DON SIXTO, EL DE LOS TANGOS

 

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Don Sixto Alpechín-García de la Riva, con guión entre Alpechín y García que hace mucho más elegante -¡dónde va a parar!- ya no desayuna por las mañanas. No, no. Don Sixto Alpechín-García de la Riva, con guión, preposición y artículo -¡Jesús!, cuanto despliegue y rumbo se gasta don Sixto- en lugar de desayunar toma, que no come, le petit déjeuner, con su nuez de mantequilla bretona, su mermelada de framboise y su media baguette. Don Sixto Alpechín-García de la Riva (ese guión oiga) después de petitarse el déjeuner (en España, como se desayuna, se dice desayunarse) se estira en la silla, se saca el cerúmen de la oreja con la uña del dedo meñique y mira hacia los demás comensales que, ¡vaya por Dios!, en lugar de tomar le petit déjeuner comen torreznos y montaditos y aún bocadillos de panceta, con su entreverado de jamón entre el tocino y beben tinto con gaseosa y aceitunas verdes con un hueso que, sin ningún miramiento, escupen hacia la taza vacía del café de la mesa más cercana.
Don Sixto Alpechín-García de la Riva, sí, sí, con guión, se escandaliza cuando ve a algún patán escupir los huesos de aceituna. Don Sixto, que estudió en los Hermanos Maristas, cuando come aceitunas con hueso, deja el hueso sobre el hule, y bajo el platillo, para que no se vean. Es que, dice, la educación siempre ha sido la asignatura pendiente de este país que aún es tierra de infieles.
Don Sixto, el del guión en el apellido, (y el de la preposición y el artículo determinante actualizador) fue, en su juventud, maquillador de cadáveres en la funeraria de su tío don Jacinto. La funeraria se llamó, mientras vivió don Jacinto a cuerpo de rey -y que más tarde devino en puticlub- El Crepúsculo y, ya se dijo, al cerrarse y montar el puticlub se llamó Enagua’s Club nombre  y, como apellido, dancing in the night. Todo ello muy britanizado que, así a lo tonto, disimulaba bastante salvo, claro, por las luces rojas de ambos lados del portal.
Don Sixto Alpechín-García de la Riva, el guión, la proposición, etc. se acostumbró dada la envarada rigidez y el silencio que presentaban sus clientes a hablar solo, que es como dice don Antonio, el maestro, que hablan quienes quieren hablar a Dios un día. El caso es que, de hablar y rimar como un rapero se dedico a escribir letras tangueras.
No me diga…
Claro que le digo. Verá usted, don Sixto, el del guión, escribió letras de lo más enjundiosas y arrabaleras. Incluso, algunas, usando el lumfardo, lengua bonaerense con la que se han escrito los más conspicuos tangos argentinos.
Don Sixto…
Ese guión, oiga.
Ya va, ya va… Don Sixto, el del guión, llevó una tarde a doña Judith, una francesa de Lyón, al teatro, a ver Señora Ama, drama escrito por don Jacinto Benavente y la francesa, por aquello del idioma, no se enteró mucho pero don Sixto -ya va, ya va- el del guión, le contó el dramón y la francesa, como es natural, se le vino a los brazos.
Ay, amog, qué drgama, très combien de tristesse.
Entonces, don Sixto, que para entonces ya había olvidado lo del guión, la preposición y el artículo, aprovechó y se la llevó a El tangazo porteño, un baile argentino que había en su barrio. Allí, entre arrumacos y metiendo pierna le canto muy bajo al oído aquello de…

Tiene el tango su perfume,
su misterio y su ilusión
y en sus giros y en sus notas
se emborracha el corazón…

Pego, amog, cogasón no gima con ilusión, le dijo la lyonesa
Sí que pega, lo que pasa es que, en argentino se dice corasón y así sí que rima con ilusión, lo que pasa es que yo te lo canté en español, no en argentino.
¡Ah!, dijo ella volviendo a desmayar la cabeza contra su clavícula.
Ahora te voy a hacer un par de endechas y tres serventesios.
¡Será guarro!
Que no, don Dimas. Que eso son composiciones poéticas, no lo que usted está pensando.
¡Ah, bueno! Es que, estos viejos, en cuanto tocan el material foráneo se vuelven de un marrano y un librepensador que para qué. Y más todavía si la partenaire es francesa.

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Una respuesta a “DON SIXTO, EL DE LOS TANGOS

  1. La Aguela

    ¡Vaya hombre¡ ¿la francesa no podía ser de otro lugar?, no, con la cantidad de ciudades, pueblos, villas y aldeas que hay en la Frace, tenía que ser de Lyón, ¡vaya por Dios¡ y para su gobierno le indico que, no, no es Judith, sino Jeanine, salvo por lo antedicho, un placer mañanero leerle querido escribidor.