Viene la lyonesa…

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Mi buen, y viejo, y querido amigo don Dimas está contento con la llegada del mes de mayo. A mi buen, y viejo, y querido amigo don Dimas le llega, junto al níspero, la mora de morera y la breve breva una nueva amiga de Lyon.

¿No será de Castilla y Lyon

Pues no señor. Es de Lyon de la France. Mi buen, y viejo, y querido amigo don Dimas ha puesto sucursal en la Francia porque ya, en lo que queda de España, se le está haciendo pequeño el tentadero. Es lo que tiene el IMSERSO con sus touroperators y sus voyages de loucost que se aficiona uno a la lidia de todo pelaje.

¡Jesús, Soria! No le reconozco con ese lenguaje tan moderno, civil y hospitalario.

Ya ve usted, la televisión que ha puesto de moda ese lenguaje.

¿Pero usted sigue la moda?

Pues más bien no. Yo digo, como siempre dijo Cocteau que lo importante no era ir a la moda, sino sobrevivirla pero qué quiere usted que le diga, si están todo el día en el televisor poniéndonos guapos y tersos como banderilleros.

¿Cocteau el del barco?

Ese era Cousteau, no Cocteau

Usted perdone. Pero… ¿Don Dimas no era más del producto patrio. Ya sabe…?

Don Dimas hace a todo. Se conoce que tiene buena boca. Don Dimas tiene para sus fines de semana asegurado el calor amarguillo del café o de la malta familiar sobre la mesa de camilla. El recuelo de café amargo y las flores de sartén que tanto le gustan (churros, pestiños, tejeringos, buñuelos, arrepápalos y gaznatones), su copita de aguardiente de Langa que gasta en petaca de plexiglas y su pitillito de picadura y, tras bailar el bolero Angelitos negros metiendo pierna y cimbreando a su partenaire lleva el morlaco a chiqueros y allí, aculado en tablas, le hace faena de alivio.

¡Qué tío, el don Dimas! Un hombre como Dios manda, de los que no cabían dos en docena.

Ya lo creo.

Lo malo, claro, es que la partenaire, una tarde, fue y le dijo, dice… A vosotros, los sesentones, (ya ve usted qué manera de señalar) lo que os gusta es la patata brava, y la caña de cerveza, y el bocadillo de calamares y hasta el pincho de tortilla con cebolla. A vosotros, los sesentones, no os gustan los guisos familiares.

Hombre, mi querida y admirada partenaire, si llama usted guiso familiar al guiso patriarcal, maternofilial y embuchante, ¡dónde va a parar! Lo que ocurre es que ustedes, las sesentonas (¡toma del frasco, Carrasco!) lo que de verdad les gusta es la falsificación, el toma y daca y el sable. Y meter por merluza una pescadilla congelada y aún mal descongelada; una sopa de sobre por boullabesa; una corteza de celuloide de cerdo por torrezno; dos canapecitos de pan de molde untadito de margarina sin lactosa por bocadillo de panceta y un flan de polvitos -con perdón- solubles por flan de huevo. Servidor de usted, mi querida partenaire, es muy moderno, mucho más moderno que los raperos que ¡ay!, tuvieron la desgracia de nacer blancos, pero de ahí a comer en vajillas de plástico, con cuchillos de peltre y limpiarse con un trozo de papel del guáter va un abismo.

¿Y usted cree, don Dimas, que apostando por lo foráneo va a mejorar?

Pues quizás no; qué quiere usted que le diga, pero si entramos en el Mercado Común habrá que entrar de hoz y coz en el mercado por muy común que este sea ¿no le parece?

Pues sí. Ahí tiene usted razón.

Pues eso, lo que yo le decía.

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Una respuesta a “Viene la lyonesa…

  1. La Aguela

    Hace Ud. que a uno se le suban los colores, Jesús, Jesús que hombre, ande que, que bien le ha sentado el regreso, con fuerzas renovadas y el cuchillo recien afiladito, así me gusta Don Matías.
    Ya sabes, como casi siempre le digo, CORTO pero GENIAL.
    Grande hermano, grande.