ¡Dios!, pensó. Mira que tener que pasarme a mí, precisamente. Cuando el semáforo cambió a verde para los peatones inició la marcha pero, ¡vaya por Dios! un coche se saltó el semáforo y le puso perdido del agua sucia y de la nieve derretida. El coche siguió su marcha sin disculparse mientras que él, empapado y sucio, le amenazaba con un puño cerrado y le cubría de improperios. No, hoy no era un buen día. Tenía que haber seguido su instinto y quedarse en la cama.

Por fin llegó hasta la calle donde tenía aparcado el coche. El coche tenía, sobre el capó y el techo, una enorme cantidad de nieve que tuvo que quitar con la mano. Tenía la mano helada y no atinaba a meter la llave en la cerradura. Le dolía del frío y le impedía coger la rasqueta para quitar el hielo del parabrisas. Como pudo fue rascando el hielo del parabrisas y de la luneta térmica posterior. Se dio cuenta, tarde desde luego, que la nieve que estaba quitando con la rasqueta se le metió por dentro del zapato. La sensación de frío, ahora, era tremenda.

Cuando por fin había quitado el hielo al parabrisas metió la llave en el contacto pero el coche no respondió. Está helado, pensó, y volvió a intentarlo. Nada. El coche no arrancaba. Será la batería, o vaya usted a saber. ¿Ahora qué hago? No hay taxi, a esta mierda de urbanización no llega el metro y, el autobús, es una entelequia.

Don Dimas se despertó sobresaltado. Estaba sudando en su cama. El sol, un sol de justicia incluso para un mes de enero, había invadido la habitación de su hotel. ¿Dónde estoy?, pensó. ¿Y la nieve, y el hielo, y el coche que no arranca…?

¡Uffff!, respiró aliviado. Era un sueño. Se asomó a la ventana y vio la playa de Benidorm relucir bajo un sol de invierno que invitaba a su paseo. A lo lejos la isla de los Periodistas plateaba, junto a las aguas, por el efecto del sol. ¡Qué susto!, pensaba que todavía estaba trabajando y que ya no estaba jubilado. Madre mía, volvió a exclamar todavía sin apenas despertar. Por un momento creí que era Alex Fuentetaja o Isabel Sanz que tenía que ir este lunes, dieciséis de enero, a trabajar.

Don Dimas tuvo un cariñoso recuerdo para ambos. En la vida, se dijo, hay que se agradecido ¡Que Dios, Nuestro Señor, que siempre es justo y necesario les premie por sus aportaciones a final de mes a Hacienda para el mantenimiento de mi pensión. Amén.

EL FUTURO IMPERFECTO

croquetas

Las croquetas y las empanadillas son como hombres sumisos: admiten lo que se les eche y todo les complementa y les da carácter. Algunas personas dicen cocretas y cloquetas. A las albóndigas algunas personas las llaman almóndigas y a la mahonesa mayonesa o bayonesa. En esto de la cocina vale todo, como en las rebajas. Hay nombres que se baten en retirada, como los franceses en Waterloo y otros a los que no descabalga ni el santo compostelano con su espada de matar sarracenos.

¿Ve usted, don Dimas? Sarraceno, por ejemplo, ya no se le dice a los moros ahora, si acaso, se le dice al trigo y va que chuuta. Ya casi no se dice ni moro sino norteafricano, subsahariano y mariconadas por el estilo.

La señorita Amelita Triscado de la Cerda tiene un novio, el Adolfito, que está estudiando para sacar notarías. El novio de la señorita Amelita Triscado de la Cerda es cojo. Apenas si se le nota, parece que le aprieta un zapato pero no; es cojo del pie derecho. La señorita Amelita Triscado de la Cerda, cuando presenta al Adolfito a sus amistades le dice aquí “mi futuro imperfecto” y aquí un conocimiento. Lo de imperfecto debe de ser por lo de la cojera, claro. Esta es una manera muy fea de señalar pero, como dice el Adolfito, todo es poco para mi Amelita. Cuando pasan por la sala de espera del dentista la Amelita y el Adolfito hacen subir los índices de azúcar en sangre de los pacientes y sufridos enfermos de gingivitis con sus dengues y arrumacos. ¡Por el amor de Dios, dice el dentista, que echen a patadas a estos melifluos empalagosos que les va a salir caries a todos los pacientes con tanto azúcar!

