EL RAIMUNDO Y LA HERMINITA

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Hay mujeres, (también algunos hombres, no crean), que son como mantas. Están en la vida porque debe haber de todo. La Herminita, la esposa del Raimundo, por ejemplo, que se le marchó un mediodía con el pescadero es buena prueba de ello. El pescadero, un leonés de Astorga que al parecer, y según cuentan algunas clientas que estaban presentes en el momento de la fuga, esta se produjo cuando le gritó, y con aviesa intención, aquello de ¡cómo tengo hoy el besugo, señora! ¡A la gamba, a la gamba roja de Huelva!, y cosas por el estilo. Se conoce que el Raimundo, en su ensoñación, nunca había imaginado que a las señoras se las puede conquistar a voces y recitándolas la lista de la compra, o la delantera stuka del Sevilla, F.C.: Busto, Joaquín, Villalonga, Juanito Arza y Araujo.

La Herminita le dejó al Raimundo con los dos frutos de su matrimonio, (se conoce que para recuerdo amargo) el Raimundín, que se sobreponía muy bien a las privaciones, se conoce que iba para santero o para eremita de Soria, tierra que da muchos y buenos ayunadores. También le dejó a la Herminitina, que tenía mucho carácter y lloraba por todo. Dos frutos que, pese a su juventud, ya apuntaban maneras de poca madurez.

Esta va para cómica, madre, le decía el Raimundo a su madre, no sabe usted cómo actúa y qué plantas hace. Yo creo que valdría como intérprete de El milagro de Ana Sullivan.

A ver, a ver, decía la abuela. A ver si Dios, Nuestro Señor, quiere y nos quita de pobres casándola con un marqués o amontonándola con un industrial de Barcelona.

Ojalá, madre. Dios la oiga.

El Raimundo es bastonero, pero como ahora nadie gasta bastón y a los que lo llevan se lo presta la Seguridad Social, pues no traía mucho dinero a casa, esa es la verdad. La Herminita se lo decía siempre:

Raimundo, decía, lo mejor es que elijas otro oficio. Este oficio de bastonero se ha quedado obsoleto, como el de poner culos de enea a las sillas o el de lañador de orinales. Pero el Raimundo, que siempre fue muy suyo, no le hacía caso.

Luego que si las mujeres te dejan tirado, ¿verdad don Dimas?

Así es, don Matías. Pero no crea. Para mí que las señoras, con esto de la liberación femenina y con lo de la mujer trabajadora de mañana, ya no aguantan ni un pelo. Y hacen bien. Pero que muy requetebién.

A la Herminita, una vez que se le pasó la ilusión que da que le griten a una lo del besugo y la chirla, le empezaron a venir bascas con el olor al pescado. Luego, como se vio tres meses después no era por el olor a pescado sino por antojo.

Tira pa’llá, Tirso, le decía al pescatero que tenía nombre de literato. Tira pa’llá que echas un tufo a mejillón caduco que espanta.

¿Yo?, decía entonces el Tirso. ¿Yo a mejillón caduco? Oiga usted, tía tiquismiquis, -aquí la Herminita se ponía en jarras y al Tirso se le arrugaba el ombligo- Oiga usted, señora clienta, rebajaba el tono el Tirso, servidor de usted tiene el mejillón más fresco que en Villagarcía de Arosa. La Herminita, que no se lo creía, se largó con viento fresco y volvió con el Raimundo quien la recibió perdonando su marcha. A su suegra, la mamá del Raimundo, no le parecía bien pero, como así se libraba del Raimundo y de los frutos de la Herminita, pues tampoco se quejó mucho ni hizo lenguas de su vuelta.

Al cabo de tres meses tuvo la Herminita un nuevo fruto de su vientre, Jesús. El nuevo fruto pesó seis kilos y el Raimundo pensó que era muy hermoso para un tresmesino, pero no dijo nada por no molestar. De lo que sí se quejó, aunque tampoco mucho, es del color negro zaíno de la criatura.

A mí me parece, Herminita, que el niño es demasiado negro para moreno. No sé, no sé… yo creo que nos lo han cambiado en la maternidad.

Quía, qué nos lo van a cambiar… Eso será porque yo, mientras anduve con el Tirso, el pescadero, estuve mucho tiempo sacándole la tinta a los chipirones y a las sepias y eso, quieras que no, se pega. ¿Ves? ¿Ves, cariñito, lo que ha tenido una que sufrir para poder volver contigo?.

