MANOLO RIZZO’S BARBER SHOP

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El Amonario Barriga Berbedel dejó el colegio al punto de comenzar la trigonometría. El Amonario Barriga Berbedel, cuando abandonó el colegio, se metió becario en una barbería. Allí, hasta que aprendió a pelar y afeitar barbas, barría el pelo, lavaba cabezas y afiliaba los archiperres del señor Lucio, el barbero titular que, además, de ser el fígaro titular, era el propietario del negocio. El Amonario Barriga Berbedel andando el tiempo y, tras pelar multitud de cabezas, heredó el negocio una vez que el señor Lucio entregó la tijera a San Marín de Porres antes de entrar en el paraíso de los barberos. Oiga, don Dimas, no me diga usted que el santo patrono de los barberos es San Martín de Porres. Pues sí señor. Para que usted lo sepa, San Martín, cuyo nombre en la vida civil fue Martín de Porras, hijo de burgalés y limeña de Lima, como aquella que iba del puente a la alameda, ¿me entiende? Sí que le entiendo, sí. Pues bien, San Martín de Porres, sobre ser el primer santo negro fue barbero y herborista a un tiempo. ¡Qué bárbaro!, no conocía esto de que era negro. Pues sí señor, además, para que usted lo sepa, cuando en su comunidad, la de Santo Domingo de Guzmán, se quedaron sin pasta para sobrevivir se ofreció -ya que era negro- a ser vendido como esclavo para que los demás comieran. ¡Qué tío!, ¿y lo vendieron? No, hombre; no. Cómo iban a venderlo si era el único cura negro que había… Yo que sé, esto del santoral es, para mí, muy misterioso y confundidor. Ya veo, ya. Siga. Sigo… Pues como le decía el Amonario Barriga Berbedel, una vez que se vio propietario de la barbería, y tras pagar el impuesto de transmisiones, el IBI, la notaría y el resto de impuestos a la banda de estafadores que gobernaba en su pueblo, se decidió por darle un cambio y ponerla más moderna e innovadora. La pintó de colores llamativos, puso wifi y un sofá, un televisor y una bañera con un ventilador dentro, para que pareciera una bañera de hidromasaje y la denominó Chill out lounge barber shop Manolo Rizzo’s. ¡Ostras!, ¿Y eso? Pues ya ve usted. El Amonario Barriga pensó, y con mucho fundamento, que Amonario Barber Shop y menos aún Barriga’s Shop no era nombre para una peluquería moderna. Si acaso, decía, lo de Barriga’s Shop podría valer para un centro de adelgazamiento, pero lo que es para una peluquería como que no. ¿Y por qué le llamó Manolo Rizzo’s? Pues porque decía que su Barber era la Monolo Blanik de las barberías. Y lo de Rizzo’s pues por darle un nombre más moderno: un look, decía italoamericano ya que Fígaro Fígaro Fiiiiiigaro era un canto operístico bien conocido entre la clientela. Claro, claro. Pero haría algo más, claro porque, que yo sepa, no por cambiar el nombre por otro más complicado de pronunciar, se vuelve uno rico como el hombre ese del Zara. Pues sí, claro. Algo más hizo. Lo que hizo, y tiene mucho mérito, es encargar a doña Ágatha Ruiz de la Prada, el diseño de unos tazones que revolucionase el mundo de la porcelana. Unos tazones que, vista la corriente hipster entre nuestros jóvenes, fue un auténtico pelotazo. Córtese usted un pelo… a tazón, como antaño, puso en la publicidad. También daban, y eso fue algo muy moderno, masajes craneales para desestresar la musculatura facial, con presiones y alargamientos desde la nuca hasta el óvolo de la cara y toda la zona frontal. ¡Jesús, don Dimas!, todo eso lo pensó usted solo. Sí señor. Sin ninguna ayuda de nadie. Para que vea. Ya veo, ya. Luego les daba un cóctel de planctón para que encontraran la armonía entre cuerpo y mente y, claro, lo que ya era la bomba: el corte con un tazón de Ágatha. Aquello, claro, y poner el pelao a 125 euros fue lo que revolucionó Chueca, Malasaña y el Barrio de las Letras. Oiga usted, no se lo va a creer, más de tres meses era el plazo medio para que le cogieran a uno. Hasta los de las entradas por internet se les ofrecieron para vender tickets y turnos de peluquería. Eso y poner a trabajar a diez barberos marroquíes a los que vistió de negro, obligó a pelarlos con la cabeza a cuadros y un mechón desfallecido sobre una de las dos sienes (cinco en la sien de babor y los otros cinco, en la de estribor). Eso, claro y obligarse a manifestarse como si fuesen flores de alhehí, ya me entiende… Oiga, don Matías, eso es de un machista y un homófobo que espanta. Sí, así es; machista, homófobo y de las JONS, pero era así. Los marroquines que era como les llamaba Manolo Rizzós hablaban con muchos osás, mucha tía y mucho arrrrrg, cuando se asustaban. Osá tía, osá, ¡que fuerte, qué fuerte!, cómo te han dejado el cabello por ahí. Arrrrrga. Osá, no sé como os arriesgáis a dejar el pelo, que es vuestra personalidad en manos de cualquier fígaro de pueblo. ¿O es que te han pelado en la mili?, decía ¿Qué pasa, Muamá? (El Manolo Rizzo’s llamaba Muamá a Mojamé) Osá, tío, osá, has visto cómo nos trae el pelo este caballero? Arrrrrg, gritó Manolo Rizzo’s. Fuera, fuera… Sácalo de aquí. ¡Qué horror!, qué podrían pensar Isabel o Mario sin vienen en estos momentos! Isabel y Mario, claro, eran Vargas Llosa y su chola filipina. Sácalos de la shop que me desacreditan. Y Mojamé, o sea, el Muamá los echaba sin ningún tipo de pudor. Hasta ese punto llegó el negocio de la barbería del Amonario Barriga. Pero ¡ay!, como no hay mal que cien años dure, ni noches que, por mucho madrugar, se amanezca más temprano -esto último no pega, ya lo sé, pero engorda el texto- la barber fue convirtiéndose, por el virus de la moda, en algo viejuno y decadente, a los seis meses de abrir. Así son, en estos momentos, las tendencias. Cuatro influencers a los que no peló grátis y dos artículos en Tendencías, una revisteja de ambiente en Chueca dieron con el cierre definitivo y con los muchos huesos y pocas carnes del Amonario Barriga Berbedel en el paro. Hoy, consumido el paro y la prestación social, Amonario Barriga Berbedel trabaja en Parla, en la peluquería de Mojamé, que se llamaba, en realidad, Faysal. Corta el pelo con una máquina eléctrica haciendo jeribeques y dibujos en las nucas de los parleños y aletas de tiburón en el flequillo de los jóvenes marroquíes. Va vestido de mameluco y le obligan a llamar paisa a los clientes. La vida, esa puta que va vestida de verde, es como el péndulo de un reloj: unas veces gira a la izquierda y las otras, ¡válgame Ala, el Misericordioso!, a derechas. ¡Qué le vamos a hacer!

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Una respuesta a “MANOLO RIZZO’S BARBER SHOP

  1. La Aguela

    A pesar de que su relato merece una muy buena crítica, permítame que me abstenga de hacerla dado el tema que ha tocado en esta ocasión y que como muy bien sabe usía, no me gustan esos establecimientos. Atentamente