La lubina, que en Galicia llaman róbalo; el rape, que en Guipúzcoa llaman sapo y el besugo, que en Andalucía llaman voraz, son los pescados más sabrosos.

¿Y el San Martín, don Dimas?

¡Ah, también! El San Martín, o sanmartiño o San Pedro es pescado digno de duques y hasta de marqueses, don Matías. Sí señor. Ha hecho usted muy bien en recordármelo, si no es por usted lo dejo pasar por alto en este post. Muchas gracias, don Matías.

No hay por qué darlas

Los hombres de tierra adentro –los castellanos viejos y los extremeños y riojanos sobre todos los demás- piensan que los marineros pescan con una caña, desde el barco y que el pescado viene cuando ellos quieren.

A ver, dice el pescador; quiero un lenguado, y ¡zas!, el lenguado que se le clava en el anzuelo. Pero no es así, por mucho que los pescaderos en el mercado claven, de forma artificiosa, los anzuelos en las bocas de los gallos, las fanecas y las parrochas. Los pescadores echan la red y, dependiendo de dónde lo hayan echado y el banco de pescado que pase por allí, así sale el pescado.

La señorita Amelita Triscado de la Cerda cuando su novio el Adolfito se queda en casa estudiando el temario de la oposición sale a tomar el tea con sus amigas. Las amigas de la señorita Amelita Triscado de la Cerda son muy formales y circunspectas. Pero son, asimismo, más feas que picio. Así ya pueden ser serias y circunspectas. Habría que verlas si estuvieran como un cañón de buenas. El Adolfito, cuando termina de estudiar, llama a la señorita Amelita y le pregunta cómo ha pasado la tarde. La señorita Amelita le dice que bueno, que sí, que no ha estado mal, pero que a ella, lo que verdaderamente le hubiera gustado es pasar la tarde a su lado. Esto, claro, al joven Adolfito le pone muy triscador y eufónico. Vamos, que le pone hasta cachondo o verriondo que de las dos maneras se puede decir. Y es que el amor es lo que tiene. Luego, una vez echadas las bendiciones, viene el tío Paco con las rebajas y hala… a engordar las filas del desamor y la realidad menos virtual del sacramento. Pero en fin, son cosas que, hasta que no se prueban no se conocen.

En el castillo de Urueña, la villa que dicen del libro, estuvo preso el conde castellano Pedro Vélez. Dicen que a Vélez le trincaron en amoríos con una prima carnal (carnal, ¿eh, pillín?) del rey Sancho III el Deseado. Cantaba la leyenda que el conde don Pedro Vélez/en el palacio fue hallado/con una prima carnal/del rey Sancho el Deseado/las calzas a la rodilla/y el jubón desabrochado...

¡Jesús, María y José…! Qué manera de señalar y de rimar

Ya, ya…

La señorita Amelita Triscado de la Cerda prepara a su Adolfito un tónico a base de yema de huevo y vino de Oporto para merendar. El Adolfito, cuando toma su tónico se retira a su casa para seguir estudiando. La señorita Amelita Triscado de la Cerda, lo que no sabe, ni imagina, es que al Adolfito, el muy putañero, una vez que ha tomado el tónico a base de yema de huevo y vino de Oporto se le subleva el ardor guerrero y se pasa por la casa de Antonia la Sacacorchos, un travesti que, a lo que dicen, parece talmente a la mujer de Beckham de cintura para arriba y a un abrebotellas, de cintura para abajo.

¡Quién lo iba a imaginar, verdad, don Dimas?

Pues sí, don Matías. Así es, pero es que hay hombres que no son como las croquetas y las empanadillas. Hombres que, ni están dispuestos a aguantar lo que les echen ni se cortan, como la mahonesa.

O mayonesa, ¿no?

O eso

CELSO SANGRADOR LECHUGA, “JUNCO”

chepa

La Osa Mayor, también conocida como el Carro está formada por siete estrellas principales. Las siete estrellas principales de la Osa Mayor se llaman Aliorth, Dubhe y Benetnsah a la que también llaman Alkaid. Luego están Mizar, Merak y Phekda, además, claro, de Megrez que es la séptima. La Osa Mayor está rodeada por El Lince, El Boyero –también llamado Arcturus- y El Dragón, entre otras constelaciones.