Eso sí. Y bien agradecido que estoy yo por ello.

Ves tonto… Si al final deberías estarme agradecido por haber vuelto y dejar ya de decir que el niño es negro. Para mí que eso es cosa de tu madre, que no me traga.

Bajo la ventana del piso de la Herminita y el Raimundo un grupo de gitanos, con su cabra Margarita y su escalera; con sus churumbeles que bailan zambras y tarantas y su gitana que pasa la pandereta, tocan al organillo y el acordeón el pasodoble Marcial eres el más grande. El Raimundo se mosquea cuando, al salir de casa, los gitanos hacen sonar clarines y timbales como si fuera el quinto de la tarde. El Raimundo, quizás sea por los años, se está haciendo muy gruñón y muy suspicaz.

EL MUNDO ANDA MANGA POR HOMBRO

 

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Desde que hemos olvidado las endechas y los serventesios, las quintillas y los alejandrinos el mundo va como descabalado y a su aire. ¿Verdad usted que sí, don Volusiano?

Ya lo creo, don Dimas. Ya lo creo. Por cierto, ¿dónde anda don Matías, que no se le ve mucho por estas páginas?

Está escabechado bacalao que le traje de Portugal y lomos de sardina con sal y aceite de oliva.

¿Y qué tiene que ver la métrica castellana con la marcha del mundo?

Pues todo, don Volusiano. Antes, hace apenas ochenta años, la gente era mucho más arrojada y tenía menos dengues y manías. Antes el café se hacía con malta y se le metía brasas de carbón para darle color y se rebozaban las croquetas con serrín de pino, que obstruía el sieso, claro, pero se apretaba un poco más y ya está. Sin tantas contemplaciones. No como ahora que hay harinas de fuerza, de garbanzo y hasta sin gluten. Eso sí, todo el mundo a quejarse de las subidas de los precios y a echarle la culpa al brexit y al Patoso Donald pero el pan, en lugar de hacer sopas de ajo, se emplea en rebozar albóndigas y hasta en hacer filetes de pollo en milanesa.

Es que ha subido todo, don Dimas

Claro. Ha subido la escarola, las bacaladillas; las bragas de punto, con y sin puntilla; la loción Floid; la fruta y hasta, por subir, ha subido sus tarifas la señora Pepita, la que coge los puntos a las medias en la mercería de la esquina.

Y usted que lo diga, don Dimas.

Según los testigos de Jehová el mundo empezó el mismo día en que el ABC se publicó en Barcelona.

¡Qué me dice…!

Lo que usted oye, don Volusiano. Se lo inventó un tal Charles Taze Rusell, en 1870, pero hasta el 1881, en que se publicó el primer número del ABC, no le puso bases a la cosa, o al menos no se conocía.

¿Y antes qué es lo que había?

Pues nada, claro. Como no había ABC pues no se sabía qué es lo que había. Se cree, eso sí, que la gente vivía como en los nacimientos: los unos pescando en un charco, los otros haciendo gachas y otros de vigilante jurado con lanza y capa en un castillo. Es lo que tiene el que no haya noticia escrita, que no se sabe cómo vivía la gente y hay que fiarse de las imágenes. Ahora sí que se sabe porque, según dicen los testigos de Jehová, los que entregan la cuchara reviven y comienzan su nueva vida con el contador a cero. En Ondárroa murió uno de ellos y, cuando le preguntaron a sus allegados por la resurrección contestó que había resucitado en Durango y que estaba de acomodador en el cine.

¿Y era cierto?

Pues no lo sé, la verdad. Como no me gusta el cine… Aunque me dijo don Asdrúbal, el de la gasolinera, que su hijo el Paquito, que ganó un concurso de yenka el domingo pasado, estuvo en el cine y que sí, que era el difunto pero que se conoce que resucitó sin memoria pues no le conoció.

Vaya, pues también son ganas de amolar, ¿no le parece, don Dimas? Digo eso de resucitar sin memoria.

Pues no crea. Si uno tenía deudas ayuda mucho eso de perder la memoria.

Claro eso sí.

¿Y los de Betanzos también resucitarán?

Yo creo que no. Yo creo que los de Betanzos saben hacer tortillas de patata, y también cocer bigaros y hasta hervir y freír berberechos, como doña Maru, la del molino, pero yo creo que lo que viene siendo resucitar, no resucitan.

Vaya, pues qué mala suerte, ¿verdad?

Ya lo creo.

