UNA MAÑANA EN MADRID

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Doña Conmemoriación de Todos los Fieles Difuntos Martínez Reglero tiene nombre de homenaje al dios Tanatos y apellido materno de galleta surtida. Los hay para todos los gustos. En cambio doña Regla Alcantarilla Caravaca tiene nombre de semana amarga y apellidos poco agraciados aunque de cierto fuste histórico. En esto de la onomástica, en general y la antroponimia, en particular o, lo que viene siendo todo lo relativo a la lexicología es ciencia -que no maña- variada y difícil de manejar. Uno ha conocido, aunque solo se a de oídas, a Consuelo de los Mozos por las Tierras Altas sorianas y a Sebastiana Ala Madrid, de Arenas de San Pedro, en el campo de Gredos. También conoció, en la mojonera de Valladolid y Zamora una Pamparacuatro Seco y otra, esta en Cataluña, Joda Mas que, por si era poco, era viuda de Borrego. No conocí, en cambio, aunque sí que leí, de una dama llamada doña Impresión de las Llagas de San Francisco, tía segunda, que fue, de don Camilo, el de los tres premios…

Oiga don Dimas, me imagino que no nos dará hoy una turrada de esas que a usted tanto le gustan ¿no?

No, hombre. Tranquilo. Esto era, tan solo una introducción para contextualizar lo que viene a continuación.

¡Ah, bueno! Siga, por favor.

Pues verá usted; resulta que, como ya les advertÍ, hoy tenía que sacarme sangre en el ambulatorio -yo diría dispensario, que es más castellano o, ya puestos, deambulatorio, ya que nadie se queda allí a vivir- y, como no quería que el resultado me diese negativo -solo admito negativos en la Renta- me propuse hacer la huelga del hambre y de la sed, por un día.

¿Solo un día?

¡Pero qué día, don Dimas! Se me ha hecho de largo…

El caso es que, una vez sacada la sangre y otros fluidos que no vienen a cuento relatar, voy a desayunarme de forma cumplida y desaforada. Luego, por eso de que ya llevo en Madrid tres días y me empieza a desquiciar la urbe y sus urbanitas, me marcho al centro de la capital para tomar el vermú y comer fuera para así recomponer las lorzas que ayer quedaron marchitas. Madrid, como es tiempo de Isidros, esta plagadito de ellos, oiga. Para mí que les ha pasado a los del ayuntamiento como a los de Cabárceno solo que, en lugar de escapárseles el oso y los ciervos, a Manoli Carmena se le han escapado una buena parte de estos Isidros.

Pero… ¿no estarían mejor en las ventas del Batán viendo los toros de la feria o en la verbena, entrando en el túnel de la bruja o subidos al güitoma? ¿Qué afán tienen con el deambular por la Puerta del Sol y la Gran Vía. Además, parecen todos japoneses creciditos. Oiga, ¡qué manía de querer retratar todo lo que se mueve con el teléfono!.

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He ido al museo Thyssen por ver una exposición de baúles y bolsos de Louis Vuiton que me ha parecido el culmen del lujo y el desenfreno. Estaba llenito de venezolanos, algún otro caribeño de distintos países y mucho japonés. He salido a escape, claro.

Luego he ido a tomar el vermú en un sitio castizo, típico y madrileño a más no poder. Afortunadamente los neojaponeses, se conoce que como no lo pueden retratar, no lo visitan. El templo del vermú se llama La Dolores y está frente a Jesús de Medinaceli que hoy, como buen viernes, estaba lleno de fieles. Además de un vermú antiguo (el vermú de Madrid, dice la botella) sirven unas bandejas de canapés y unos boquerones en vinagre que levantan la parpusa (perdón por el tipismo pero estamos en fiestas).

De allí hemos ido a comer a La Sanabresa, el mejor restorán en función del precio, claro, de todo Madrid. ¡Qué berenjenas fritas!, ¡qué pimientos asados con atún!, ¡y qué casquería: mollejas, hígado encebollado, sesos fritos, manitas de cordero, riñones al jeréz…! Al fondo hay sitio oiga

Para rematar, y por aquello de compensar el precio barato con copa cara nos hemos metido a tomar un café y un gin al Gran Hotel Inglés, en la calle de Echegaray. El hotel es el más antiguo y más coul (no sé bien lo que significa coul pero los japoneses del telefonillo lo dicen) de Madrid. Los cafés a siete euros, los gintonics a diecisiete… Es tres veces más caro que en otros sitios pero están cien veces mejor que todos ellos. ¿Resulta caro? Pues, como ya dije antes, relación calidad-precio…

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Al salir, y en la fachada de un restorán malagueño que es famoso por que rifan los platos según van saliendo, colgaba un cartel que adornaba sus ventanales: Se necesita camarero andaluz con experiencia. Yo creo, y ahora me lo explico, que el corte de Isidros que puebla la ciudad debe de ser andaluces que han venido a echar el currículo, si no no lo entiendo.

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Para rematar la tarde he cogido el autobús -que casi me coge él a mí- y he disfrutado de la nueva atracción de este Madrid en fiestas con que nos obsequia la EMT: el conductor loco: dos veces ha abandonado su puesto para preguntarnos, uno a uno, si llevábamos buena temperatura y si iba todo bien; ha cargado contra un coche en plena castellana, ha atropellado un balón suelto -cerca del Bernabéu, todo hay que decirlo- y se ha bajado, abandonando nuevamente su puesto, cerca de media docena de veces para comprobar si había estallado un neumático. Para recuperar el tiempo perdido nos ha hecho todo el recorrido a velocidad de rally y, cuando por fin llegué a casa, no pude por menos que imitar a Juan Pablo II y besar el suelo.

Hay días, y por San Isidro más, que donde mejor se está es en Langa, que no pasan trenes conducidos por un orate preocupado por si todo va bien.

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Una respuesta a “UNA MAÑANA EN MADRID

  1. La Aguela

    Vamos,,,,,,, dehubicado.