Celso Sangrador Lechuga “Junco” era chepa y banderillero en la cuadrilla de Atanasio Laredo Ziñúa, Gordito de Jávea. Cuando salía a banderillear Celso Sangrador Lechuga, “Junco”, la banda tocaba el pasadoble Gallito para animarle. Cuando Celso Sangrador Lechuga, “Junco”, recortaba al morlaco –vulgo toro- la gente se volvía loca. Algunos, los más tacaños, echaban el sombrero del vecino de tendido.

El estuario del Gironda se forma cuando se encuentran dos ríos: el Gironda y el Garona. La gente llama al estuario río pero no lo es. La gente, cuando no sabe algo se lo inventa y así vamos funcionando. El estuario del Gironda no es río; es estuario y va que chuta. Los peces del estuario del Gironda: el esturión, la lamprea y la anguila se deberían preparar en salsa bordelesa pero, como las gabarras que surcan los dos ríos y el estuario vierten al río lo que los franceses llaman “la part des anges”, no necesitan el vino tinto para hacer la salsa. Alrededor del estuario de Gironda se cuecen, guisan y cocinan los mejores y más sustanciosos platos de la gastronomía française. A saber: la cassoulet, el foie y las tortillas de trufa del Perigord, los magrets y los confits. También y no menos importantes son sus vinos de Medoc, de Burdeos y de Saint Emilion.

Celso Sangrador Lechuga, “Junco”, como no podía ir sentado dentro del Dodge Dart por la joroba, de un pueblo a otro, le transportaba la cuadrilla encima de la baca, sentado en una silla de enea con las maletas y el botijo atado con unas cuerdas. En algunos pueblos, en los más pequeños, claro, cuando pasaba el Dodge Dart con la cuadrilla y el Celso Sangrador Lechuga, “Junco” en la baca, sentado en la silla de enea, pensaban que era el señor Obispo y salían a saludarle con banderitas españolas y las amarillas y blancas del estado Vaticano.

Viva el señor Obispo… Vivaaaa

Viva el señor Gobernador Civil… Vivaaaa

Para hacer el aguardiente bueno y saludable hay que contar con un serpentín muy limpio y un alambique –también se puede llamar al alambique alquitara que queda más moruno y propio- de cobre. Las potas, o tripa del alambique, que no son de cobre dan al aguardiente un sabor anisado que estropea el producto. En Galicia y algunas localidades de El Bierzo llaman a los aguardenteros poteiros y tienen una técnica, que nos enseñó Vitín, que es frotarse las palmas de las manos untadas del aguardiente para comprobar el aroma y su volatilidad.

El Dodge Dart con la cuadrilla de Gordito de Jávea llegó un viernes cualquiera a la localidad manchega de Retuerta del Bullaque la fiesta no había hecho más que empezar. En la plaza las mozas bailaban entre sí; los mozos daban martillazos a la atracción de la fuerza o chocaban, unos contra otros, en los coches de choque. Algunas parejas de novios se montaban en El látigo valenciano y, al paso, aprovechaban para magrearse por lo bajini. La pareja de la guardia civil pidió las cédulas a la cuadrilla y, para evitar que se escaparan al ver el tamaño y la edad de los toros, los puso bajo vigilancia en el calabozo del ayuntamiento y avisó al señor alcalde para que comenzase la corrida. Las corridas nocturnas eran –ya no son lo que eran, ni mucho menos- muy habituales en La Mancha. La orquesta, como no sabía terminar el pasodoble, decidió hacerlo por las bravas y las parejas quedaron, durante unos segundos, bailando en secano.

Don Zygmunt Bauman, que murió anteayer, dejó dicho que la vida líquida es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante. Esto lo dice don Dimas y enseguida pensamos todos que se refiere a las cervezas y a la moña por su ingesta. Pero claro, si lo dice un pensador no es lo mismo.

San Cucufato, mártir de Barcelona (Barcinon claro Cucufate freta/surget que dijo Aurelio Prudencio), se llama San Cugat, en catalán y es santo patrono de las personas que tienen chepas y jorobas de todo tipo y condición. El Celso Sangrador Lechuga, “Junco” no ha sido el único torero chepa. En su momento tuvo sus tardes de gloria Chepa de Quismondo, aquel artista del campo de la Sagra junto a Valmojado. Pese a ser chepa un torero católico no lleva estampitas de San Cucufato. El Celso Sangrador Lechuga siempre lleva aquella fotografía de Rita Hayworth, en enaguas, que publicó la revista Fotogramas en blanco y negro. El cabo, en cuanto vio a la starlette de esa guisa decomisó la estampa y se la guardó en la cartera teniendo sumo cuidado de no dañarla con la goma que cruzaba la cartera.

