LA CIRIO, PEPE BOTELLA Y OTRAS ADIVINACIONES

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Candela de la Iglesia Grande, alias Cirio, tuvo que lidiar con el nombre que le cayó en suerte toda la vida. Hay otras, ya se explicó aquí, en otro momento, que se llamaron Consuelo de los Mozos que aún tiene mucha más coña. Candela de la Iglesia Grande, alias Cirio, trabajó, de niña, acarreando cubos de leche en la granja Calostros de la Ribera S.R.C, que abandonó con quince años porque no soportaba el olor a chotuno. Hizo bien. Tras dos años de mucama en casa del Andrés Avelino, juez de paz de Arroba de los Montes, provincia de Ciudad Real, Spain, abandonó también pues el Andrés Avelino era de natural sobón y la Cirio, incomodada por los pellizcos y sobos se marchó y se instaló por cuenta propia enjalbegando paredes y fachadas con el blanco albayalde que conforma el pigmento del carbonato básico de plomo. ¡Jesús, don Dimas!, que manera de puntualizar y qué redicho nos salió. Pues sí. ¿Qué quiere usted que le diga? La Candela, en cuanto se enteró de que la pusieron de mote Cirio Blanco, por los chafarrinones que le caía de la pintura abandonó, también, el oficio y se hizo echadora de cartas. La Candela de la Iglesia Grande, alias Cirio y Cirio Blanco se puso, como nombre artístico, Miss Madame. Se conoce que no tenía mucha soltura con los idiomas. Pues bien Miss Madame se especializó en llamadas al más allá y, concretando aún más, en citas con fantasmas de cierto nivel. Comenzó, como todas, llamando a maridos y esposas recién muertos y, de ahí, le vino una cierta fama en la comarca que, con el tiempo, se extendió a la provincia entera. Lucio, preséntate ante nosotros, la Etelvina te llama. Y la mesa, a través de un ingenio eléctrico que pisaba con un pie, comenzaba a vibrar como si el Lucio estuviera allí mismo. Etelvina, ¿qué has hecho con el dinero de las alfalfas? La Etelvina, al escuchar que el Lucio le pedía cuentas por lo de las alfalfas se soltó de las manos de la Cirio y salió hacia la calle haciendo fú, como el gato. Tránsito, aquí tienes a tu Nicéforo que te quiere saludar. La Cirio volvió a apretar el interruptor de la mesa y esta ¡zas!, venga a vibrar… Nicéforo, golfo. Como te vuelva a ver rondando a la Baltasara, la del molino, vuelvo y te clavo la gubia en un ojo, por cabrón. Al Nicéforo, que algo sí que rondaba con la Baltasara, se le soltó el vientre y tuvieron que traerle una jofaina de agua y una palangana para que se aliviara de urgencia antes de llegarse a casa. ¡Qué olor, por Dios!, ¿qué habrá comido este hombre?, decía la Cirio. Pues si no lo sabe usted, que es adivinadora, le respondió el Quirce, el de la Pajarilla, que había acudido al local de la Cirio para entrevistarse con don José. Don José, para quienes no estén puestos en esto de la cartomancia, la magia y el espiritismo, es don José Bonaparte, alias Pepe Botella hermano que fue de don Napoleón, el zar francés y cuñado, por tanto, de la Josefina de la Pagerie también llamada Yeyette. ¿Me siguen ustedes? ¡Huy!, la mar de bien. Siga, siga. El caso es que, una tarde, estando el Quirce casi en trance y a la espera de don José una mano anónima. Una mano que pasó rozando, como pasan los ángeles junto a los pecadores, de forma casi imperceptible, tocó una teta -pecho o mama- a la Candela, o sea a la Cirio Blanco. Allí sí que se formó la de Waterloo… ¿Quién ha sido? ¿Quién es el hijoputa que me ha tocado una teta?, gritó, más que preguntó la Candela. Yo no he sido, dijo el Quirce. Igual ha sido don José. ¡Qué don José ni que niños muertos! Si el don José está más tieso que la mojama. Tú has sido, arrimón pegajoso; especie de carantoñero. ¿Yo?, se defendía el Quirce. Sí, tú, sobón de mierda. Que no, doña Candela. Que no he sido yo, que tiene que haber sido don José, que era muy suyo en esto de las señoras. Mire usted, doña Candela, que don José se benefició a la Condesa del Vado, la esposa del Marqués de Montehermoso, y a la viuda del Marqués de Junco. Recapacite usted, doña Candela, y recuerde la copla: “De Montehermoso la dama/tiene un tintero/donde moja la pluma/José I”. Que don José era muy putero y muy sobón. ¡Pero qué dice este imbécil!, dijo la Candela a cuyos gritos acudió el Decoroso, un gañán con una garrota de siete nudos que era, a tiempo parcial, vigilante jurado en el local de la Cirio Blanco. El Decoroso, nada más correr la cortinilla de la entrada, soltó tal garrotazo al Quirce que, de no llevar la boina puesta, le hubiera reventado la cabeza como un melón. ¡Qué tío el Decoroso! La Candela, por no dar escándalos mandó sacar al Quirce arrastras por los pies y dejarlo junto al pilón como si estuviera borracho y se hubiera caído. La noche la pasó el Quirce en el cuartelillo y, al día siguiente fue soltado sin cargos. En su informe, el comandante del puesto, el cabo Quintanilla, armado de plumín y tintero y con una letra muy clara y caligráfica, escribió: la pasada noche del día del Señor, quince de febrero de los corrientes, festividad de Santa Jovita, los números Cacharro y Frechilla encontraron a un varón de cincuenta y tres años en aparente estado de embriaguez. Interrogado por la herida inciso-contusa de su cabeza, el citado interfecto declara que, al caer la tarde se dirigió al despacho donde la adivina conocida como Miss Madame, doña Candela de la Iglesia Grande, le iba a poner en contacto con don José Napoleón I, alias Pepe Botella, fallecido y hermano que dice ser de don Napoleón Bonaparte, de oficio emperador de la Francia y también occiso, al objeto de realizarle unas preguntas sobre el más allá. Estando esperando su aparición, y de sorpresa, alguien realizó tocamientos no consentidos en el pecho (o teta) de la susodicha adivina Miss Madame que se alteró grandemente y como no podía ser menos. Entonces, declara el detenido, sufrió un garrotazo del que no pudo ver a su autor que, bien podría haber sido, según declara, algún mameluco de la guardia personal del emperador. Vista la declaración el juez de guardia dio instrucciones precisas para que el cabo, a través de Cacharro y Frechilla, internaran en el Sanatorio Municipal al herido para realizar un seguimiento de su estado mental. Es providencia que firmo en Arroba de los Montes, Ciudad Real, Spain, a tantos de tantos, etcétera.

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Una respuesta a “LA CIRIO, PEPE BOTELLA Y OTRAS ADIVINACIONES

  1. La Aguela

    Quiero entender que el susodicho juez de guardia, dado que era en Arroba de los Montes, era “el Antón” claro.