Don Genuino Granadilla. Un echador de cartas con poca suerte

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Don Genuino Granadilla, ex cautivo y adivinador del futuro, tiene una fístula de ano como un huevo de remendar calcetines. Don Genuino Granadilla, se ha tenido que dar de baja por no poderse sentar a la mesa de camilla donde adivina el porvenir. Ya no puede sentarse ni sobre la cámara del Seat Seiscientos donde, hasta ahora, se sentaba. Don Genuino, rendido al dolor, se frotó, una noche en que no pudo pegar ojo, la fístula con un chile habanero. Había que verlo saltar como un potro sin doma. La Elisea, su cachirula (ver El cillero de las palabras), tuvo que llevarlo a la casa de socorro de Tetuán de las Victorias para que le untaran un ungüento que le calmase la desazón. El médico, se conoce que con la guasa de imaginarse la escena, le conminó a que tirase el chile y no lo reutilizase en las lentejas. La medicina, cuando se hace de balde, se vuelve insensible y vulgar, no como la de pago que es atenta y servil.
Oiga, ¿y esto a qué viene?
Pues no lo sé, qué quiere usted que yo le diga, pero pega muy bien en esta frase. ¿No le parece?
Sí. Eso sí que es verdad.
Don Genuino Granadilla fue, hasta hace dos años, hermano Marista, pero se salió del convento en el que había entrado cuando le liberaron de la checa de Porlier donde estaba recluido. Posteriormente, ya reordenado y al descubrir que una fuerza externa, distinta de la Divina, le impelía el miembro autónomo por las noches se marchó del convento y se empleo como echador de cartas y descubridor de ovnis. Además se hizo perito en parapsicología, los papeles del Mar Muerto y la Piedra Roseta.
¿Cómo?
Jesús, don Dimas. Que espeso que me anda usted esta mañana.
Usted perdone.
Está perdonado.
Don Genuino se hizo un nombrecito entre la parroquia -parroquia de parroquianos, que la otra, la de ir a misa, no quería saber de él desde su huída- echándoles las cartas y adivinando el futuro porvenir.
Esto de futuro porvenir no es redundancia don Matías.
Pues sí, quizá si. Ponga entonces futuro por venir.
Siga, por favor.
El caso es que, una tarde, tras mostrarle a la Elisea cómo de bien funcionaba el muelle del miembro autónomo, salió a comprar el cupón de los ciegos ya que, según dijo, había soñado que saldría el 1998 que, además, era el año en curso. La Elísea, siguiendo órdenes, disolvió la cola de la consulta y los parroquianos, algo enfadados, es cierto, se marcharon a casa sin poder consultar sus cuitas extraterrestres.
El caso es que, al cruzar la calle, un tranvía que venía desbocado, le atropelló cortándole, de cercén, la pata izquierda.
¿Y la derecha?
Pues la derecha, como siempre, a lo suyo, ya sabe…
No, si digo la pierna derecha, no las derechas.
¡Ah!, usted perdone. Pues la derecha no; se conoce que echó antes la pata izquierda y esa fue su perdición. El caso es que, ahora, ya no tiene clientes. ¿Cómo habría de tener clientes un adivino que es incapaz de adivinar el atropello?
Eso también es cierto.
Claro. Naturalmente. Eso es lo primero que dijeron sus tres clientes más fieles, don Espeusipo, don Eleusipo y don Meleusipo.
Oiga, don Dimas, estos nombres se los inventó usted, ¿verdad?
No señor. Estos tres nombres se corresponden con los santos trigéminos cuya festividad se celebra el 17 de enero, festividad, asimismo, de san Antón abad, el de los bichos.
Y entonces, don Dimas. ¿A qué se dedicó el don Genuino si quedó inútil para el trabajo.
Pues a qué se habría de dedicar si ya no estaba capacitado para trabajar; a senador, hombre. A senador…
Claro, claro.

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Una respuesta a “Don Genuino Granadilla. Un echador de cartas con poca suerte

  1. La Aguela

    Pues si Don Matías, hoy estoy muy espeso, aparte de eso siempre merece la pena esperar su próximo relato pués siempre supera las expectativas.
    Chapeau “Brother” 😀