Tú, novillero, si quieres encomendarte a alguien hazlo con el duque de Ahumada y le entregó una foto del duque con un bigote de guías y la bandera de España cruzándole el pecho. Al Celso Sangrador Lechuga, Junco, aquello le dio mala espina pero se encomendó a Gilda y salió, como pudo, a enfilar el paseillo.

Aquel toro que soltaron del toril no era un toro; era la corrida entera bajo un solo par de cuernos. ¡Qué toro…! Dijo Gordito de Jávea. A ese le va a dar un pase su puta madre.

El guardia civil que oyó esto le hincó el cañón del naranjero en los riñones.

O sales ahora mismo a recibir al bicho o te pego un tiro que te tienen que sacar los riñones de la talanquera con una pata de cabra.

Ante un razonamiento tan cabal y medido el Gordito se dirigió al Junco y le dijo: Llévatelo bajo el palco y dale cuatro pases para que baje la cabeza.

Al Celso Sangrador Lechuga, alias Junco le entró tal ataque de risa que a poco más no se orina por la taleguilla abajo. ¿Y no quieres que me lo lleve a tomar unos vinos a la plaza, Manolete?

Gordito de Jávea volvió a sentir el cañón del naranjero y decidió echar la pata pa’lante.

¡Eje, toro! ¡Eje!

El toro, que de oído andaba fenomenal se dio por enterado y, con un giro de ciento ochenta grados echó a correr en dirección a Gordito.

¡Sácamelo de encima, chepa!, dijo Gordito y El Junco, que para eso era un profesional como la copa de un pino, intentó recortarle con una media verónica y unos pases por delantales.

La media verónica le salió bien, muy apretada y cargando la suerte pero, al dar el primer delantal, el toro le arreó tal golpe en la chepa que El Junco empezó a desinflase como un globo cuando se le suelta inflado. El banderillero giraba, como una peonza mientras la chepa se vaciaba y se quedaba más tieso que el estoque.

Al Celso Sangrador Lechuga, alias Junco, por intercesión de Rita Hayworth ante San Cucufate obró el milagro de aliviarle de la jaula y quedó liso y terne como don Santiago Martín,  El Viti, el día de la alternativa. La banda, que se dio cuenta de la faena, se arrancó por Marcial eres el más grande y la peña Los Impresentables le hicieron socio de honor.

Oiga, Soria. Y a esto de inventarse historias no le hace daño en la cabeza.

Pues no, don Dimas. Pero aunque usted no lo crea luego hay lectores que creen que esto no es cierto, sino que yo lo invento. Pero le juro a usted -que ya sabe que yo solo miento cuando digo la verdad- que esto es cierto.

 

LO QUE DA DE SÍ UNA BACALADA…

bacalao

Cuando la Anselma Muñomer Nicolete llamó al padre Estanislao para administrar el viático a don Higinio Comín Cirujanos, quien ya no podía ni con el peso de su propio cadáver, no se imaginaba cómo se lo iba a tomar éste. La Anselma le dijo al cura que se trajera, al paso, lo preciso para casarlos en artículo mortis. El artículo mortis, como muy bien explicaría don Francisco Maganto, el abogado, es aquel en el de que uno de los contrayentes está en peligro de muerte o próximo a ella y, por su especial situación, la ley autoriza a omitir inicialmente determinadas formalidades exigidas, normalmente en las bodas. El padre Estanislao, que era el cura de la parroquia de la Anselma casó a esta con don Higinio y, a posteriori le administró el viático.

Los curas, como los secretarios de juzgado, hacen lo que les mandan, ¿verdad don Dimas?

Ya lo creo, don Matías. Bastante tienen con su ministerio como para enredarse en los de los demás.

Y tanto.

La bacalada seca de Portugal tiene cinco cortes, a saber: el lomo, las dos ijadas, la cola y el vientre. El resto se emplea para dar sabor a las patatas con bacalao. El lomo es para el pil-pil; las dos ijadas para la vizcaína y la cola y el vientre esta indicados para hacer tortilla, croquetas y otras sabrosas tapas. También, con cualquiera de las partes, se puede hacer el rico marmitako de bacalao.

