SWEET Y EL JARAMA

 

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A la Dulce Nombre de María le dicen las amigas Sweet que hace más yeyé. La Dulce Nombre de María tiene los ojos verdes y el pelo negro y largo. A la Dulce Nombre de María le dijo un día en la boite Cleofás una frase que ha pasado a la historia del piropo, las galanterías, los donaires y zalemas. Señorita, le dijo, dice, cierre usted los ojos, por favor, que me tiñe el gintonic del color del pipermín. La Dulce Nombre de María, o sea, la Sweet, cerró los ojos, sí; pero abrió su corazón de corza enamorada al Camerino. El Camerino se llama Camerino Torralba Salsipuedes y es zamorano de El Cubo de la Tierra del Vino, municipio que da, además de buenos vinos, mejores carpinteros. El Camerino es transportista pues ni el vino ni la madera le probaban en su salud. Al Camerino le gustaba echar a la camioneta un bocadillo grande, de tortilla de patata y cebolla, un par de pimientos verdes fritos y dos filetes de ternera empanados y salir a hacer portes por do le llevara la diosa Fortuna. ¡Coño, qué manera más poética de señalar! ¿Verdad usted que sí? ¡Ya lo creo! Pues bien, el Camerino, con su bocadillo, sus filetes y su bota de vino se creía el rey de la carretera. En verano, cuando al Camerino le salía un porte a Alcalá de Henares, o a San Fernando o Coslada aprovechaba para darse un baño bajo en el río Jarama, bajo el puente de San Fernando de Henares. Oiga usted, si ha dicho que el río era el Jarama ¿cómo es que el pueblo se apellida de Henares? Las reclamaciones a don Paco, el de las rebajas. Al parecer, y según dicen, como a la tropa de Franco le dieron para el pelo en la batalla del Jarama decidió que este topónimo no era apto para el pueblo. ¡Ah!, que cosas pasan, ¿verdad usted que sí? Ya lo creo. Oiga este de verdad usted que sí y ya lo creo lo ha puesto usted antes, ¿no lo quiere cambiar? No, para qué. Si se repite, pues que se repita. Al que no le guste, que no lo lea. Aquí no se obliga a nadie. Bueno, bueno, que uno lo decía por ayudar. La Dulce Nombre de María se enamoró como una colegiala del Camerino, al que llamaba Ino con lo que, en algunos foros le confundÍan el nombre con Inocencio. No, no; decía, yo soy Camerino, lo de Ino es una subrogación. ¿Una subrogación? Sí, hombre. Ya sabe, una delegación de competencias que uno ha hecho a la Sweet, que es mi señora, ¿sabe? Ah, ya. Comprendo. Pues la Dulce Nombre de María, o sea la Sweet va y le dice, dice. Oye Ino, cuando vayas esta semana a Torrejón podríamos ir a bañarnos al río. Eso, le dice el Inocencio, pero nos llevamos a tu madre, que la gusta mucho el agua. No sé, dice la Sweet mosqueada por ese afán del Ino en llevarla al río. Las nueras, cuando uno se porta como un caballero con sus señoras suegras, piensan, enseguida, que el marido las quiere ahogar. Yo había pensado algo romántico. Tú y yo solos. El Camerino, que siempre fue muy flojo con las mujeres, máxime si le miraban desde unos ojos color Chartreuse. ¿Pero no eran del color del pipermín? Pues sí, pero el Chartreuse también es de color verde. ¡Ah!, usted perdone, es que yo no consumo alcohol. ¿Y eso? Pues ya ve usted, intolerancia. ¿Le da alergia? No. Es que mi padre nunca toleró que lo consumiera. Claro, claro… El Camerino nunca fue capaz de negarle a la Sweet nada. ¿Vamos a chupar caracoles al Rastro, Ino? Sí, amor. Lo que tú digas. ¿Me puedes echar un remiendo a la faja, Ino? Sí, amor. Lo que tú digas, etc. El Camerino recogió los bártulos y se preparó para llevar a la Sweet al río. No, amor. Hoy no vamos a llevar el picnic. Mejor nos vamos temprano y tomamos unas chuletas en Las Moreras. Pero si dicen que son de perro. ¡Cómo van a ser de perro, hombre! ¿Tú sabes cuántos perros hay que matar para surtir de chuletas a todo el mundo que va un fin de semana a Las Moreras? ¡Anda, pues es verdad! Claro, hombre, claro. Además, Ino, si yo te pido que comas perro por mi ¿no lo harías? Yo por ti, amor me como el mundo por los pies. La Dulce Nombre de María, entonces, sentía como los carrillos de la cara se le llenaban del arrebol rojo de las camelias de Outeiriño. ¿La molinera de Cariño? Sí señor. Ella misma. Las chuletas de Las Moreras estaban muy buenas, sí señor. Cuando un plato está bueno hay que decírselo al camarero, que no está bien callárselo y que piense, mira estos tíos estirados, les damos las chuletillas de palo, bien torraditas y con las patatas fritas al punto y, los muy desagradables ni nos dicen si estaban buenas. La ensalada ya era otra cosa. A la Dulce Nombre de María, o sea a la Sweet la entró una escurribanda muy fuerte y tuvo el Camerino que aparcar, junto al aeropuerto, al lado de dos chotos magantos que pastaban, aburridos, para que evacuara los líricos productos de la ensalda. ¡Jo, que frase! Gracias, pueblo. Para mí que va a ser el escabeche, amor. Me pareció que picaba un poco. El Camerino volvió a subir a la Dulce Nombre de María a la cabina y, tras cubrir sus piernas con la manta palentina que llevaba para echar sobre la hierba fresca del río cuando iban de picnic, se apresuró a enfilar el camino de Madrid. ¿Quieres, amor, que paremos en la Princesa, para que te hagan algún analís? No, Ino. Sigue para casa. Mi madre me hará un poleo menta. El Ino, agachó la cabeza y no dijo nada del verdor de los ojos de la Sweet y el poleo menta, aunque le quedaron ganas. Contente, Camerino, que no está el horno para bollos…

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