EL HOMBRE Y LA MUJER OBJETO

GUARDIA URBANO 1

Don Termópilas Badajo Expósito fue, mientras le mantuvieron en el cuerpo, cabo de gastadores de la policía municipal de Cabra, provincia de Córdoba. Don Termópilas Badajo Expósito, se conoce que por aquello del primer apellido, acaba de dar la campanada al ser despedido por zafio y machista. Circunstancias que, si bien no resultan agradables, juntas deben de resultar tan impropias para un guardia urbano que han dado con él en la cola del IMSERSO.

Don Termopilas Badajo Expósito encontró, compungido y en un mar de lágrimas a un sujeto sin identificar que dijo llamarse Florián Lupescu, natural de Timisoara, en el distrito de Timist y en la región de Banat, Rumania. El tal don Florián, al parecer, y según el informe dado por don Termópilas a sus superiores, presentaba tal mierda de tinto que no sabía, a ciencia cierta, dónde se encontraba. El cabo, comandante de puesto, de la guardia municipal de Cabra, en la citada provincia de Córdoba, tachó, con lápiz rojo, la palabra mierda y puso: el ciudadano había ingerido vino en proporciones que ignoraba la razón que, como puede suponerse, es mucho más descriptivo y sano que poner mierda.

Oiga, don Dimas, ¿y lo de machista?

Pues lo de machista, don Matías, se lo ganó a pulso el don Termópilas dado que el rumano, al parecer, había perdido a su esposa de vista y al guardia no se le ocurrió cosa mejor que enviarle al Departamento de Objetos Perdidos. Las feministas de la localidad, al enterarse de la ocurrencia del don Termópilas bloquearon la entrada de la comisaría y se manifestaron al grito de “Termópilas, machista, eres un fascista”.

El que el ciudadano Lupescu hubiera perdido la razón, la orientación y hasta la señora son circunstancias que, a cualquiera que beba puede sucederle. Pero lo que ya no es de recibo es que una autoridad, máxime cuando viste uniforme (¡y qué uniforme, oiga!) con su sombrero de salacot, su chaquetilla blanca y sus correajes de charol, puede pensar que la mujer, en su conjunto, o de una en una, es un objeto, ha dicho en un editorial muy sensato y sesudo La voz de Cabra (que por cierto, podría titularse, perfectamente, El balido, que no El chozpido, dado que chozpar, pese a lo que digan algunas fuentes, es saltar, brincar o dar chingoletas con alegría, pero no una voz).

Don Termópilas, más concretamente, don Segismundo Bobo Jurel, su abogado, ha alegado, con mucho fundamento, que los objetos, los oficios y las sensaciones, y con mucha más razón las personas, deben de nombrarse, no describirse porque ello no conduce sino al empobrecimiento de la lengua. Y ha puesto un ejemplo: al león se le debe llamar león y no félido carnívoro, rey de la selva. Cuando la palabra -ha redundado don Segismundo Bobo Jurel- se suple por frase que quiere significar lo mismo, la lengua recibe un duro golpe del que, malamente, ha puntualizado, suele salir airosa. Al practicante, señoría, dijo mirando fijamente al señor juez, se le dice ahora ayudante técnico sanitario; al criado, empleado del hogar, aunque trabaje en una segunda vivienda; al maestro -¡ya ve usted!- profesor, cuando no enseñante, como si fuera una pilingui y al cura, y si no al tiempo, acabará llamándosele perito en misas, cuando no ingeniero técnico de obispado. No, y mil veces no, señores miembros del jurado; don Termópilas actuó como debería hacerlo cualquier español: defendiendo el idioma patrio. Ese idioma que nos une y que es el segundo en importancia en el mundo y que, de producirse el brexit y seguir el señor Trump haciendo esos discursos, igual nos lleva al liderazgo. ¿Es que el señor letrado de la parte contraria quería decir, con que la señora de Lupescu era una perdida, que se trataba de una golfa? No, señores. El letrado de las señoras feministas lo que quería decir es que había extraviado a su esposa y, por ello, envió a don Florián al departamento de objetos perdidos, no porque piense que una señora es un objeto.

La ovación de los asistentes fue de las de época. El señor juez, que era algo quisquilloso con la aplicación de la Justicia, mandó callar a los espectadores que, una vez don Termópilas fue absuelto, le sacaron a hombros hasta la comisaría donde, el sindicato de guardias municipales de Cabra, provincia de Córdoba, convidó a la concurrencia a un vino español y donde se bridó por la lengua, por el señor Bobo (aquí parecía que había algo de coña) y por el guardia Badajo, quien cumplió con su obligación incluso más allá de donde el deber le obligaba.

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3 Respuestas a “EL HOMBRE Y LA MUJER OBJETO

  1. Pedro Requena Ruiz

    Muy bueno

  2. Tú sí que eres bueno, Bufi

  3. La Aguela

    Bueno, pues muy bien si señor, hoy ya he aprendido algo “chozpido”, ya me voy a acostar, no sin antes agradecerle lo bien que ha empezado Ud. esta temporada literaria, más vale tarde ……….
    Muy bien hilado el relato y muy educativo.