UN VERANO EN LANGA DE DUERO

Un airecillo fresco, casi gélido, hace sonar el rumor marino, como de caracolas, en las altas copas de los chopos. Se palpa el frescor del amanecer a lo largo de los escarchados huertos. Los tomates, esos gordos y golosos tomates que esperaban un último hálito de calor, el último rayo de sol del verano, han amanecido helados y relucientes como perlas verdes. Las tierras secas, que ayer tan solo eran un festival de colores –el verde de la alfalfa, el amarillo del girasol, el rojo de la amapola- se han puesto hoy el traje de invierno. Un traje que es del color pardo de la estameña franciscana. El cielo está azul. El cielo está de un azul velazqueño, límpido y brillante como el manto de la Purísima. El terruño volteado y al aire, como un muerto mal enterrado, espera la sementera y la lluvia que está tardando en llegar. ¡Triste sino el del agricultor, la mitad de la vida rogando y la otra mitad maldiciendo a ese cielo diáfano, extenso, sin nubes!A la vera de las huertas corre un Duero menguado. Un Duero triste; desaguado; cubierto, en su mayor parte, de carrizales, espadañas y juncales. Un Duero lleno, en su mitad, de verdín y ovas que arrastra el escaso curso de río otrora importante. Un río cuyos márgenes sucios y descuidados denuncian la insidia de unas autoridades a las que importa una higa tanto el río como su discurrir. Un Duero que ha perdido, como yo perdí a mi abuela, a sus pescadores de bogas, a sus pescadores de cangrejos, a las niñas bonitas que, como en los cuentos, ya no pueden asomarse a la orilla a mirarse porque están sus orillas infectas y llenas de carrizos, de zarzas, de viejas ramas sueltas.

Algunos chopos han perdido ya sus amarillos ropajes del otoño. El castaño está también amarilleando y los saúcos negros están bien crecidos. En la chopera ya no canta el grillo, que se metió en su grillera al aparecer el primer frío. Ahora silba el mirlo, salta la picaraza, pasta el corzo y toman el sol las garzas verdiazuladas. Esas garzas que cazara en el Duero y en su arroyo subsidiario, el Valdanzo, el infante don Juan Manuel, perito en cazas y literaturas. ¡Ay de aquellos reyes e infantes de España que eran mando y cultura a partes iguales!

Álamos, sauces, chopos, mimbreras, abedules, fresnos, olmos, arces, tilos, algún negrillo… Espinos, zarzas, endrinos, majuelos, rosales donde sus frutos brillan por la acción del resol de la amanecida; rojos, negros, verdes, colonizados de pájaros de todo trino: jilgueros, gorriones, verderoles, pardillos. En el alto cielo vuelan, o se mantienen suspendidos, abantos y águilas; halcones, cernícalos y aguiluchos

Se acabaron los meses de verano, que este año han sido tres, en Langa de Duero. Noventa días de paseos, día a día, hasta el Mochín, ya lejos de Langa y camino a Soto, por la granja de Alberto y Visi. Paseos junto al río, entre huertas y tierras de regadío. Tierras por las que ya no corre el lebrato, ni vuela la codorniz, ni canta la perdiz, ni se asoma la abubilla. Tierras por las que ya no carea la oveja, ni pasta la vaca, ni ramonea la cabra. Tierras que este año han visto poblarse de preciosos girasoles que, con el final del verano, han perdido sus colores, su magnífico porte convirtiéndose, al final del estío, en secaruzas varas de difíciles genuflexiones como japoneses enjutos y serviles.

El jubilado ahora, como la cigüeña que lleva la bicha en el pico, como el pato de mil colores que nada el restaño del río, como la gentil y graciosa garceta que toma el sol entre los cañaverales, migra al llegar el invierno hacia el sol de Cádiz, el calor del Levante, a la invernal recalada en su rada madrileña. El jubilado, eso sí, se lleva el corazón lleno de Soria y lleno de Langa. Lleno de los buenos amigos que aquí quedan, como la propia casa -casa ferroviaria-, a la espera de san José; a la espera de que medie Marzo, para volver, nuevamente, a recorrer el Duero como cada día; a disfrutar del paseo hasta el Mochín; del refrescor de sus noches de verano y del canto nocturno de las cigarras. El jubilado, bien lo sabe, será de nuevo bien recibido. Amén.

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2 Respuestas a “UN VERANO EN LANGA DE DUERO

  1. La Aguela

    La espera siempre merece la pena si al final el resultado es, como este relato. Grande hermano GRANDE.

  2. Pedro Requena Ruiz

    Que bonito.