Las ovejas y los corderos de Langa de Duero, en la provincia de Soria nunca tienen frío. Las ovejas y los corderos de Langa de Duero, en la provincia de Soria, se abrigan con su propia lana y con la proximidad de sus congéneres. También se abrigan con el propio viento que viene del Moncayo, con el trotecillo cansino de los perros que las mueven de un lado para el otro y, por qué no, con algún cantazo que el pastor arrea de vez en cuando.

La malvasía es una uva blanca –ahora también la hay tinta- que procede de Grecia o de Asia, vaya usted a saber. En un tonel de malvasía murió ahogado el duque Jorge de Clarence, hermano de Eduado IV, en la Torre de Londres. Ellos dicen en un butt de malmsey, claro pero es que no saben hablar como Dios manda. John Falstaff, aquel gordo festivo, cobardón, vanidoso y pendenciero de don Guillermo Shakespeare vendió, por un vaso de malvasía y el muslo gordo y lubricado en salsa pepitoria, su alma al diablo.

La Anselma Muñomer Nicolete, cuando el padre Estanislao la preguntó si quería como esposo a don Higinio Comín Cirujanos dijo que sí, que vale, que bueno. Que cómo no le iba a querer después de cuarenta años viviendo en pecado, como una mora porque él, el muy burro, no era partidario de gastar en el convite ni creía en la institución del matrimonio. El padre Estanislao le dijo que dijera solo que sí para abreviar pues el artículo mortis no prevé tiempos extra ni prórrogas, como el fútbol.

El frío en Langa de Duero, en la provincia de Soria, no es como el frío de Motrico, en la provincia de Guipúzcoa, que es húmedo y se te coge a los huesos, no. En Langa de Duero, en la provincia de Soria, el frío es seco, como en la estepa rusa y la cencellada y los hielos son de lo más común pero luego, como no hay mal que cien años dure, sale un sol brillante, límpido y cálido de lo más abrigador y sereno.

El bacalao de Portugal que ha traído don Dimas se lo sirvió, trozo a trozo, el Spirito Santo Vasconcelos Vilarelho, un portugués de Portimao, en El Algarve. Había que ver a don Dimas vigilando al Spirito Santo mientras –chás, chás- cortaba los trozos de bacalhao con la guillotina de mano. El Spirito Santo Vascancelos Vilarelho está casado con la Fátima Agostinho Farias que gasta bigote y es guía en el museo del azulejo manuelinho. Tienen siete meninos: el Agostinho, Aguinalda, Aldino, Amavel, Andreia, Apolinaria y el Assunçao, que es pelirrojo y les salió medio lelo. Cuando iban a empezas con la letra be la señora Fátima y el Spirito Santo se cortaron la coleta.

Los portugueses del sur de su país guardan las cenizas de sus muertos en cajas de dulce de membrillo de Puente Genil, España. Son cajas de lata, con una virgen o una flamenca de mantilla y abanico que dice La Andaluza, dulce de membrillo. Matías Jurado Arroyo, que es el propietario de la sociedad que enlata el membrillo.

Y esto, don Dimas ¿por qué lo explica tanto?

No, es por si algún lector confunde al dueño de la lata con el fabricante.

¡Ah, claro!

La Anselma Muñomer Nicolete mandó servir al padre Estanislao, una vez administrado el viático a don Higinio Comín Cirujanos y celebrada la boda en artículo mortis, una jícara de chocolate y más de media barra de pan frito. El padre Anselmo, cada vez que cogía un picatoste decía aquello de: este y no más, querida Anselma. Y lo hago por su felicidad, porque al fin ha casado usted con este cafre ateo y descreído.

Gracias, padre, le decía la Anselma. Ahora ya me puedo morir tranquila.

No, Anselma, si quien tiene que morir tranquilo ahora es don Higinio. Usted aún tiene que correr lo suyo. No sabía el cura cuánto de premonitorias tendrían, al cabo, estas palabras.

En Bielorrusia, más concretamente en la ciudad de Borisov, hay una fábrica de consoladores para atletas rusas. Los consoladores de Borisov son de tungsteno, silicio y manganeso y, puestos al aire de la taiga, refrescan lo suyo las partes internas. Al tungsteno también se le llama volframio o wolframio, sobre todo en El Burgo de Osma que son muy puntillosos con esto del idioma. Los consoladores que se fabrican en la ciudad de Borisov son sólo para atletas de lanzamiento: peso, martillo, disco y jabalina. Al resto de las atletas también se le facilitan consoladores pero comprados en el chino de la ciudad que son de plástico y, aunque de vez en cuando dan descargas eléctricas, son mucho más económicos que los de los lanzadores.

