LOS PLIEGOS DE CORDEL

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En Tchimpounga, en el antiguo Congo belga, Jane Goodall miraba a los chimpancés y encontraba siempre algunos rasgos similares a los de los humanos. Es cierto que Jane Goodall  era inglesa y los guiris -bastantes de ellos- tienen mucho de chimpancé. De hecho yo siempre pensé que el inglés no quiere soltar Gibraltar por las monas, a las que mira con arrobo y dulzura como si fueran sus propias madres. Los ingleses llaman monkeys a los monos y monks a los monjes.

Usted dirá lo que quiera, Sir Lawrence, pero ese chimpancé se parece mucho a Lord Stawberry, ¿no cree?

No lo sé, Mss. Goodall. ¿Quién mejor que usted, que es primatóloga y se llama Jane, como la esposa de Tarzán,  para encontrarle el parecido?

El nueve de enero es día de celebración jocosa en el santoral. El nueve de enero se celebra a Basilisa y Marciana, también a los mártires Revocato, Marcionila y Epicteto y a san Jocundo, santa Pusilana y Favila, no el del oso, el otro. Epicteto, por si usted no lo sabía es nombre vascongado. Mucho más vascongado que Koldovika o que Gontzal que es una mariconada de nombre. Además, y quien lo diría, hoy cumpliría un siglo mi suegro de seguir vivo. Brindo por Andoni, mi suegro, que me caía de cine.

Los romances de ciego, también llamados pliegos de cordel, los vendían los ciegos cantándolos por los mercados, ferias y mentideros. Estaban atados a un cordel o caña, de ahí su nombre y formaban un cuadernillo que, con el tiempo, se coleccionaba y daba lugar a los cancioneros.

¿Usted don Dimas los conoció?

Pues no, porque no soy tan viejo. Ahora, que sí que he visto algo similar en las puertas de los cines de doble sesión, donde se vendía los cancioneros tan en boga entonces. Marisol, Joselito, el Dúo Dinámico… Se vendían en hojas impresas con alguna fotografía y las letras de sus canciones. Luego, como con los cordeles, se coleccionaban.

Pues sepa usted que tal día como hoy nació doña Juana Baez, la de El Preso número 9.

¡Anda!, Y Nixon también.

¿Cuál Nixon? ¿El de la puerta del wáter?

¿Eh?

El del Watergate

Sí. Ese

No somos nadie

Yo sí, doña Jane, que soy del Klu-Klus-Klan

La Merceditas Alba, la hija más joven de don Juan, quiso meterse monja pero no fue admitida. Las monjas, como los frailes, son muy suyos en esto de las admisiones. Hay monjas –o frailes- que han sido unos cantamañanas de niños pero que, una vez recibida la santa luz del mensaje, dejan el mundo civil y se enclaustran en un convento. A otros, ya se vio con la hija de don Juan Alba, ni se lo permitieron. En las órdenes religiosas, y ahí está Podemos como ejemplo, influye mucho el poder de las familias y la dote que uno pueda aportar.

Don Suero de Quiñones era un pesado de cojones, y perdón por el ripio.

Oiga usted, y tanto que sí ¡Qué pesado! el tal Suero con lo del puente.

Es que era el merino real, don Matías. Y ya sabe usted, si quieres saber cómo es Pepito, dale un carguito.

¿Y eso de merino real qué era?

Pues era un cargo administrativo existente en Castilla y Aragón y en el reino de Navarra. Era el encargado de resolver conflictos.

¿El juez de paz?

Más o menos. Aunque el merino administraba el patrimonio real y era medio militar. Era, además, quien se encargaba de las caloñas.

¿Las caloñas?

Sí. Las caloñas eran las multas que se imponían por algunos delitos o faltas de poca monta. ¿A que no sabía usted que las multas se llamaban caloñas? Pues sí, aunque es palabra en desuso en este país. Como decencia o lealtad.

Así es don Dimas.

 

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Una respuesta a “LOS PLIEGOS DE CORDEL

  1. La Aguela

    Un tercio de cerveza por ese Andoni y otro por usted, que aunque lo repita mucho, ha vuelto a ESCRIBIR.