DON BRAULIO, INVENTOR DE FRASES

83D887A3-0B4A-4A48-8CEB-2091A3E0231A

 

Mi antepasado don Braulio Granadilla y Pocoví nació dotado de unas condiciones únicas para la práxis y para las órdenes restallantes y ordenancistas. Mi antepasado don Braulio no iba, como algunos otros por aquellas calendas, para estatua o para busto -que es punto menos importante que estatua-. Mi antepasado don Braulio siempre anheló alcanzar el estatus de autoridad civil. Siempre deseó que, ante una comida familiar, las visitas preguntasen: ¿Y don Braulio? Pues ya ve usted; inaugurando. Don Braulio como nunca fue proclive a la política no alcanzó la autoridad deseada y no tuvo que ir nunca a inaugurar, no; pero sí que dejó, para la posteridad, su arte inscrito como máximas o motes heráldicos que aún, y a pesar de más de cinco décadas, se siguen viendo por ahí si se sabe mirar. La parla, de mi antepasado Braulio era, cuando él quería, muy funcionarial, escalafonaria y administrativa, era la base de la tabulación dialéctica y de la dicotomía tautológica de un largo y extenso etcétera de la comunicación coyuntural.
¿Cómo dice?
Digo que inventaba frases que luego vendía al Estado para adornar o prohibir cosas.
¿Podría usted donarnos unas verbigratias a modo de ejemplo, arquetipo o paradigma, plís?
Of curse, sir.
Se nota que se va usted a London, ¿eh?
Ya le digo. Pues verá usted, el ejemplo más plausible y hasta palpable fue una frase con la que salió a hombros una tarde-noche del Estadio Santiago Bernabéu, cuando la Demostración Sindical del Primero de Mayo, Exaltación del Trabajo. Fue durante la llegada de Su Excelencia al palco que, estaba plagadito de falangistas y dijo, dice: Antes de entrar, dejen salir. Oiga usted, lo dijo con un aplomo y una seguridad que fue enterarse don José Antonio Elola Olaso, donostiarra que nació en Tandil, República de la Argentina y que llegó a consejero nacional de FET y de las JONS y lo mandó poner en todos los vagones del Metro. También, porque se lo encargaron así, inventó lo de “caballeros mutilados” que ya es decir para unos pobres cojos. Yo, que siempre tuve una cojera que me hacía chulo y resultón el caminar, hubiera dado mis ahorros por ser considerado caballero mutilado ¡Daba gusto de ver sus frases impresas en todas partes!
Algunas, con el tiempo -ayer mismo lo vi en El Lago- las han variado y, dándole la vuelta, han puesto: Dejen salir antes de entrar. Se conoce que, el ideólogo sufre de eyaculación precoz y por ello antepone el escape a la entrada. Otras las han sustituido por dibujitos de viejos con cachaba y señoras embarazadas.
Es que, sabe usted, como se lee menos y se comprende aún menos lo que se lee…
¡Qué me va usted a decir a mí!
Mi antepasado, don Braulio, hizo unas pesetillas redactando anuncios para el televisor. En el televisor, aunque usted no lo crea, se habla un castellano muy raro y confundidor y es preciso, de vez en cuando, darle un barniz de normalidad para que no cambien al UHF. El castellano del televisor es una lengua trufada de remoquetes y ocurrencias que, en las más de las veces, riman y en otras -no en tantas pero sí en algunas- se acompaña el texto de una canción pegadiza para quienes no tienen las meninges en ejercicio.
A estas mañas los encargados del mercadeo que ahora dicen marketing las denominan anuncios, así en castellano y spots, que parece una marca de papillas infantiles, en inglés. El spot que redactó mi antepasado don Braulio quedó tan bien que hasta un cantante segoviano, que se llamaba Ismael, como el encargado de las pompas fúnebres de mi pueblo, le puso música. El anuncio, decía así:

Su faja señora, Soooooras
La línea perfecta Soooooras
Modela su línea Sooooooras…

Como usted puede comprobar no es que la letra sea como para cascar nueces de aquella manera pero, lo que decía mi antepasado don Braulio: la de angulas y langostas que hay que comer fuera para llevar unos garbanzos a casa. Así pues, mi antepasado don Braulio fue, mal que le pese a usted, uno de los primeros creativos publicitarios que es como se llama ahora a los autores de ripios y música ratonera.
¿Y de los pelendones, don Braulio, le preguntó una vez Josep Maria Llogaret Romer, marino mercante natural de El Burgo de Osma, sabe usted algo de los pelendones?
¡Ah, los pelendones…! Los pelendones, mi dilecto amigo, era el valiente pueblo ibero que vivía entre los turmódigos, al norte, y los arevacos al sur, en los confines que coinciden con la parte septentrional de lo que hoy se denomina -mientras no lo vacíen de gentes- Soria. Los pelendones eran proclives al baño purificador en el papacito Duero y se rascaban las turmas, de ahí lo de turmódigos, con un cangrejo de río de los que aún quedaban que ya, por desgracia, no existen.

Anuncios

Una respuesta a “DON BRAULIO, INVENTOR DE FRASES

  1. La Aguela

    Muy académico, literario y confundidor le ha salido a Ud. hoy su óbolo literario.