MARZO, MES DE NARCISOS

narcisos

Doña Perfección Arroyo del Río es la mujer más limpia, más cabal y más decente de la Unión Europea y de los países confluyentes y hasta de los que se separan votando el brexit. Doña Perfección Arroyo del Río es tan decente y tan limpia que la dicen Lejía Conejo. A doña Perfección, cuando joven, la seleccionó un jurado popular para el título de Miss Alto de Extremadura pero, como sus padres eran tan rígidos en lo relativo a la moral y las buenas costumbres no consintieron. ¡Faltaría más!  A la doña Perfección Arroyo del Río se lo dice siempre su esposo: mira Perfe (don Braulio Pardillo Angarillas, el esposo, la decía Perfe en la intimidad del tálamo) otras serán más lucidas y más aparentes, no te digo yo que no. Algunas, hasta tendrán las uñas de color rojo y la bata de andar por casa de faralaes, incluso tendrán el pelo mechado, como la aleta de ternera que hacía mi santa madre el día después de la Pascua de Resurrección, pero lo que viene siendo limpia y decente y sabia como tú… ninguna. Vamos, que el día que naciste, don Jesús Cristo, en el Cielo, rompió el molde y se acabaron las copias para siempre jamás.

El don Braulio, que era, allá en su pueblo, gañán de mancera se vino a Madrid pese a que manejaba la esteva como nadie y tenía, a lo que se ve, un piquito de oro. Un piquito de oro para encandilar a su Perfe como no se había visto hasta entonces. Don Braulio, los sábados a la tarde lleva a la doña Perfección a tomar chocolate con churros al pasadizo de San Ginés. La doña Perfección moja el churro –con perdón- de una forma muy estudiada y fina. No, ¡hala, hala!, como las locas; no. Lo moja de forma disimulada, como si no quisiera hacerlo y, luego, cuando ha terminado su media ración de churros, bebe el chocolate que le queda en la taza a sorbitos y levantando el dedo meñique con estudiada pose, como le enseñaron en su casa, que era una casa muy decente, muy limpia y muy cabal, como ella misma. Al don Braulio lo que de verdad le hubiera gustado es sacar a la doña Perfección a Villa Rosa, a escuchar flamenco pero, como había tanto enredo en el local no se atrevía.

La doña Perfección, como es normal y lógico, cuando el don Braulio Pardillo le decía esto se implaba como una pava real y, si no ponía la colita en forma de abanico multicolor, es porque era la pava más decente de todas las pavas del corral ajeno y hasta del Corral de la Morería.  Doña Perfección, cuando salía de paseo, enjaezábase ricamente como mula de canónigo con cinco parroquias: los oros en los dedos, los zarcillos brillantes en las orejas y, por todo el cuerpo, las cenefas y hasta, los domingos, gastaba un traje sastre de terlenka reluciente y planchadito con todo mimo y cuidado. La doña Perfección, en todo momento, y no solo cuando salía a la calle olía que daba gusto a pastilla de jabón Heno de Pravia y a colonia Joya de Myrurgia.

Servidora de ustedes, solía decir doña Perfección a las visitas, es tan decente, sabia y honrada que hasta cuando paso debajo de un andamio los albañiles, en lugar de echarme piropos se persignan.

Sí, sí; decían las visitas que no eran sino figurantes en paro que cobraban veinte duros por media hora de hacer el papel de visita. Las visitas, ya digo, se levantaban y, entre bandeja y bandeja de galletitas saladas, torraos y chochos -con perdón de la expresión- hacían la ola como en el fútbol. Menuda era doña Perfección Arroyo del Río en esto de ser limpia, cabal y decente.

Lo que no sabía doña Perfección Arroyo del Río, pese a ser una mujer tan  limpia, tan sabia y tan decente, es que los narcisos, con ser bellos y conspicuos también se ajan y encuentran, en una mala tarde, a su Némesis particular que lían a las señoras sabias, limpias y cultas y que, al asomarse a la infecta charca donde sapos, ranas, culebras y otros bichos aún más asquerosos todavía habitan, las hunden en su cieno como se hundió, aunque de manera voluntaria, aquella Alfonsina de la afamada zamba. La mismísima Alfonsina Storni que se fue vestida de mar a jugar con las caracolas y los hipocampos de la mar océana.

Pobre doña Perfección, ¿verdad usted que sí, don Dimas?

Ya lo creo, don Matías. Ya lo creo. Con lo limpia que ella era, y lo decente y lo sabía que era y ahora cubierta de lodos como los pecios de los barcos del virrey de las Indias.

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4 Respuestas a “MARZO, MES DE NARCISOS

  1. Otra mentira, mira que decir que los albañiles se presignavan. lo que le decian era ven aquí chata que te voy ha hacer la reina de Lavapies.
    Mira me ha gustado tanto que lo he leido tres veces.

  2. Ya sabes, Pedro, que yo solo miento cuando digo la verdad.

  3. Pues sí, Àngel escrie con tanta soltura y arte humorístico, qué es un placer leer sus cosas , una y otra vez.Saca la sonrisa, bueno la carcajada y en todo lo qué nos cuenta existe ese poquito de verdad y guasa, qué sólo Él sabe expresar.

  4. La Aguela

    Después de tantas lisonjas, nada más que decir. 😀