LO QUE DA DE SÍ UNA BACALADA…

bacalao

Cuando la Anselma Muñomer Nicolete llamó al padre Estanislao para administrar el viático a don Higinio Comín Cirujanos, quien ya no podía ni con el peso de su propio cadáver, no se imaginaba cómo se lo iba a tomar éste. La Anselma le dijo al cura que se trajera, al paso, lo preciso para casarlos en artículo mortis. El artículo mortis, como muy bien explicaría don Francisco Maganto, el abogado, es aquel en el de que uno de los contrayentes está en peligro de muerte o próximo a ella y, por su especial situación, la ley autoriza a omitir inicialmente determinadas formalidades exigidas, normalmente en las bodas. El padre Estanislao, que era el cura de la parroquia de la Anselma casó a esta con don Higinio y, a posteriori le administró el viático.

Los curas, como los secretarios de juzgado, hacen lo que les mandan, ¿verdad don Dimas?

Ya lo creo, don Matías. Bastante tienen con su ministerio como para enredarse en los de los demás.

Y tanto.

La bacalada seca de Portugal tiene cinco cortes, a saber: el lomo, las dos ijadas, la cola y el vientre. El resto se emplea para dar sabor a las patatas con bacalao. El lomo es para el pil-pil; las dos ijadas para la vizcaína y la cola y el vientre esta indicados para hacer tortilla, croquetas y otras sabrosas tapas. También, con cualquiera de las partes, se puede hacer el rico marmitako de bacalao.

Las ovejas y los corderos de Langa de Duero, en la provincia de Soria nunca tienen frío. Las ovejas y los corderos de Langa de Duero, en la provincia de Soria, se abrigan con su propia lana y con la proximidad de sus congéneres. También se abrigan con el propio viento que viene del Moncayo, con el trotecillo cansino de los perros que las mueven de un lado para el otro y, por qué no, con algún cantazo que el pastor arrea de vez en cuando.

La malvasía es una uva blanca –ahora también la hay tinta- que procede de Grecia o de Asia, vaya usted a saber. En un tonel de malvasía murió ahogado el duque Jorge de Clarence, hermano de Eduado IV, en la Torre de Londres. Ellos dicen en un butt de malmsey, claro pero es que no saben hablar como Dios manda. John Falstaff, aquel gordo festivo, cobardón, vanidoso y pendenciero de don Guillermo Shakespeare vendió, por un vaso de malvasía y el muslo gordo y lubricado en salsa pepitoria, su alma al diablo.

La Anselma Muñomer Nicolete, cuando el padre Estanislao la preguntó si quería como esposo a don Higinio Comín Cirujanos dijo que sí, que vale, que bueno. Que cómo no le iba a querer después de cuarenta años viviendo en pecado, como una mora porque él, el muy burro, no era partidario de gastar en el convite ni creía en la institución del matrimonio. El padre Estanislao le dijo que dijera solo que sí para abreviar pues el artículo mortis no prevé tiempos extra ni prórrogas, como el fútbol.

El frío en Langa de Duero, en la provincia de Soria, no es como el frío de Motrico, en la provincia de Guipúzcoa, que es húmedo y se te coge a los huesos, no. En Langa de Duero, en la provincia de Soria, el frío es seco, como en la estepa rusa y la cencellada y los hielos son de lo más común pero luego, como no hay mal que cien años dure, sale un sol brillante, límpido y cálido de lo más abrigador y sereno.

El bacalao de Portugal que ha traído don Dimas se lo sirvió, trozo a trozo, el Spirito Santo Vasconcelos Vilarelho, un portugués de Portimao, en El Algarve. Había que ver a don Dimas vigilando al Spirito Santo mientras –chás, chás- cortaba los trozos de bacalhao con la guillotina de mano. El Spirito Santo Vascancelos Vilarelho está casado con la Fátima Agostinho Farias que gasta bigote y es guía en el museo del azulejo manuelinho. Tienen siete meninos: el Agostinho, Aguinalda, Aldino, Amavel, Andreia, Apolinaria y el Assunçao, que es pelirrojo y les salió medio lelo. Cuando iban a empezas con la letra be la señora Fátima y el Spirito Santo se cortaron la coleta.

Los portugueses del sur de su país guardan las cenizas de sus muertos en cajas de dulce de membrillo de Puente Genil, España. Son cajas de lata, con una virgen o una flamenca de mantilla y abanico que dice La Andaluza, dulce de membrillo. Matías Jurado Arroyo, que es el propietario de la sociedad que enlata el membrillo.

Y esto, don Dimas ¿por qué lo explica tanto?

No, es por si algún lector confunde al dueño de la lata con el fabricante.

¡Ah, claro!

La Anselma Muñomer Nicolete mandó servir al padre Estanislao, una vez administrado el viático a don Higinio Comín Cirujanos y celebrada la boda en artículo mortis, una jícara de chocolate y más de media barra de pan frito. El padre Anselmo, cada vez que cogía un picatoste decía aquello de: este y no más, querida Anselma. Y lo hago por su felicidad, porque al fin ha casado usted con este cafre ateo y descreído.

