EL FANTASMA DE DON TRIFÓN

fantasmas

En aquella casa palacio del siglo XVII no había un fantasma al uso. En aquella casa palacio el fantasma era el de don Trifón Añusgo López de Chicherón, Ronquillo de Las Navas, natural de Navas de San Juan en la provincia de Jaén. Ronquillo de Las Navas fue, en mejor vida que la que ahora arrastra, palmero de Castañero de Úbeda, cantante de jondo en las ventas y tabancos de Jerez de la Frontera. El don Trifón Añusgo López de Chicherón, o sea, Ronquillo de Las Navas, había muerto a resultas de un sifonazo que le atizó una vedette de la compañía de Marujita de Entrevías en una noche de vinho verde y calor y entre palmas y tango la fue enredando, etcétera etcétera…

¿Pero oiga don Dimas, eso no es una estrofa de María la Portuguesa?

Pues sí, pero me ha venido al pelo para explicar el enredo del sifonazo.

¡Ah!, usted perdone

Esta usted perdonado. El caso es que don Trifón andaba en el jaleo propio de una taranta, que si tras, tran tran tran tran, taca, taca, tan y dale que te pego y entre palma y jaleo pellizcó a la Saray, quien, en realidad, y por dejar las cosas en su sitio, he de señalar que se llamaba Tiburcia Mondejar, en salva sea la parte o rulé, que también se le dice. La Saray, o sea, la Tiburcia, que era de natural burra le arreó tal sifonazo que le abrió la cabeza como si fuera una sandía de Illescas.

¿Es que son buenas las sandías de Illescas, don Dimas?

¡Cómo que buenas…! Las mejores.

¡Ah! Siga, siga

Sigo, sigo. El caso es que Ronquillo de Las Navas resultó occiso que es como se dice en los certificados de defunción a los muertos. El ventero, Grabiel, y no Gabriel como usted podría sospechar, dijo que a él no le cerraba el local ni la guardia civil ni el juez de guardia y encerraron al Ronquillo en la casa del siglo XVII objeto, posterior, de sus apariciones. Al parecer, y según dicen, esta casa, que era palacio de los Terrón de Acuña, carlistas e insurgentes, a partes iguales, de cuando el tío Tomás, o sea, Zumalacárregui, se ha convertido, ahora, en turismo rural y el Ronquillo, según cuentan, se aparece a los clientes en medio de la noche tocando palmas y cantando aquello de lerele-rele-rele, tran, tran, tacatacatrán y diciendo: arsa, compare, ezo zon tanguiyho y no lo que ze canta en Zeviya.

¿Y los albergados qué dicen?

Pues mire usted, que diría Mariano, los albergados, al principio y como es natural se quedaban un poco así, como descolocados, pero el actual propietario de la casa rural, para que no se espanten, los deja una botella de fino y un plato de jamón en el salón, junto al televisor, y cuando el Ronquillo se lanza por peteneras, ellos empiezan a bailar y a darle al aperitivo y se lo pasan de bigotes.

¿Pues qué bien, verdad?

Ya lo creo. Fíjese que ahora, como se está publicitando en el periódico no hay fechas libres, al menos, en dos años. El nuevo propietario del palacio hasta le ha cambiado el nombre al palacio y ahora, en lugar de Palacio de los Batanares, que era el nombre verdadero y no de los Terrón de Acuña, se llama Venta del Ronquillo y está petándolo en el internet.

Es que, un negocio así, sabiéndolo llevar, ¿verdad don Dimas?

Ya lo creo. Ahora, para cerrar el círculo, el nuevo propietario, que es un lince, está en tratos con los herederos de Carnicerito de Perlora, el último torero asturiano, que murió de un garrotazo, por no saber descabellar, en la plaza de Tomelloso, para comprarle el cadáver y llevarlo al palacio. El fantasma del torero, si es que acude al llamamiento del palmero, puede ser un pelotazo para el turismo. ¿No cree usted?

Ya lo creo, don Dimas. Ya lo creo. Y es que hay gente que parece que atrae al dinero.

La juventud de ahora, don Matías, que es la más preparada de la historia de este país que antes se llamaba España.

Así es, don Dimas. Así es.

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3 Respuestas a “EL FANTASMA DE DON TRIFÓN

  1. La Aguela

    Pues nada, que digo yo que,,,,,,,,, visto lo visto estas Navidades me voy a ir a la Venta del Ronquillo con alguna novia, a ver que tal y tal, porque a las Navas no voy que hay cuestas arriba.
    Se vende caro Don Matías, se vende caro.

  2. Pedro Requena Ruiz

    Muy bueno lo del ronquillo de Navas.

  3. A Las Navas no voy porque estoy cojo, pero a sus tabernas poquito a poco. No sabe usted ná, tía vieja