Otro de los fallecidos resucitó en Javalí Nuevo, provincia de Murcia, y se dedicó a reparar los desportillados bordes de los orinales y las palanganas de las jofainas y aguamaniles antiguos del viejo reino. Se llamó, en su primera vida, don Elesbaán Torrego Bordas y, en su segunda vida, Tomasín Arlabán Magi, como las pastillas de hacer caldo. Su primera esposa, ahora viuda de Torrego, se casó sin saberlo con la hermana del Tomasín Arlaban Magi, la Esperancita Arlabán, convirtiéndose, sin quererlo, en cuñada de su difunto esposo.

¡Vaya tomate!

Ya lo creo. Es lo que tiene la reencarnación cercana, que da lugar a estos bochinches.

¿Y el juzgado y la iglesia no dijeron nada?

Pues no. El juzgado y la iglesia, ahora que se respetan todas las creencias y las religiones, no dicen nada. Si esto pasa en tiempos del cardenal Munilla ¡Dios la que se habría armado!

El mundo, don Volusiano, anda muy revuelto porque la gente juega a confundir y no tienen espíritu deportivo. Los unos quieren ser unas; los otros juegan a ser independientes de los unos; los muertos quieren resucitar y olvidar las deudas y, los más, sueñan con ser diputados o senadores y estar exentos de honorabilidad y decencia, como si fueran infantes de España o vicepresidentes del gobierno.

O presidentes de comunidades autónomas.

Ahí le ha dado, don Volusiano. Ahí le ha dado…

Y EL PIAMONTE CAE POR GALICIA

Cuando en una casa se sabe recibir, cuando en una casa se sabe hacer de comer, cuando en una casa se sabe saciar la sed desmesurada de sus invitados, cuando se consigue una tertulia como la de ayer se está, sobre poco más o menos, en las mismas puertas de Paraíso. Y el paraíso, señores, está ahí mismo, antes de cruzar Navacerrada, en el mismo Guadarrama.

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El menú, que los señores Outeiriño-Billotti nos ofrecieron, tras un antipasto exquisito: vitello tonnato (unos canapés de finísima carne de ternera con salsa de anchoa y atún), torreznos de lacón gallego, queso batido con mermelada de moras, etc. Después, y ya en una mesa perfectamente adornada y servida. Una mesa que daba gusto de verla, tomamos una crema de boletus y setas –champiñon, chantarellas y cebolla caramelizada- que estaba perfectamente ligada.

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Y, coronando todo ello, un pollo guisado y acompañado de una polenta gloriosa. Un pollo criado en San Andrés de Teixeido, aquel lugar en el que va de muerto, quien no fue de vivo. A las faldas de la sierra de Capelada y asomado a los acantilados de la mar de Cedeira.

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Un pollo alimentado por todas aquellas cosas que comen los pollos y que hace que sus carnes, además de blandas, sean compactas y tengan la edad que debe de tener un pollo para su consumo. De postre una exquisita crema de chocolates y frambuesas frescas y en su perfecto punto de acidez, y luego, tras los cafés, el riquísimo licor de abruños, de cerezas y hasta de café para quien lo quiso.

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Al llegar la noche y la poquita de nieve que cayó para recordarnos que estamos en febrerillo el loco, cada mochuelo volvió a su olivo y, ya instalados en él, recordamos todos y cada uno de los minutos tan agradables  que hemos pasado y, en lo más hondo de nuestro corazoncito pensamos que qué bien, que qué agradable y cuánto le debemos a aquella loca de Güeñes que, en otros tiempos, nos engañó y nos embarcó en un proyecto falso pero que, gracias a él, podemos contar con tan buenos y entrañables amigos.

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Muchas gracias Billotti, Maru, Cari y Carmello. Muchas gracias a los cuatro por ser como sois.

UN DÍA EN FRESNEDILLAS

 

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Hoy hemos cogido el coche y hemos aprovechado el descanso que, entre ciclogénesis y ciclogénesis, nos ha permitido disfrutar de un día frío, pero soleado, y nos hemos marchado a Fresnedillas de la Oliva, aquel Fresnedillas que cumplió un papel esencial en el Programa Apolo de la NASA y que permitió hablar a los primeros astronautas que llegaron a la Luna en el Apolo 11. Aquella Fresnedillas en las que se construyó una estación que, junto a la de Camberra, en Australia y a la de California, en los Estados Unidos permitieron dividir en tres husos y posibilitar la conexión constante con las naves estuvieran donde estuvieran en su rotar a la Tierra y a la Luna.