Gracias, padre, le decía la Anselma. Ahora ya me puedo morir tranquila.

No, Anselma, si quien tiene que morir tranquilo ahora es don Higinio. Usted aún tiene que correr lo suyo. No sabía el cura cuánto de premonitorias tendrían, al cabo, estas palabras.

En Bielorrusia, más concretamente en la ciudad de Borisov, hay una fábrica de consoladores para atletas rusas. Los consoladores de Borisov son de tungsteno, silicio y manganeso y, puestos al aire de la taiga, refrescan lo suyo las partes internas. Al tungsteno también se le llama volframio o wolframio, sobre todo en El Burgo de Osma que son muy puntillosos con esto del idioma. Los consoladores que se fabrican en la ciudad de Borisov son sólo para atletas de lanzamiento: peso, martillo, disco y jabalina. Al resto de las atletas también se le facilitan consoladores pero comprados en el chino de la ciudad que son de plástico y, aunque de vez en cuando dan descargas eléctricas, son mucho más económicos que los de los lanzadores.

Pues vaya discriminación ¿no le parece?

No crea. No es lo mismo tirar un peso que saltar una valla.

Claro. También es verdad.

Para las corredoras y saltadoras los bielorrusos han encargado a Listerine unos supositorios que, una vez que son enguillos por su espacio natural y al tacto, hacen que las atletas corran como gacelas.

¡Qué tíos los bielorrusos! Y eso, claro, no da positivo en el analís.

Claro, claro.

Para sanar de la blenorragia se necesita cocer una matita de yerbabuena en un caldo corto de gallina. Luego se echan diez o doce mollejas de pollo, un par de zanahorias y media docena de huevos duros. Se tiñe una estameña ligera de algodón con el caldo de todo lo antedicho y se hace un escapulario que hay que llevar colgado desde el día de san Palemón, abad de la Tebaida hasta el día de santa María Dominica, fundadora de las Hijas de María Auxiliadora. Evidentemente mientras se lleva al cuello el escapulario no se puede ir a putas ni correr la maratón de Alcobendas, por mucho que el escapulario parezca un dorsal de maratoniano.

El Cristóbal Murriano es enterrador y acomodador del cine Chueca, en Madrid. El Cristobal Murriano  tuvo una vez un encontronazo con el Andrés Avelino, un alcarreño medio gigoló que usaba los palcos del cine como picadero.

Oiga usted, tío guarro. Súbase inmediatamente los pantalones y quítese usted ese sombrerito de fieltro verde que parece un tirolés cagando.

El Andrés Avelino, que tenía mucho mano con el encargado del cine y le pasaba, de vez en cuando, gratis al estadio Calderón, donde era acomodador, se encaró con el Cristóbal y se puso gallito. El acomodador se marchó ofendidísimo y, el Andrés Avelino, volvió a bajarse los pantalones y reanudar sus gimnasias.

A estos tíos chulos hay que sentarles las costuras, dijo el Andrés Avelino a su partenaire que continuaba tapándose la cara con el velo de la novena.

Diez minutos más tarde reapareció el Cristóbal Murriano armado, esta vez, con el extintor del ozonopino Ruy-Ram con el que roció a la pareja.

Ahí tenéis, marranos. Para ver si os seguís enguilando en mi palco.

¡Qué tío, qué manera de regar a la pareja con el ozonopino!

La Anselma Muñomer Nicolete, de acuerdo con el padre Estanislao contrató los servicios de seis plañideras y llamaron a velatorio a los amigos y compañeros del casino de don Higinio quien, estaba a punto de entregar la cuchara. En la habitación donde estaba el precadáver se agolpaban las lloronas profesionales y el resto de amigos que contaban sus chistes y chascarrillos primero en voz baja y, más tarde, a voz en cuello. El padre Estanislao, vestido de calle y con estola negra con letras griegas y latinas en dorado, echaba sus responsos y bendiciones. En una de estas don Higinio tosió como si fuera su último aliento y salió despedido, de su garganta, un hueso del costillar de un cordero que, por su tamaño, podría ser de cordero pascual. Un hueso, ya digo, que le pasó rozando al padre Estanislao y que fue a estrellarse contra la luna del armario ropero haciéndole una avería en el azogue. Don Estanislao se incorporó y miró para las plañideras que, en aquel momento, estaban en el punto álgido de su actuación. A continuación miró al padre Estanislao y a los compañeros del casino.

¡Pero este circo qué coño es!, dijo a voz en cuello

¿Usted sabe, don Dimas, cómo quedó anoche el Atlético de Madrid contra el Las Palmas de Gran Canaria?

Pues no señor. Cuando fui a verlo en el Telediario estaban echando un campeonato de niños cocinando.

¡Ah!, pues sí que lo siento. ¿Y el Córdoba contra el Alcorcón?

Ese tampoco me lo sé.