Pues vaya discriminación ¿no le parece?

No crea. No es lo mismo tirar un peso que saltar una valla.

Claro. También es verdad.

Para las corredoras y saltadoras los bielorrusos han encargado a Listerine unos supositorios que, una vez que son enguillos por su espacio natural y al tacto, hacen que las atletas corran como gacelas.

¡Qué tíos los bielorrusos! Y eso, claro, no da positivo en el analís.

Claro, claro.

Para sanar de la blenorragia se necesita cocer una matita de yerbabuena en un caldo corto de gallina. Luego se echan diez o doce mollejas de pollo, un par de zanahorias y media docena de huevos duros. Se tiñe una estameña ligera de algodón con el caldo de todo lo antedicho y se hace un escapulario que hay que llevar colgado desde el día de san Palemón, abad de la Tebaida hasta el día de santa María Dominica, fundadora de las Hijas de María Auxiliadora. Evidentemente mientras se lleva al cuello el escapulario no se puede ir a putas ni correr la maratón de Alcobendas, por mucho que el escapulario parezca un dorsal de maratoniano.

El Cristóbal Murriano es enterrador y acomodador del cine Chueca, en Madrid. El Cristobal Murriano  tuvo una vez un encontronazo con el Andrés Avelino, un alcarreño medio gigoló que usaba los palcos del cine como picadero.

Oiga usted, tío guarro. Súbase inmediatamente los pantalones y quítese usted ese sombrerito de fieltro verde que parece un tirolés cagando.

El Andrés Avelino, que tenía mucho mano con el encargado del cine y le pasaba, de vez en cuando, gratis al estadio Calderón, donde era acomodador, se encaró con el Cristóbal y se puso gallito. El acomodador se marchó ofendidísimo y, el Andrés Avelino, volvió a bajarse los pantalones y reanudar sus gimnasias.

A estos tíos chulos hay que sentarles las costuras, dijo el Andrés Avelino a su partenaire que continuaba tapándose la cara con el velo de la novena.

Diez minutos más tarde reapareció el Cristóbal Murriano armado, esta vez, con el extintor del ozonopino Ruy-Ram con el que roció a la pareja.

Ahí tenéis, marranos. Para ver si os seguís enguilando en mi palco.

¡Qué tío, qué manera de regar a la pareja con el ozonopino!

La Anselma Muñomer Nicolete, de acuerdo con el padre Estanislao contrató los servicios de seis plañideras y llamaron a velatorio a los amigos y compañeros del casino de don Higinio quien, estaba a punto de entregar la cuchara. En la habitación donde estaba el precadáver se agolpaban las lloronas profesionales y el resto de amigos que contaban sus chistes y chascarrillos primero en voz baja y, más tarde, a voz en cuello. El padre Estanislao, vestido de calle y con estola negra con letras griegas y latinas en dorado, echaba sus responsos y bendiciones. En una de estas don Higinio tosió como si fuera su último aliento y salió despedido, de su garganta, un hueso del costillar de un cordero que, por su tamaño, podría ser de cordero pascual. Un hueso, ya digo, que le pasó rozando al padre Estanislao y que fue a estrellarse contra la luna del armario ropero haciéndole una avería en el azogue. Don Estanislao se incorporó y miró para las plañideras que, en aquel momento, estaban en el punto álgido de su actuación. A continuación miró al padre Estanislao y a los compañeros del casino.

¡Pero este circo qué coño es!, dijo a voz en cuello

¿Usted sabe, don Dimas, cómo quedó anoche el Atlético de Madrid contra el Las Palmas de Gran Canaria?

Pues no señor. Cuando fui a verlo en el Telediario estaban echando un campeonato de niños cocinando.

¡Ah!, pues sí que lo siento. ¿Y el Córdoba contra el Alcorcón?

Ese tampoco me lo sé.

Bueno, no se preocupe.