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No hemos ido, pese al Museo Lunar que alberga el pueblo, a ver nada extraterrestre sino las pinturas de Elena Parlange, la Basky de la sierra de Madrid. En Fresnedillas Elena ha pintado, sobre casas abandonadas a personajes que asoman sus cabezas por ventanas, puertas, verjas… Son escenas de la vida cotidiana del pueblo, de un pueblo que quiere mantener viva su memoria y sus recuerdos infantiles.

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La idea (a ver si aprenden ciertos alcaldes) patrocinada por el Ayuntamiento nace del empeño del anterior regidor, D. Antonio Reguilón, para recuperar algunas casas abandonadas, ruinosas, de las que sólo quedaba en pie la fachada y poco más. Eso sí, unas magnificas fachadas de piedra que sirven de soporte para, a través de la pintura, echar la vista atrás y recordar la vida a pie de calle de sus habitantes.

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Elena Parlange, que estudió Bellas Artes y trabajó durante años como diseñadora gráfica en varias publicaciones, encontró una convocatoria del INEM, que le permitiría involucrarse en esta aventura. Gracias a ella, se convirtió en una “intrusa” que “invadió” esas casas abandonadas que, muy pronto, empezaron a susurrarle vivencias del pasado.

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Elena convierte en un trampantojo estas casas muertas, ahora con vida terminando, como colofón, un mural de 12 metros donde recrea la Fiesta de la Vaquilla, una mascarada que recorre las calles del pueblo y cuyos orígenes se remontan a la época prerrománica y que se celebra el 20 de enero, festividad de San Sebastián.

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Si usted tiene un rato no dude en visitar este bello pueblo. Eso sí, yo le recomiendo que lo haga en día de labor. Ya, ya… ya sé que usted trabaja y no está jubilado, pero verá que es mucho más gratificante y divertido.

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EL DANÉS ASLOG ANDERSEN, EREMITA

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Junto al río Tajuña, en el término de Perales, vive un danés al aire libre. Algunos dicen que si es masón; otros que no, que masón no es, que lo que es es un eremita que se alimenta de hierbas y frutos de la zarzamora y que se pasa el día haciendo gimnasia sueca. Los más dicen que está loco, que es aseveración muy socorrida cuando no se sabe nada del asunto. El danés se llama  Aslog Andersen y pinta cantos del río y hace flautas con las cañas secas y collares con los juncos. Luego, cuando el mercado medieval, lo vende en la plaza. Al Aslog Andersen le preocupa mucho su alimentación.

En el purgatorio está prohibido meter alimentos, dice. Según san Mateo hay un cartel a la entrada que dice: prohibido meter alimentos y cantar, aunque sea bien.

Hombre Aslog, y eso ¿cómo lo sabe usted?

Eso lo dice la Biblia, don Dimas. Ya sé que usted no es muy de leer la Biblia pero de hacerlo vería usted cómo disfrutaba con ella.

Ya lo intenté, no crea. Pero me costaba mucho aprender los personajes. Más de la mitad de la Biblia se va en explicar las familias y los personajes.

Sí, dijo el Aslog. Eso es cierto.

Y el purgatorio, Aslog, ¿hacia dónde queda?

Pues está entre Tielmes y Carabaña. Después de un canchal que hay junto a la vía del tren.

¡Anda!, pero si está aquí mismo.

¿Y el limbo?

El limbo queda más lejos, pasando Ambite, y ya metidos en Guadalajara.

El Aslog Andersen tiene amores con la Ermitas, una gitana de Villaconejos que fue iza en el Cerro de la Plata, de Madrid. A la Ermitas, por aquellos tiempos, la decían Reintegro porque devolvía el dinero a los hombres si ella quedaba satisfecha. Al parecer, y como en la lotería, tres de cada diez recibían el reintegro.

Hay gentes que, de puro buena, merecerían entrar en el santoral, ¿verdad, don Matías?

Ya lo creo.

¿Y el infierno, Aslog. Dónde queda el infierno?

En Parla. Nada más pasar el desguace de coches.

Claro, claro.

A la señorita Jovita Hernangómez Conejo le pareció que el título de Miss Simpatía no era suficiente y que ella, que era la más mona, merecía el de Miss Piscina. La señorita Jovita Hernangómez Conejo dio a entender que la señorita Aurelita Torres de la Alameda tenía algo más que amistad con don Senén Grijota, el presidente del casino y así lo expuso públicamente en el momento de entregarla la banda. Don Senén, visiblemente nervioso se dirigió a la señorita Aurelita y le dijo, dice:

¿Verdad que no es cierto, churri?

