CON UÑAS Y DIENTES

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Higinio Zamarreño Tolaretxipi, natural de Bera de Bidasoa, en la merindad de Pamplona fue, cuando niño, algo dejado para sus cosas. El Higinio Zamarreño se dejó las uñas largas como un Fumanchú navarro y, por darle utilidad, se metió guitarrista de flamenco en un tablao de Pontevedra; Casa Andresiño que, como pueden imaginar, tuvo que cerrar a la semana. Es que Pontevedra, le dijo el propietario, no es muy de fandangos y farrucas. Ya me parecía a mi, ya, contestó el Higinio que, si algo tenía, es que las veía venir de largo. Pero, si hubiésemos durado otra semana yo hubiera fusionado la taranta con la muñeira y ya vería usted. Pues igual sí, hijo. Pero mejor lo dejamos para más adelante. El Higinio Zamarreño Tolaretxipi se metió, entonces, veedor de reses bravas en los campos de Salamanca. En invierno, como no hay corridas -de toros, claro- se marchó a Onteniente donde probó como maestro horchatero y más adelante, pelador de gambas en Garrocha, Almería, Spain. El pelar gambas, cuando se tienen las uñas tan largas, es una ventaja sobre quien se las corta, no crean. El Higinio, lo primero que hacía, era darles un tajo con el meñique sobre la cola (de la gamba, claro) y, a partir de ahí, abría la piel y sacaba el cuerpo limpio del todo. Luego, y ya con la uña del dedo índice, rasgaba el cuerpo, por la parte de encima, y extraía el intestino de la gamba de un solo tajo. ¡Qué tío, dijo el propietario de la fábrica de gambas!, y ordenó a todos los empleados que se dejasen crecer las uñas. Algunos no quisieron, naturalmente, y fueron despedidos. ¡Estaríamos buenos!, dijo el propietario mientras firmaba los finiquitos. Nos ha amolado los comunistas estos… Al terminar la temporada de la gamba el Higinio se marchó a Soria donde se empleó como guardabarreras en la línea Valladolid-Ariza que, ¡vaya por Dios!, cerró a la semana. De allí se marchó porquero de montanera a Huelva, más concretamente a la zona de Ubrique donde estuvo casi un otoño y de allí a Ciudad Real para varear olivos. El Higinio, vareando olivos, era digno de ver. Cantaba malagueñas y alegrías de Cádiz mientras vareaba lo que, desgraciadamente, entretenía a la cuadrilla que no rendía lo debido. Por ello fue despedido y, tras este nuevo período sin empleo saltó el charco, como se suele decir, y entró a formar parte, como guitarrista del conjunto Los Chalchaleros donde se hizo un nombre interpretando el tema María Bonita. Una tarde que estaba rondando a la hija de un terrateniente del sur de Argentina le soltaron los perros. Las desgracias nunca vienen solas y el can, espantado por los gritos del bardo le mordió un jarrete dejando tullido al Higinio por los siglos de los siglos amén Jesús. De la Argentina se llegó hasta Caracautin, en Chile. Allí, junto a Salvador Allende, intentó reprimir -sin éxito- el golpe Pinochero y fue dado preso y expulsado del país. De vuelta a España, y tras recuperar el pasaporte, marchó a Londón, en las islas británicas y se hizo hippie. Estuvo en el concierto de la Isla de Wight donde, por una diarrea, tuvo que sustituir al guitarrista y cantante Mac Bolan, del conjunto músico-vocal Tyrannosaurus Rex, con gran éxito de público y crítica. Acabado el concierto se unió a un coro suizo que cantaba en las iglesias metodistas los temas de la película Sonrisas y Lágrimas pero no duró mucho porque lo suyo era más el cante jondo que el oleiolei de los alemanes. Cuando terminó sus bolos suizos y alemanes se metió gondolero en Venecia. Allí, por mor de la humedad, sufrió una baja por enfermedad -la primera de su azarosa vida- y tuvo que estar hospitalizado casi tres semanas. Estas tres semanas fueron, a lo largo de sus sesenta años de vida laboral, las únicas en las que no trabajó aunque sí que estuvo dado de alta. De Venecia, vamos, del hospital veneciano, volvió a Valencia y se empleó como paellero en Gandía. El Higinio Zamarreño Tolaretxipi tenía una mano mágica para darle el punto a la paella. Un poquito caldosa, con sus azafrán calentado previamente y su socarrat en el fondo… Una gozada, vamos. Pero, como no hay mal que cien años dure, acabó la temporada y tuvo que volver, ya frisando los sesenta a su pueblo, Bera de Bidasoa, la patria chica de don Pío y su sobrino Julio Caro. En Bera puso un asador de pollos que daba gusto de verlo y olerlo. Dicen quienes lo conocieron que, algunas tardes, era tan bueno y notable el aroma de los pollos asados del Higinio que venían a Bera gentes de Biriatou, Urrugne y Ascain, en el país de los francos y hasta de Irún y Lesaka, el pueblo de los Marichalar, en la parte española, para comprar y degustar los pollos a la Beresko que era como los llamaba. En euskera a la Beresko significa tal y como salgan, lo que da idea de que, el Higinio, los sacaba tan bien sin ningún tipo de esfuerzo. De Bera volvió a marcharse una tarde en que se cansó de asar pollos al Japón, donde entró a formar parte de la compañía de José Mercé en la que se mantuvo una temporada entera como guitarrista clásico. También, y por una corta etapa, participó en exhibiciones de Sumo, para lo que tuvo que engordar diez arrobas. Pero fue allí y no en otro sitio donde se rompió la uña del dedo gordo. Aquella que es imprescindible para el rasgueo de los fandangos. Entonces, claro, tuvo que pedir la cuenta y volverse a España. Una vez aquí, y como ya tenía sesenta y cinco años pidió la vida laboral al Instituto de la Seguridad Social. Han pasado diez años y todavía -¡vaya por Dios!- siguen los funcionarios recopilando toda su vida laboral para ver de darle su pensión. ¿Qué a qué se debe estar historia, preguntarán ustedes? Pues que esto no es nada para la que les queda a los funcionarios una vez que se quieran jubilar los jóvenes que entran ahora en el mercado laboral, con tanto Erasmus, tanta beca de la UE y tanto empleo precario por el mundo… Que Dios Nuestro Señor les pille confesados.

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Una respuesta a “CON UÑAS Y DIENTES

  1. La Aguela

    Pues de Vida Laboral, no creo que se tenga que quejar “el Higinio”, ni la SS. Esa uña larga “del Antón”.