En la línea que separa los campos de Segovia de Madrid, por el Guadarrama, se levanta la montaña que dicen La Mujer Muerta. A la cabeza se la conoce como el Pico de la Pinareja; al pecho como Peña del Oso y a los pies el pico de Pasapán. En las faldas y valles de la Mujer Muerta se dan muy bien los boletus de las tres clases; los níscalos y el champiñón silvestre. También otras setas, claro, pero como yo no las conozco me callo. A la altura de la rodilla derecha de la mujer muerta un vallecico lleva, como quien no quiere la cosa hasta Valsaín y, un poco más allá, hasta San Ildefonso, que antes se llamaba La Granja de San Ildefonso.

Buenas alubias en La Granja, ¿eh, Soria?

Ya lo creo. Que se lo digan a Fuentetaja, el de BioValsaín.

Ana Karenina, ya lo dejó escrito don León Tolstoi, recibía los jueves. El resto de la semana se dedicaba a pelar almendras para hacer garrapiñadas que, posteriormente y los días de feria, vendía en Alcalá de Henares. Lo sé porque Pepe Cabezuelo, mi buen amigo que va los jueves a Alcalá me lo contó.

Cuando don Higinio se enteró que estaba casado con la Anselma en artículo mortis se levantó de un salto y, cogiendo la cachaba de los domingos, la del pincho en el regatón, salió tras la viuda interruptus y el cura casamentero y no paró hasta que los espantó de los límites de la localidad. La Anselma corría como alma que lleva el diablo y, de vez en cuando, volvía la cabeza por si a don Higinio le había dado una apoplejía. Como no era así pedía al cura que hiciese lo posible ante el Altísimo para que se llevase a su reciente esposo a Su vera.

¡Será egoísta!

Ya lo creo.

El cuerpo de enfermeras de la Clínica de la Concepción, lo que queda de él, es sindicato dado a las locas aventuras de las jubiladas con furor interino. En Portugal, se conoce que ambientadas por el aroma salobre del bacalao, las enfermeras se vienen arriba y, remangadas las enaguas a la altura de lo que está permitido lucir si es que vas de Santurce a Bilbao, se entregan, como las novicias a don Juan en aquella relación de sesenta y dos conquistas. Ya sabe usted: A esto Don Juan se arrojó y escrito en este papel está cuanto consiguió, y lo que él aquí escribió mantenido está por él. Y el que tenga lo que hay que tener que se lo niegue al Tenorio.

Don Higinio, cuando acabó de correr tras su viuda y el párroco se metió en una taberna y se clavó, como quien no quiere la cosa, media botella de aguardiente y un par de raciones de patatas a la brava. Don Higinio, cuando terminó de almorzar se despojó de los pantalones y se calzó un tutú de color fucsia y bailó Cascanueces calzado de unas zapatillas de ballet, unos calcetines con liguero y el tutú y una camiseta que ponía Born in the USA. Cuando terminó el baile se dirigió hacia sus colegas, que estaban esperándole en la puerta principal del parque de El Retiro.

Pero se han dado ustedes cuenta, les dijo don Higinio ¡Casarme a mí cuando estaba en trance de muerte! ¿Qué le parece, a ustedes amigos míos? ¿Qué les parece a ustedes semejante deslealtad por parte del cura y de mi coima?

¿Oiga don Higinio y a qué se debe, si puede saberse, esa renuencia tan militante al sagrado sacramento del matrimonio?

Pues se debe a que, pese a estar reconocido como un contrato y una sociedad, esta es una sociedad limitada y no anónima, como debería de ser. La sociedad limitada, amigos, está obsoleta y es de ley abrirla a la sociedad en general a través de nuevas asociadas. Es un disparate hacer un contrato de por vida en el matrimonio. Si la sociedad fuese anónima, en lugar de limitada, en un momento dado uno podría ampliar la sociedad y admitir nuevas socias, dando de alta, incluso en la seguridad social, a estas. Habría esposa titular, suplente, ejecutiva y ecónoma, como tienen los moros. Esos sí que saben de qué hablan. Para los moros el matrimonio no es un contrato de compra, como el de los pisos, sino de inquilinato. Y meten en la casa a tantas inquilinas como le quepan ¿Qué le parece a usted don Dimas, que es persona sensata y decente?

Pues qué quiere usted que me parezca, don Higinio, que yo creo que tiene usted mucha razón pero yo no metería a ninguna en casa ya que hay mucha loca suelta por el mundo arriba. Eso es lo que hay… mucha loca suelta.