No, amor, le dijo la Aurelita, que sí que estaba como un tiro, pero que era algo monguis.

Y aquello fue el acabose. Los mozos –siempre empiezan las guerras civiles los mozos tras un calentón- se abalanzaron contra el jurado y echaron a la piscina al don Senén quien, pese a ser presidente de honor del club náutico de Perales de Tajuña, no sabía nadar.

¡Que se ahoga!, gritaban unos

¡Que nos cierra el juez la piscina si se ahoga!, decían otros.

¡El móvil!, gritaba la señorita Aurelita, la Miss, que lleva mi móvil en su bolsillo.

¡Dejadle y que se joda!, gritaba Miss Simpatía, aún dolida por el tongo.

Será el tanga, dice don Dimas que le aprieta.

No, el tongo, don Dimas, le aclara don Matías. Que es que estaban conchabados.

¡Pero qué me dice…! Y luego dicen de Jordi Pujol.

Al final el Restituto Virumbrales, que sacó el carné de socorrista en la Cruz Roja de Arganda, se hizo con un bichero y logró sacar al don Senén de la piscina sin más daño que un empanzamiento de agua.

La señorita Aurelita Torres de la Alameda quería hacerle el boca a boca lo que, añadido al escándalo de la denuncia de Miss Simpatía, no contribuyó, precisamente, a apaciguar los ánimos.

El Aslog Andersen, el danés, ajeno a todo lo que estaba pasando en la piscina siguió con la rebusca de cantos gordos, cantos rodados y modelados con el agua. Algunos, los pintaba como si fuera un perrillo, otros como un pez panzudo y de vivos colores y otros, ¿por qué no? como si fueran la Ermitas, la Reintegro, practicando sus artes amatorias.

¿Y el cielo, Aslog? ¿Dónde está el cielo?

¿Y tú me lo preguntas, Miss Simpatía? El cielo eres tú.

A Miss Simpatía se le cayeron los palos del sombrajo y, enamorada, le dijo que sí, que olé tu cuerpo serrano y se unió a él en su industria de la pintura de piedra y compartieron todas las moras y los tapaculos del río y se pusieron como el Tenazas de comer hierbas y de hacer gimnasia sueca.

Uno, dos. Manos arriba, culo para afuera. Ese pecho Jovita.

¿Qué pasa como mi pecho?

Eso digo yo, ¿qué pasa con tu pecho?

Y colorín colorado que este post se ha terminado. Y si no comieron perdices fue por aquello de ser vegetarianos, pero sí que lo hicieron con unas corujas y unos berros que estaban de chuparse los dedos.

LA MEJOR SOMBRA DEL MONTE

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La mejor tierra para descansar es aquella en la que da sombra el castaño y el haya. Bajo la sombra del castaño y del haya discurren, siempre, los más frescos y claros arroyos de agua. Crecen los grosellos y el aromático laurel y pían los pájaros más canoros y entretenedores. Bajo la sombra del castaño y del haya nunca se guarece ni la picaraza choriza ni la abubilla apestosa; no. Bajo la sombra del castaño y del haya descansan y cantan los ruiseñores, los jilgueros y los mirlos que saben silbar polkas y valses de lo Strauss. Bajo las sombras frescas y reponedoras del castaño y del haya crecen los más gordos y apetitosos hongos y los frescos y picantes berros de ensalada. Esos berros que, con anchoa en salazón y queso Feta están de muerte.

Dice don Camilo, el de los tres premios, en su libro Madera de boj, que quien encuentre el tesoro de la reina Lupa, la céltica señora de las tierras del fin del mundo, será el más rico de todos los demás gallegos juntos. Igual lo encontró Amancio Ortega y el tesoro no era sino los patrones de los vestidos y jerseys de Zara. Esto de la riqueza y su primo hermano el poder son cosas muy confundidoras y desequilibrantes.

En el Uruguay no deben darse los drogueros ni los merceros. ¿Usted, don Dimas, conoce a algún droguero o a algún mercero uruguayo?

Pues no señor. Ahora que lo dice no conozco a ninguno.

Es que, según dejó dicho don Federico Nietzsche por el Uruguay, como hay otro uso horario, no se dan ni los drogueros ni los merceros. Tampoco los sexadores de pollos. Si que se dan, ya ve usted, los psicólogos y los delanteros centro. También hay uruguayos pesados y redichos que se pasan el día chupando hierba mate como locos y asando tiras de carne y hasta chorizos criollos.