Bueno, no se preocupe.

En la línea que separa los campos de Segovia de Madrid, por el Guadarrama, se levanta la montaña que dicen La Mujer Muerta. A la cabeza se la conoce como el Pico de la Pinareja; al pecho como Peña del Oso y a los pies el pico de Pasapán. En las faldas y valles de la Mujer Muerta se dan muy bien los boletus de las tres clases; los níscalos y el champiñón silvestre. También otras setas, claro, pero como yo no las conozco me callo. A la altura de la rodilla derecha de la mujer muerta un vallecico lleva, como quien no quiere la cosa hasta Valsaín y, un poco más allá, hasta San Ildefonso, que antes se llamaba La Granja de San Ildefonso.

Buenas alubias en La Granja, ¿eh, Soria?

Ya lo creo. Que se lo digan a Fuentetaja, el de BioValsaín.

Ana Karenina, ya lo dejó escrito don León Tolstoi, recibía los jueves. El resto de la semana se dedicaba a pelar almendras para hacer garrapiñadas que, posteriormente y los días de feria, vendía en Alcalá de Henares. Lo sé porque Pepe Cabezuelo, mi buen amigo que va los jueves a Alcalá me lo contó.

Cuando don Higinio se enteró que estaba casado con la Anselma en artículo mortis se levantó de un salto y, cogiendo la cachaba de los domingos, la del pincho en el regatón, salió tras la viuda interruptus y el cura casamentero y no paró hasta que los espantó de los límites de la localidad. La Anselma corría como alma que lleva el diablo y, de vez en cuando, volvía la cabeza por si a don Higinio le había dado una apoplejía. Como no era así pedía al cura que hiciese lo posible ante el Altísimo para que se llevase a su reciente esposo a Su vera.

¡Será egoísta!

Ya lo creo.

El cuerpo de enfermeras de la Clínica de la Concepción, lo que queda de él, es sindicato dado a las locas aventuras de las jubiladas con furor interino. En Portugal, se conoce que ambientadas por el aroma salobre del bacalao, las enfermeras se vienen arriba y, remangadas las enaguas a la altura de lo que está permitido lucir si es que vas de Santurce a Bilbao, se entregan, como las novicias a don Juan en aquella relación de sesenta y dos conquistas. Ya sabe usted: A esto Don Juan se arrojó y escrito en este papel está cuanto consiguió, y lo que él aquí escribió mantenido está por él. Y el que tenga lo que hay que tener que se lo niegue al Tenorio.

Don Higinio, cuando acabó de correr tras su viuda y el párroco se metió en una taberna y se clavó, como quien no quiere la cosa, media botella de aguardiente y un par de raciones de patatas a la brava. Don Higinio, cuando terminó de almorzar se despojó de los pantalones y se calzó un tutú de color fucsia y bailó Cascanueces calzado de unas zapatillas de ballet, unos calcetines con liguero y el tutú y una camiseta que ponía Born in the USA. Cuando terminó el baile se dirigió hacia sus colegas, que estaban esperándole en la puerta principal del parque de El Retiro.

Pero se han dado ustedes cuenta, les dijo don Higinio ¡Casarme a mí cuando estaba en trance de muerte! ¿Qué le parece, a ustedes amigos míos? ¿Qué les parece a ustedes semejante deslealtad por parte del cura y de mi coima?

¿Oiga don Higinio y a qué se debe, si puede saberse, esa renuencia tan militante al sagrado sacramento del matrimonio?

Pues se debe a que, pese a estar reconocido como un contrato y una sociedad, esta es una sociedad limitada y no anónima, como debería de ser. La sociedad limitada, amigos, está obsoleta y es de ley abrirla a la sociedad en general a través de nuevas asociadas. Es un disparate hacer un contrato de por vida en el matrimonio. Si la sociedad fuese anónima, en lugar de limitada, en un momento dado uno podría ampliar la sociedad y admitir nuevas socias, dando de alta, incluso en la seguridad social, a estas. Habría esposa titular, suplente, ejecutiva y ecónoma, como tienen los moros. Esos sí que saben de qué hablan. Para los moros el matrimonio no es un contrato de compra, como el de los pisos, sino de inquilinato. Y meten en la casa a tantas inquilinas como le quepan ¿Qué le parece a usted don Dimas, que es persona sensata y decente?

Pues qué quiere usted que me parezca, don Higinio, que yo creo que tiene usted mucha razón pero yo no metería a ninguna en casa ya que hay mucha loca suelta por el mundo arriba. Eso es lo que hay… mucha loca suelta.

 

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Una respuesta a “LO QUE DA DE SÍ UNA BACALADA…

  1. La Aguela

    Razón no le falta Don Matías en relación, entre otras cosas, a las locas, sociedades limitadas, matrimonios en artículo mortis, Tenorios y enfermeras, y otras cuitas, razón no le falta.
    Paso a agradecerle el hecho de haberse explayado en su escrito, ¡¡¡que ya está bien ¡¡