AQUELLOS TEBEOS

el-cachorro

A la Montserrat Dalmau Tarradellas no le gustaban especialmente las monchetas con butifarra. A la Montserrat Dalmau Tarradellas lo que le gustaba, realmente, eran las papas arrugás con mojo picón. Pero el mojo picón rojo, no el verde que sabe al cilantro que espanta. Esta Montserrat, decía su madre, ¿a quién habrá salido? Y es que hay cosas, en la vida, que no tienen fácil explicación.

Lo mejor para el pelo, para su salida, su mantenimiento y su abundancia es frotarse la calavera con una bolsita de roiboos a la canela usado. Usted, después de tomarse la infusión enfría la bolsita y se la pasa a don Ginés por la cabeza y le saldrá un pelo como el de Antonio Molina.

¿Usted cree, don Antolín?

¡Vamos! Y como el del Ara Malikian, el violinista

Al Gustavito Revuelta Pisabarros, natural de Polvoredo, en la provincia de León, lo que le gustaba era leer tebeos. Al Gustavito los tebeos que más le gustaban eran los de El Cachorro.

¿Y los de El Jabato?

Menos. Al Gustavito Revuelta Pisabarros le gustaban más los tebeos de El Cachorro porque iba con pantalón y le hacía mucho más masculino, mientras que El Jabato gastaba falda y andaba siempre medio si es que no es con un tal Crispín, que tenía pintas de tralará.

El champú contra la caspa está contraindicado para quienes tienen pupas en el cuero cabelludo. Lo mejor para quienes tienen pupas en el cuero cabelludo son las friegas con vinagre de Moet&Chandon. Es un poco caro, sí; pero mira, mejor gastarlo en eso que no en friegas contra el latiguillo.

A don Ildefonso Régulo de Torres, sobrino nieto del pintor de las mujeres morenas sentadas ante el brasero la gente le dice Idelfonso. El nombre de Ildefonso es difícil de pronunciar. Algunos -los menos claro- dice Indelfonso o Alfonso, que les parece más normal y fácil de pronunciar. Pasa lo mismo con Wenceslao que algunos dicen Güenceslao o Wenceslado. En el País Vasco yo he escuchado a una mujer que llamaba perejil a su nieto que se llamaba, en realidad, Hermenegildo ¡Con lo fácil que es ponerle Paco al niño!

¿Me da usted una botella de champagne?

Español o francés

Es lo mismo

Seco, brut o semiseco

Da igual. Es que mañana es el sorteo del Niño y es por si me toca rociar a los periodistas y a la televisión cuando me entrevisten.

¡Ah, claro! Pues lleve usted este, que es de Valencia y sale mucho más económico

Y qué más da el precio, si me va a tocar el gordo

Pues también es verdad, ¡qué tontería!, verdad usted que sí

Claro. Claro.

Antes, cuando los pantalones llevaban botones había mucho menos accidentes que ahora con esto de las cremalleras. Los pantalones de antes llevaban tirilllas en los riñones, para mejor adaptarlos a la cintura, fondillo en los bajos –con perdón de la expresión- y botones a los lados para los tirantes. Ahora no. Ahora los pantalones parecen fundas de violonchelos.

Don Trifón Moreruelo Cabezas se hizo un cinturón con un padrastro que le salió en un dedo. Esto de tirar de los padrastros de los dedos da mucho gusto mientras se está estirando pero, al día siguiente, escuece lo suyo, no crean. Lo más caro, según don Trifón fue la hebilla, que la quería lucida y generosa y se la mandó hacer con un reloj Patek Philippe de su abuelo. Al abuelo, claro, no le gustó la idea, pero cuando vio al nieto con aquel pantalón ceñido con el cinturón se le caía la baba.

Para el cocido madrileño, diga lo que diga Aldea, no es necesaria la bola. La bola era un quitahambres de posguerra. Lo fundamental para el cocido madrileño es el hueso de caña, el que tiene el brillante tuétano dentro. No hay nada mejor que untar los garbanzos en el tuétano y, también, por qué no, en el tocino. Una vuelta untando pan en ese plato, decía mi padre, vale más que cien a la Puerta del Sol y tenía bien de razón.

Es que los padres siempre tienen razón, ¿verdad usted que sí don Dimas?

Y si no se la ganan a capones

Claro, claro.

Para las erupciones y rozaduras en la axila –antes sobaco- lo mejor son las friegas con agua donde se ha hervido un puñado de ortiga verde. La ortiga verde pincha, es cierto, pero si se coge en día de luna llena y sin respirar no pincha.

Si a la Montserrat Dalmau Tarradellas le gustaran las monchetas con butifarra más que las papas arrugás con mojo picón todo sería mucho más fácil en su casa porque, en Bofarull del Mont, no hay papas arrugas y sí monchetas y butifarras pero es que los hijos son así, don Matías. No sé a dónde vamos a llegar…

Lo mejor es dejarlos a su aire, doña Reme. Y si comen drogas, se beben los botellones de cerveza y se fuman las pastillas de los nervios peor para ellos.

Ya lo creo, don Dimas. Ya lo creo.

 

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