Oiga, don Matías, ¿y esto qué tiene que ver con lo anterior?

Pues nada, la verdad, pero es que he parado para tomar un vasito de vino y un pincho de sardinillas en aceite, que tenía algo de hambre y he perdido el hilo.

¡Ah!, usted perdone. ¿Qué hilo?

El de Ariadna.

¡Ah, sí, es cierto! Siga, por favor.

Gracias

Yo nunca me baño en la mar o en el río. Tampoco en la piscina. Yo solo me baño en la bañera de mi casa y antes de desayunar y guardando las dos horas de la digestión. En la mar hay algas. Las algas son como culebras que ahorcan a los hombres por los pies y terminan matándolos tras picar su veneno en las ingles desnudas del incauto. Un hombre al que las algas cojan del tobillo está perdido. Su muerte por ahogamiento y envenenamiento es segura. Luego, el señor juez, al levantar el cadáver se vuelve loco buscando las causas. Si los jueces, en lugar de aplicar el reglamento estuviesen más atentos a lo que cuenta la afición, otro gallo nos cantaría a todos. En los ríos pasa otro tanto con el cieno y las sanguijuelas y te acaban sacando la sangre de las venas a chupetones. En las piscinas no se ahoga nadie ni por ahorcamiento de los pies ni por envenenamiento de las culebras y las sanguijuelas pero está llena de orines de los demás. En las piscinas la gente se ahoga de asco.

El cocinero guipuzcoano Martín Belaústegui es muy pérfido y malicioso con las carioquillas. A las carioquillas, en algunos sitios, las llaman pijotas. El cocinero guipuzcoano Martín Belaústegui fríe las carioquillas, sin ningún tipo de consideración, poniéndolas con la cola mordida. ¿Al cocinero Martín Balaústegui le gustaría que le friese a él, como a san Lorenzo, en una sartén de aceite hirviendo y mordiéndose la cola… A que no? Pues eso; que debería ponerse en el lugar de las carioquillas, pero no. La gente es muy desconsiderada y malévola. Y muy poco ecologista y sí muy partidaria de la higiene dental y de las prótesis peneanas.

Doña Higinia de la Puerta es muy higiénica y sana. A doña Higinia de la Puerta nunca, jamás, la han tenido que poner una irrigación. Ella va muy bien del vientre y, cada día, nada más levantarse, se sienta en el güater y, mientras silba La Madelón suelta el vientre. ¡Quien pudiera!

¿Y nunca cambia de canción?

Sí, cuando va suelta silba Mis manos en tu cintura, pero en francés, no en español. Silbar en francés no es fácil. En España, además de doña Isabel Sanz, no hay más de dos personas, y las tres son señoras, que el francés es idioma de madamas y monsieurs un poco tutifruti, que sepan hacerlo con soltura y medido ritmo.

La gente gasta por gastar. Nos hemos acostumbrado a no hacer caso a nuestros mayores, que eran mucho más ahorradores que nosotros y así nos va. Yo, por ejemplo, no he gastado en mi vida en despertador. Siempre le rezo un Avemaría y dos Salves, en latín, claro, a la Santa Compaña y no necesito despertador. Cuando la Telefónica se enteró de esto retiró de los teléfonos el servicio de despertador.

¡Anda, es verdad! Ya no hay servicio de despertado.

Claro, ¿quién lo va a utilizar con lo que cuesta si lo de la Santa Compaña es gratis?

Pues también es verdad

Los zurdos no valen para cargar camiones llenos de frigoríficos. Sí que valen para cargar camiones de cocinas eléctricas y aún de gas, pero no de frigoríficos. Si un zurdo quiere cargar un camión con la nevera cogida con la mano izquierda la nevera se abre y se arrea él mismo con la puerta en la cara. Los zurdos, cuando tengan que cargar neveras, lo mejor que se pueden hacer con ellos las empresas de transportes es subirlos al camión y que vayan colocándolas dentro de la caja del camión.

Oiga, don Dimas, a usted no le parece que el post de hoy va algo revuelto.

¿Por…?

No sé, me parece a mí.

Pues no. Nada de eso.

El mejor vino del mundo dejando de lado el de El Bierzo, que es punto y aparte, se hace en el centro de España. En Méntrida, en Colmenar de Oreja y hasta en Cebreros ¡Menudo vino hay en Cebreros! Para mí que es el mejor de la Rioja

Pero si Cebreros es de Ávila.

