CARMENA SE LLAMABA EL SASTRE

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Los barrenderos municipales tienen más cuidado con los zapatos de los viandantes que los de la manga riega. Los de la manga riega, en cuanto te descuidabas, te ponen pingando de agua. En la radio dan un pasodoble financiado por Carmena. No la alcaldesa, claro; el sastre. Que me voy casar con una morena, puesta hazte un traje en Carmena, el rey de los gabanes. Carmena se llama el sastre/que viste a la gente bien/hace trajes y hace abrigos/como muy pocos se ven. Me parece a mi, jubilado, que le ha dado a usted, últimamente, por recuperar anuncios antiguos. Pues es cierto, sí señor. Mejor los antiguos que no los de ahora que ya no se llaman anuncios sino patrocinio, como la madame de la casa de putas de la calle de la Luna. En Chamartín de la Rosa están rodando una película el Charton Heston y la Sofía Loren. Es una película sobre la vida de El Cid. Ya no saben qué hacer para llamar la atención. Esto don Dimas no va a acabar bien, ya lo verá. El cine, con su manía de apagar las luces y rociar de ozonopino a las parejas, no puede ser bueno. Y gracias que los acomodadores tienen la linterna de petaca presta a enchufar a la fila de los mancos. Sí, eso sí. ¿Y saldrá también la Lola Flores? Hombre, no creo. Yo creo que Lola tiene una edad, pero no tanta como para haberle cantao al rey Alfonso mientras expulsaba al paladín. ¿Qué va a ser, caballeros? Dos blancos. ¿Ponemos unas olivas y un boquerón en vinagre? Si es de su gusto, póngalo usted. Muchas gracias. No hay de qué, caballeros. A servir. Antes los camareros, ¿verdad don Dimas?, eran mucho más profesionales que ahora. Claro. Es que ser camarero no era cualquier cosa. Camareros los del bar El Racimo de Oro, en Bravo Murillo. ¿Se acuerda? ¡No me voy a acordar!, casi enfrente del cine Cristal, en la esquina de Almansa, con la freiduría a la izquierda y la barra al frente. Yo rindo, antes que rendirme, decía el anuncio de Floid, aquel masaje vigoroso que daban en la barbería. Así es, y también Aún quedan hombres con hombría. Yo Floid. Las mujeres se daban, tras las orejas, con el taponcito del frasco el perfume de Myrurgia. ¿Se refiere usted a Maderas de Oriente, o a Maja, esa colonia que bien pudiera haberse puesto sobre las nalgas la duquesa antes de que Goya la retratase. No, yo me refería a aquel otro que se llamaba… ¿Cómo era? ¡Ah, sí! Orgía, de claras evocaciones hedonistas. ¡Huy lo que ha dicho usted! Calma, calma, que solo era un pensamiento en voz alta. Las moscas son como los jubilados, don Matías. En cuanto empieza el frío se van a Benidorm. Se conoce que no les hace bien el frío. Las moscas, ya lo dijo don Antonio, son voraces y evocadoras. Uno, siempre que se habla de moscas, recuerda aquellas cintas que colgaban del techo en los colmados y en las tiendas de coloniales. La mosca pasaba revoloteando en busca de miel o de migas de bacalao que rodeaban la guillotina y ¡zas!, quedaban, como decía la fábalua de Samaniego, presas de patas en él. Ya, ya; menuda guarrería. Sí guarrería, pero era de lo más efectivo. Eso sí. Ding, dong. ¿Quién es? El Ocaso, señora. ¿Otra vez el de los muertos? Pues sí señora, como todos los años. ¿Pero es que ya ha pasado el año? Sí señora. Así van los tiempos ahora, que parece que vuelan. Eso, siempre se lo digo yo a mi Aniceta, va a ser por culpa del trolebús. Ya no se puede salir ni a pasear por Bravo Murillo. Está todo lleno de trolebuses y tranvías. SuyBalen, SuyBalen, SuyBalen, las camisas que a todos sientan bien… Oiga usted, jubilado, ¿ese Julio Soria que llamaban El Capitán Maravillas era pariente suyo? Pues no le puedo decir. Yo sí que tuve un pariente Julio Soria, pero era ciclista aficionado y luego puso un taller de motos. Pero lo que es luchador de cacht no creo que fuera. ¿Lo dice usted por algo? No, por nada. Más que nada por contar algo. ¡Ah!. ¿Usted cree que Mariano Cañardo era mejor ciclista que Perico Delgado? Pues no sé que decirle. Mariano ganó más de cien veces a lo largo de su carrera, cuando en España no tenían bicicleta más que los carteros y los guardiaciviles. Es que Cañardo era hijo de guardiacivil. Igual le cogía la burra al padre y se entrenaba de Olite a Tafalla. ¿Hace otro blanco? Hace. Oiga joven, ponga usted un par de vasos más, por favor. ¡Marchando! Dos blancos para los señores. Hace un mejillón al vapor. Si es que convidan, cómo no. Pues ahí van dos mejillones. ¿Nos podría usted rociar un chorrito de limón, por favor? Cómo no, caballero. ¡Hágase millonario! por 38 pesetas. Pidiendo, antes de que se agoten, una maravillosa pluma estilográfica americana marca Manatial, tipo Parker 21, plumín oro 14 kilates, y le mandaremos gratis la baraja quinielista con la que rellenará su boleto y acertará los 14 resultados. Oiga, eso eran anuncios publicitarios. Sí señor. Y seguro que estaban asegurados los 14 aciertos. También, para que vean, había una pluma más económica, pero eso sí… no aseguraban ni una quiniela de once. ¡Es lo que tiene la economía, ¿verdad? Ya dice el refrán: el dinero llama al dinero.

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