DON PERFECTO Y EL CICLO DE LA VIDA

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¿Qué sabe usted, don Matías, del ciclo de la vida?

Pues no mucho, don Dimas. Yo sí que sé, por ejemplo, de Ciclos Carmona, que estaba en la calle de Bravo Murillo y se dedicaban a la reparación y alquiler de velocípedos, en general. También, aunque no lo crea, de Ciclos Ezquerra, que fue ciclista profesional, pero del ciclo de la vida, don Dimas, estoy más bien pelado.

¿Pero este Ezquerra, que era algo cojo, no era cajero en la fábrica de la luz?

No; ese era otro.

Don Perfecto Garagoitia Urquiri abandonó, una tarde, la verdura de Llodio para trasladarse a la agreste altura del Tibet enfundado en una sabanilla de color azafrán. También, y por el mismo precio, abandonó el catolicismo que le había acompañado desde su más tierna infancia y decidió hacerse monje tibetano. Por abandonar abandonó hasta la perfección de su nombre y pasó a llamarse Tse Tse Mut, que suena a mosca cojonera y significaba Bolsita de roiboos recién ordeñada para sacar todo su sabor. ¡Los hay como mantas!

Ya lo creo, ya.

¿Y cómo viajó hasta el Tibet?

Pues un pie, tras otro, desde Fuenlabrada, donde vivía en un piso tercero interior, con vistas a un tendedero que era de lo más siniestro. Para mí tengo que al Perfecto, o sea, a Bolsita, etc. lo que le ablandó el pensar fue esta vista. El caso es que se aprendió lo del ciclo de la vida y se pasó la mitad de ella, por esos caminos del señor –del señor Buda, claro- revelando a los infieles la verdad sobre la reencarnación y denunciando la violencia contra los hombres y las pequeñas cosas que los rodean.

La vida, y sus ciclos, es cuestión de mucha confusión y dificultad. Algunos, incluso, pierden su vida intentando aclararlo y, Bolsita, o sea don Perfecto, no fue ajeno a ello. Una tarde, estando rezando bajo un nogal sintió un fuerte dolor de cabeza. Ya se sabe que bajo el nogal no se puede rezar, así como no se puede echar la siesta bajo un desmayo, por el mismo motivo y no se puede holgar, con mujer ajena, bajo las provechosas ramas de un níspero. El caso es que el don Perfecto –ya menos Bolsita y más Perfecto- se enamoró de una señorita que trabajaba en el teatro de La Latina. La señorita era la Ulogia, en la cédula Eulogia, claro y que trabajaba no de cupletista o de cómica; no, sino en los urinarios o excusados, por decirlo más finamente.

¿Y si abandonó la religión a qué se dedicó, don Dimas, si puede saberse?

Pues montó un negocio de bujes de bicicletas y trabajó, en exclusiva para Ciclos Carmona con lo que, como le decía al principio, cerró su ciclo de vida. Vamos, eso era lo que él pensaba. Ocurre, que el hombre propone y Dios, Nuestro Señor, dispone y el don Perfecto, que ya había recuperado su nombre, sus trajes y hasta su pelo –que anteriormente se lo afeitó dejándose una medio coleta- y montó, en paralelo a lo de los bujes, un negocio en el Rastro de compra y venta de pan duro.

¿De compra venta de pan duro? ¿Y para qué sirve eso, si puede saberse?

Mire que es usted ignorante. Con sus años… El pan duro se compra por una cantidad infame pero, posteriormente y tras rayarlo, se vende en los bares y restoranes a precios escandalosos para hacer croquetas y hasta albóndigas.

No me diga.

Pues sí que le digo.

El don Perfecto, metido en esto del pan duro, ganó hasta para un haiga y para sacar del retrete, dicho sea con perdón, a su Ulogia. Había que verla a ella hecha un señorón, con su gabán de nutria de segunda mano y sus zapatos de charol. Y es lo que ella decía, un hombre, cuando menos beba y más le dé al magín más probabilidades tiene de salir adelante.

Eso sí que es verdad, don Dimas.

Y tanto.

Lo que ocurre es que no siempre, la vida, es justa con las personas y, con el don Perfecto y la Ulogia no iba a ser distinto. Con el tiempo el matrimonio matrimonió, que es lo que debe ocurrir cuando la salud y el calor de la siesta se unen en un ciclo de vida y de esos calores interinos y uterinos vino a nacer un varón, el Segis, apócope de Segismundo, que puso un negocio de estopa para grifos y se gastó lo de los bujes y lo del pan duro en bailes y boites. El Segis pensó que podría ser bailarín profesional porque una tarde, en la verbena de la Paloma, ganó un concurso de Bimbó y quedó segundo en el de yenka.

Es lo que tiene la fama, don Dimas, que eclipsa todos los ciclos de la vida convirtiendo estos en círculos viciosos.

¡Joder, qué frase! ¿Se le ocurrió a usted solo?

No señor; era de T.S. Elliot.

¡Ah, claro, se comprende! Pero ha hecho usted muy bien en traerla aquí.

Gracias.

No hay de qué.

Entonces, don Dimas, el Segis se gastó todo lo que el don Perfecto había conseguido a lo largo de una vida de éxito, en lo profesional ¿no?

Pues sí, así fue. Al final y esto, por favor, no lo cuente usted por ahí, se enredó, de mala manera, con una señora que estaba al punto, como las camionetas de mudanza, en la esquina de la calle de Valverde y se marchó a Suiza, donde, según me cuentan, acabó metido en un loquero porque iba por las calles bailando y asustando a las suizas que, para esto, son muy suyas y muy circunspectas.

¡Ya lo creo!

¿Y del don Perfecto y la Ulogia, qué sabe usted?

Pues que volvieron a Llodio donde, con un préstamo de la Kutxa, compraron un caserío y ahora, a la vejez, se pasan el día ordeñando vacas y haciendo quesos.

¿Eres feliz, le dice la Ulogia, habiendo cerrado tu ciclo vital?

Mucho, Ulogi. Ya ni me acuerdo del tendedero de Fuenlabrada.

La vida, don Matías, es un círculo que, unas veces se cierra completamente lleno y otras vacío. A estas últimas se le llama circunferencia y se diferencia del círculo en su nadería interior o vida vacía. Si el círculo no se cierra, que es lo que pasa la más de las veces, se llama línea recta o vida aburrida o curva o vida perdularia, según el recorrido. Pero esto, que no es lo mío, no sabría explicárselo. Mejor lo dejamos para otra tarde.

No sabe, don Dimas, cuanto le agradezco yo sus sabias explicaciones.

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2 Respuestas a “DON PERFECTO Y EL CICLO DE LA VIDA

  1. CADA VEZ ME HACES REIR MAS.

  2. La Aguela

    En primer lugar me gustaría que aclarase eso de, “no se puede holgar, con mujer ajena, bajo las provechosas ramas de un níspero”, no vaya ser que el diablo enrrede.
    Y en segundo término decir que, su último párrafo tiene mucha enjundia y filosoficamente muy acertado.
    Vaya Don Dímas, que ha estado Ud………….sembrao.