Pues por eso lo decía, Cebreros pertenece a  la Rioja Avilesa que es la Rioja Alta. La otra Rioja, la Baja, es la Rioja Riojana. En Cebreros, por si usted no lo sabía, abortó una tarde, mientras iba camino de Tordesillas, la reina Isabel la Católica, la que montaba tanto como su esposo. Para mí tengo que abortó por el adoquinado. Parece que no pero tanto traqueteo no podía ser bueno para la criatura.

¿Y la Ribera del Duero?

La Ribera del Duero no es un vino. Es una hermana de Paquirri que nació en Soria, cerca de El Burgo de Osma, el pueblo de Aldea.

¡Ah!, yo penseé…

Pues no piense. En Cebreros han traído, el otro día lo decía la prensa, un montón de emigrantes de pelo blanco. Al parecer eran como los que cantaba Mecano albinos medio hijos de la luna.

¿Albinos y emigrantes?

Si. Albinos Kosovares, decía el periódico

¿Y no sería Albano Kosovares?

No hombre, no. El Albano; el de la Romina Power, es italiano y no kosovar. Además, ahora debe de estar divorciado. Fíjese, ¡quién nos lo iba a decir!, ¿verdad?, y con lo empalagosos que parecían en el televisor.

 

EL SOPLADOR DE VIDRIO

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Los hombres blancos que han sido buenos en su vida y han sido humildes y generosos van al cielo. Pero van al cielo de los blancos, que está en la Vía Láctea, que para eso es del color de la leche. Los negros no. Los negros, aunque hayan sido humildes y generosos van al cielo también, pero van a un agujero negro del cielo infinito. Para eso son negros, claro.

¿Y los chinos y los aceitunados?

Los chinos y los aceitunados no van al cielo porque no tienen alma. Confucio y Corazón Aquino nunca dejaron escrito que tuvieran alma. A los chinos y a los aceitunados nunca les llegó un duro del Domund porque se gastaba siempre con los negritos, que tenían muchas más necesidades que ellos y claro, no se convirtieron a tiempo. Además los chinos eran seguidores de Mao que era comunista.

Claro, claro.

Una mañana, de hace ya varios años, aparecieron en el pueblo tres hermanos que habían nacido en Eslovaquia. Entonces, Chequia y Eslovaquia eran como las ofertas y daban dos por una: Checoslovaquia. Los tres hermanos se llamaban Molnár y eran, como ya se dijo tres, como las Marías: el Alojz, el Bohusalav y el Dalimin que era el menor de los tres. El Alojz, que era el mayor, sabía tocar la tuba y el cuerno alpino y era tranviario en Bratislava. Después, y por la proximidad a Alemania, salía a tomar cervezas y licor de guindas por las calles vestido de bávaro, con su pantalón corto de peto, medias de lana y un chapiri verde con una pluma de ánade. Cuando llegó al pueblo así vestido los niños le tiraban cantos y hasta cagarrutas de burro. El mediano, el Bohusalav soplaba el vidrio en las montañas de Lusatia, en Baviera. Como en el pueblo no hay vidrio se dedicó a poner lañas a los lebrillos y a reparar varillas de los paraguas. El Dalimin, por eso de ser el pequeño, no hacía nada. Era más vago que la chaqueta de un guardia. El Dalimin, como ni sabía ni quería hacer nada, se apuntó en el ayuntamiento y cobraba la renta básica y hasta le dieron un apartamento y un vale para comer todos los días en la casa de comidas de la Eufrasia.

Claro, como los eslovacos no son ni chinos ni aceitunados les dan la renta y las ayudas que quieran, ¿verdad?

Naturalmente.

También tenemos, en mi pueblo, un dinamarqués; bueno en realidad es estonio pero vino de Dinamarca y es luterano por la gracia de Dios. Los luteranos, a pesar de que son blancos, si han sido buenos en su vida y humildes y generosos tampoco van al cielo. Por ateos y por descreídos. ¡Que se jodan! Van al cielo, eso sí, pero al cielo de los luteranos que ni está en la Vía Láctea ni en los agujeros negros del espacio.

Entonces, don Dimas ¿dónde está el cielo de los luteranos estonios?

En Móstoles. Que ahí cabe de todo. Al lado del Ikea y del Decathlon; a la altura de Loranca.

