EL JUBILADO SE VA A LA PUERTA DEL SOL

E52CAB4B-7875-4542-8894-6602BAE31ED7

El jubilado se sube al metro para ir a la estación de Sol. No tiene nada que hacer allí, pero va para hacer bulto. En el metro suben, también, doña Tránsito y don Belarmino. Doña Tránsito trabajó, hace muchos años, en una fábrica de somieres. A doña Tránsito le falta el dedo anular de la mano derecha pues uno de los muelles, al estirar, le rebaño el dedo. Su jefe le compró una colcha de tafetán y le dio 25 vales, que le faltaban, para rellenar la cartilla de Simago. Su jefe se portó muy bien con ella. Don Belarmino, al enterarse del percance le empeñó la alianza de boda.

Como ya no la puede llevar en la mano derecha, para qué la quiere.

También es cierto

Don Bernardino pertenece a clases pasivas de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Don Belarmino nunca fue un ansias con el dinero. De haberlo sido podría haber hecho como aquel don Rafael que acumulaba recortes de billetes y luego, a la noche, en su casa, y alrededor de una mesa de camilla, los recomponía en silencio.

¡Anda que si le llegan a coger!

Ya, dice doña Tránsito; pero no le cogieron y ahí le tienes, con moto de sidecar y todo y no como tu y yo, en el metro.

También suben, aunque ya casi en marcha, don Trifón y su amigo Pacheco, que son novios. Ahora le dicen pareja de hecho, antes… bueno antes no les decían nada, sino que los corrían a pedradas.

Ya, ya, ¿verdad usted que sí? Cuánta ignorancia en cabezas tan impermeables.
Don Trifón está, también, jubilado. Don Trifón se prejubiló debido a unas hemorroides sangrantes que le traían por la calle de en medio.

¿Y pese a todo comía picante?

Pues sí; es que el novio, o sea el Pacheco, es mejicano y le pone ají y pimientos medio venenosos de tanto picante como tienen. Se conoce que también le gusta rascar el bullarengue por el encintado.

¡Jesús, don Dimas!, qué forma de señalar.

Pues sí.

En Ríos Rosas entró don Sebastián Alegrías, que viene de Lloret del Mar, en la provincia de Barcelona.

Dicen, le chismorrea al oído la doña Tránsito, que si ha estado liado con dos francesas con las que hacía las cochinadas en la piscina del hotel ¡Menudo pingo!
Bueno, dice don Belarmino. Habría que verlo. Estos mucho hablar pero ya le ve usted, que si vuelve el hombre, que si anda que no…

En Iglesia montan dos extranjeras. Se sabe que son extranjeras porque llevan maletitas de ruedas y un plano del ayuntamiento. Las extranjeras debe de ser muy listas porque leen su plano en un idioma imposible y, luego, miran al cartel del metro y cuentas las estaciones con el dedo.

¡Qué tías!, dice don Belarmino a su esposa

Repórtate Belar, dice la doña Tránsito, que llama Belar a su esposo en petit comité.

Este, por su parte, la dice Transi y, cuando engorda, Transiberiano. Pero esto, claro, lo dice en voz baja, para que no le oiga.

En la estación de Bilbao entra un joven con una señora mayor. La señora, es elegante, va muy bien vestida y huele a fresas. No es que venga de la compra, no; es que debe llevar alguna colonia o algún perfume de esa fruta. El joven lleva los pantalones rotos por las rodillas. La doña Tránsito le hace un gesto con la cabeza, de desaprobación, a su marido.

Será guarra, dice. Mira como lleva al niño. Esa, por las pintas que tiene, no ha remendado una rodilla en su vida.

Calla mujer, le dice don Belarmino. Que ahora es moda. No ves a las presentadoras de la televisión. Todas van así, con las rodillas rotas. Debe ser que, como están tan huesudas, se les salen las tabas por el roto.

¿Tu crees?

Pues sí; ya lo creo.

La mujer que huele a fresas se enrosca al niño como una bicha y le pega un tiento que para qué.

Anda, dice la doña Tránsito, si no son madre e hijo.

Eso para que saques conclusiones, le dice el don Belarmino

En Tribunal se apea el jubilado y se llega andando hasta la Puerta del Sol. La alcaldesa, se conoce que como no es festivo, deja subir y bajar por la misma calle a los ciudadanos. Lo que aún no ha hecho la alcaldesa es educarlos. Si caminasen por su derecha no haría falta policías-pastores para conducir al rebaño de las rebajas de un Corteinglés a otro. El jubilado se baja de la acera para no reñir con los que le vienen a contramano. En lo que en su momento fue la calzada cagan todos los perros de España y nadie lo recoge. Se conoce que son dueños de perro que no andan en Internet. Porque los que andan en Internet, como bien sabemos todos, lo recogen todo, todo y todo.

En la calle de la Montera el jubilado descubre que hay un microclima.

¿Y eso?

Pues porque algunas señoras están tomando el sol en las esquinas con poca ropa.
Anda, claro. Pues va a ser por eso.

El jubilado se sienta en la plaza para ver cómo los catalanes ofrecen su documentación a los paseantes.

¿Cómo que los catalanes? ¿Pero es que no ve usted que son sudamericanos?
Pues es que como van vestidos de amarillo, me pensé que eran independentistas. Además, como llevan puesto en la espalda eso de “compro oro” pues que pensé que era para llevárselo a Andorra.

Oiga, dice un jubilado que pasa en esos momentos.

Dígame.

Pues que se levante usted de ese asiento y me deje, que soy jubilado.

¡Toma!, y yo también. ¿Por qué debería yo cederle el sitio?

Pues porque tengo una prótesis en la cadera

Y yo otra

¿En la cadera?

No señor. En la boca. Mire usted. El jubilado se saca su dentadura postiza y el jubilado de la prótesis de la cadera se marcha al trote.

¡Será marrano…!

Anuncios

Una respuesta a “EL JUBILADO SE VA A LA PUERTA DEL SOL

  1. La Aguela

    Lamentablemente no puedo dar mas estrellitas, con lo cual no puedo decir otra cosa que, a pesar de ser reiterativo, MAGISTRAL, hermano, MAGISTRAL.