LA KABRA KABRONA, UN TEATRILLO DE TENTETIESOS

 

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Obdulio Gandarillas Sala pasa la mañana entera sentado en un banco de la Plaza de la Remonta, en Tetuán de las Victorias, Madrid. Obdulio Gandarillas Sala lee el periódico gratuito que le dan en la boca del metro y, tras leerlo de pe a pa se queda mirando a la gente que pasea la plaza de arriba a abajo. Le gusta ver y adivinar, sobre todo, el origen racial, étnico, geográfico de los paseantes: allá va un marroquí, allá una búlgara. Este debe de ser rumano y aquel boliviano, por el poncho, digo. El Obdulio Gandarillas Sala, de profesión sastre, disfruta también, el hombre, adivinando la talla -especialmente de las jóvenes en sazón- y echa en falta (a la vejez viruelas) el tacto de la pana, la estameña y el percal; la tiza de marcar la ropa; el hilo y las fornituras. Obdulio Gandarillas Sala fue quinto en tierra de infieles: en el Ifni antes de la Marcha Verde. El Obdulio Gandarillas Sala está, ahora, algo fondón porque no hace apenas ejercicio. No es que en el taller de sastre hubiera una actividad física excesiva pero, algo es algo, sí que tenía mucha más actividad que en la actualidad. El restorán mesón Gallego II está enfrente del banco donde se para a leer el Obdulio. Si pone Gallego II es que habrá un Gallego I. En el barrio de la Guindalera, en Madrid, hay un restorán Luis I que este escribidor pensó que era en honor al rey alemán de Baviera, el muchacho de Maximiliano y María de Prusia, ya saben… y resulta que no; que era Luis número 1. Lo aprendió el escribidor el día en que descubrió un Luis II que había en San Sebastián de los Reyes. Esto de usar los números ordinales en lugar de los cardinales es lo que tiene, que resulta confundidor y azorante. No se pierdan, dicho sea de paso, este restorán, el Gallego, digo. En el restorán mesón Gallego II dan ricas navajas a la plancha, buen pulpo y pimientos de Padrón, que unos pican y otros no. Allí, y no en otro lado, fue donde se le ahogaron al Pedro Hilario unas almejas que nadaban en salsa verde. A la espalda del restorán mesón Gallego II hay un centro de mayores en el que Obdulio no se ha asomado nunca. Eso es para viejos, dice. Entre el mesón restaurante Gallego II y el banco donde está sentado en Obdulio Gandarillas Sala un grupo de hombres jóvenes llenos de tatuajes y pendientes, están montando un tingladillo. El Obdulio juraría que es un teatrito de marionetas. Y sí que lo es. No hay más que verlo. Los jóvenes de los pendientes y los tatuajes llevan camisetas de rayas verticales, negras los unos y rojas los otros. Parecen presos o legionarios, por aquello del “amor de madre” que cree, llevan tatuado en los brazos. Ninguno fuma. En este país ya solo fuman las señoras, que de tan feministas como resultan han adoptado todas las costumbres malas de los varones. Ya lo decía Flores, el montañero: ¡qué lío, todas las tías se han vuelto tíos!. Debe de ser por aquello de la cuota. ¡Vaya usted a saber! Antes, cuando el Obdulio no estaba de más, el espectáculo de la cachiporra, la dama en apuros y el príncipe salvador, vamos, lo que viene siendo el espectáculo de cristobitas, títeres y tentemozos se cobraba mediante al escaso óbolo de la gratitud, que no es moneda de curso legal como los bitconins y los sellos de Forum Filatélico. Ahora no; ahora, con esto de las alegrías presupuestarias los títeres están financiados y así el hambre se vuelve más democrática y resulta más repartida que lo que estaba en su juventud. No hay mal que por bien no venga. El espectáculo de los jóvenes de los tatuajes y los pendientes se llama La Kabra Kabrona y no son todos, como Obdulio pensó, varones. O al menos no lo parece. También el aspecto físico se ha democratizado mucho en estos tiempos. Uno de los titiriteros es titiritera. Luego -lo que son las pintas, se dice el Obdulio- resulta que no; que todos eran titiriteras menos uno que era titiritero. ¡Qué manera de confundir! La señorita titiritera, que resultó ser titiritero es separado. Vamos, no es separado, propiamente dicha sino que la legítima se le dio a la fuga, como un catalán en trance de ser electo. Al Obdulio no le extraña pues ese flequillo tazonero, esa camiseta ajada por las axilas y esa rabadilla de fontanero bajo el bidé no podía ser muy agradable. La dama fugada del titiritero, no contenta con abandonarle le dejó una nota en que se acordaba de sus muertos. Las hay desconsideradas, ¿verdad usted que sí? ¡Ah, yo no opino!, yo tengo un hijo en edad de merecer y ya sabe usted lo que dice el refrán: quien tenga hijas en edad de casar, que se abstengan de opinar. ¿Y usted cree que esto de los titiriteros puede ser bueno? Pues claro. En España faltan titiriteros y lo que sobran son intelectuales, e inversores. Y gente de orden, y hasta autónomos, que se está llenando esto de autónomos y gente de orden, como si fuera la armería de Trump. De eso también sobra, si señor. A ver si ahora, que hemos presidido el Banco Mundial, y hemos dejado, como Tenorio, memoria amarga de mi, van a venir esta gente tirando por tierra los logros de los enviados españoles al Banco Mundial. En eso tiene usted razón, ¿ve?. Uno cuando comprende que alguien tienen razón, pues se la da y ya está. El Obdulio Gandarillas, mientras los titiriteros colocan los matihuelos en el alféizar del teatrillo, ve llegar a los niños corriendo y gritando. ¿Por qué gritarán, tanto y tan fuerte, los niños. En esto parecen entrevistados de la televisión a la entrada del fútbol. ¡Qué afán con gritar! En el teatrillo de la Kabra Kabrona los niños se miran entre sí cuando ven que la reina mata al bufón y al caballero le castran con un casco de sidra El Gaitero. Al parecer, y según ha escuchado el Obdulio el bufón le había echado un piropo a la princesa y esta, que era del género contrario -no del masculino, o del femenino; del contrario, del genero no sabe, no contesta- ha sido condenado a muerte por machista y el caballero, ¡ay, el caballero!, pensó que el bufón se estaba metiendo con la princesa y fue a rescatarla pensado que, quizás, por un beso de la princesa daría lo que fuera, hasta volverse sapo -rana no, que eso es para el género femenino-. Lo que no sabía el caballero es que la Kabra Kabrona era un teatrillo generalista, feminista y contrario a la Tauromaquia. ¡Joder, que tropa!, pensó el Obdulio mientras se refugió en la residencia de viejos, por si las moscas, claro.

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Una respuesta a “LA KABRA KABRONA, UN TEATRILLO DE TENTETIESOS

  1. La Aguela

    ¡¡ Que final ¡¡ ¡¡Que final tan estresante ¡¡ A poco me da un síncope del estrese.