A los dinamarqueses y a los finlandeses les gusta estar en público en pelota picada sudando como viudas gordas en Benidorm, dentro de la sauna. A los finlandeses y los dinamarqueses les gusta arrearse estopa con un ramo de hojas de abedul.

Una tarde en que el dinamarqués de mi pueblo estaba sudando en la sauna el Dalimin, el eslovaco, le cambió el ramo de abedul por un ramillete de ortigas. ¡Qué cabrón el Dalimin, cómo le dejó la espalda al eslovaco! Nos estuvimos riendo una semana seguida… ¡Y cómo brincaba!

El Alojz una tarde se suicidó tirándose de lo alto del campanario, como si fuera la cabra de Manganeses de la Polvorosa. Cuando cayó y se desparramó por la plaza avisaron a los hermanos que no podían creérselo.

¿Pero el Alojz? ¡Qué raro…! Si tenía vértigo, cómo se va a tirar desde ahí arriba.

Pues ya ve usted, le dijo el Argimiro, el camarero, que levantó el cadáver cuando vino el señor juez con la espátula de volver los sándwiches de la cafetería.

El Dalimin se metió novillero de reses bravas y se anunció, para tomar la alternativa, el día de santa Margarita María de Alacoque, virgen. El Dalimin pidió por adelantado la mitad de la soldada y un adelanto para alquilar el traje en la capital. El Dalimin, como era de prever, no apareció ni el día de santa Margarita María de Alacoque ni el día del Pilar, y eso que era fiesta nacional. Al Dalimin, según contó una vez un corredor de berenjenas de Almagro, murió al caer de un caballo de tiovivo escapando de la guardia civil que montaban un cerdito. Era de prever, siempre anduvo galopando sobre la línea roja del calabozo.

¡Oh!, qué poético…

El Bohusalav, el que ponía lañas a los lebrillos y varillas a los paraguas fue el único normal. Se casó con una gitana que venía con una familia medio titiritera y una cabra que subía la escalera. La niña pasaba la pandereta mientras el padre tocaba Paquito el chocolatero haciendo sonar el sobaco con el hueco de una mano. Hay gente que, si le diera usted un instrumento musical, podría llegar a Mozart o más allá. El gitano era uno de ellos. ¡Qué manera de afinar el tío!

Al Bohusalav le enseñó el gitano a mover a gran velocidad los cubiletes del trile y a poner regatones y estoques a los paraguas. El Bohusalav se casó por el rito gitano con la Meregilda, la gitana que, en realidad se llamaba Hermenegilda pero que, en caló, se decía Meregilda. Lo que más le costó fue arrancarse la camisa, como Camarón. Al Bohusalav le costaba entender que las costumbres, en cada país, son distintas. Él quería que la Meregilda se llamase Bohusalava. El abuelo del clan, como es fácil de entender, se negó en rotundo.

¿La niña llamarse mushas bragas? No se lo cree ni usted.

No, no… Bohusa-lava. No muchas bragas

Ah, no… La niña no se lava. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Pero qué se habrán creído el húngaro este. Perder la niña la oló a muhé

Déjelo, atinó a decir el eslovaco. No nos vamos a entender

Mejor asín, payo

Después de seis años de matrimonio la niña Meregilda se marchó del pueblo porque echaba en falta la vida en el camino. Ya lo dijo don Antonio, el poeta de Soria, que se hace camino al andar, pero como no se hace, desde luego, es sin salir del pueblo. Cuando la Meregilda se fue del pueblo al Bahusalav se le vino el mundo encima y se marchó a su tierra donde, mediante el programa Erasmus, sacó un máster de proxeneta que le servía para ejercer en toda la Unión Europea. Ha abierto un puticlub en Lovaina, Bélgica, que se llama Jelou Kitty y que ha llenado de chicas con burka. El nombre no parecía muy apropiado, según le dijo su head hunter, pero él sabía que, ese nombre y esos atavíos, se aseguraba una parroquia muy particular. Y así fue hasta que los okupas y los skaters asaltaron una noche el club y se lo apropiaron. Ahora está de nuevo en Lusatia soplando vasos de cristal y se le han puesto unos labios que parece a Cayetana echando besos a Curro Romero en la corrida del domingo en la Feria.

¿Y ahora, don Dimas, ya no les quedan más extranjeros en el pueblo?

Pues no, la verdad. Ahora sólo nos queda uno que es marino y de El Burgo de Osma. No es extranjero pero mire usted, con lo que ha zascandileado océano arriba y abajo, es como si fuera de Bosnia Hezergovina.