AQUEL CINE POR SESIONES…

cabo

¡Niñooooooo! ¡Niñoooooo!

¿Es a miiiiiiií?

Siiiiiiiii

Que no soy niño. Que estoy lejoooooooos

Algo así debió de pensar don Pantaleón Chaparro de la Fuente cuando aquel hombre, que estaba junto a la taquilla del cine le preguntó:

¿Eres el que busca a alguien?

Pues sí, yo soy, dijo él. Venía a recoger un par de entradas de la reventa para ver El Graduado.

Pues aquel a quien buscas no ha venido hoy. Vuelve cuanto él esté aquí. Don Pantaleón se marchó con la sensación de haber hablado con alguno de los apóstoles de Cristo.

Es que es de Loeches, ¿sabe usted?, le dijo el acomodador que estaba observando la escena.

Don Pantaleón Chaparro de la  Fuente no sabía que a las personas nacidas en Loeches –algunos, los de los pueblos cercanos, a Loeches le llaman Vomites. Ya ve usted, ganas de faltar- no les gusta que los forasteros pregunten cosas que no les interesan. En Loeches somos muy nuestros, le dijo el Remigio, el que hablaba como el apóstol y que era el secretario del que vendía las entradas.

Mire usted estas películas medio porno donde una tía vieja se quiere tirar al hijo de sus amigos que vuelve de hacer la EGB en Illinois están muy solicitadas y a mi jefe no le gusta aparecer en público por si el Tribunal de Orden Púbico.

¿Será público, no?

Vaya usted a saber.

Fray Morcillo, de San Isidoro del Campo, en Sevilla, acabó como un chicharrón gracias al buen hacer de la Santa en Auto de Fe de 22 de diciembre de 1559. Morcillo asado, dirían los periódicos sevillanos en un titular de prensa que tuvo mucho éxito. Y es que los sevillanos son, de natural, ocurrentes.

En algunos sitios de Castilla llaman cagalaolla a las botargas. En algunos sitios de Castilla, también, le llaman chingoleta a las volteretas y tarambujas a las agujas de los pinos. En Castilla se habla castellano y en los demás sitios de España se habla el español. Es lo que hay. Si quiere lo toma o si no, lo deja.

¿Y en Cataluña?

En Cataluña se habla el catalán, que también es español.

La Sinforosa, la hija de la Rosalía, la del Tío Porquero, lleva los cerdos al pilón para darlos de beber en fila, como si fueran niños de la escuela. ¡Menuda maña se da la Sinforosa con los cerdos! A la Sinforosa se le da muy bien silbar y, cuando tiene que sacar los marranos a beber les silba El puente sobre el río Kwai. Eso a la ida, claro. A la vuelta les silba Los cañones de Navarone y algunas veces Arde París o El día más largo.

Es que a la Sinfo, ¿sabe usted?, le gustan muchos las películas de la guerra mundial. De la segunda guerra, claro. Las de la primera no le gustan porque dice que andan como Charlot. A mi Sinfo es ponerla en el televisor una película de la segunda guerra mundial y se le olvida hasta de echar el pienso a los gochos.

San Francisco de Borja fue general de la Compañía de Jesús, IV duque de Gandía, marqués de Lombay, Grande de España y Virrey de Cataluña. Los jesuitas saben elegir mejor a sus soldados que los del Opus o los de cualquier otra orden. Por eso los curas jesuitas son más listos y están mejor comidos. Los otros andan todo el día pellizcando las barras de pan y robando higos de la huerta. Al santo de Borja, como era poderoso, le dieron el patronazgo de la nobleza y de la cetrería, además de las ciudades de Gandía, Valencia y Bonares, en Huelva, junto al río Tinto. En el Perú es patrono de la provincia de Yunguyo y de Medellín de Colombia. Si se le reza con recogimiento y devoción aflige en cuestión de terremotos, temblores de topo tipo, borrascas y tempestades.

¿Y para las fiebres del cuerpo de las personas físicas?

Para eso está el Paracetamol, tío guarro.

¿Usted, don Dimas es más de grosella o de arándanos?

Yo soy más de tapaculos, don Matías.

¡Jesús, que tío más grosero!

Desde el faro del cabo Ortegal se divisa el lugar donde entrega sus aguas la ría de Ortigueira al proceloso océano que tanto acojonaba a Aldea. Desde lo alto del faro se ven la punta do Limo y la punta do Aguillons, donde se crían los más sabrosos y gordos percebes de la Unión Europea y aún del mundo civilizado. Desde el faro del cabo Ortegal Maru Outeiriño y su esposo, don Juan Carlos Billotti, ven pasar ballenas, los delfines, los calderones y hasta los cachalotes en dirección a la Gran Bretaña y a Portugal, según vayan o vengan. A todas las ballenas que pasan Juan Carlos Billotti las da nombre. Las pone nombres hermosísimos de localidades italianas, argentinas, peruanas. Cuando las grandes ballenas azules pasan por el cabo Ortegal sueltan, por sus surtidores, chorros de agua para saludar a los Billotti. Las ballenas son cetáceos; si, pero muy educados, no crean.

Adiós, Montepulciano; hasta la vista, Bariloche; vuelve pronto Huascarán…

¡Anda, como el jeque Sheik Ilderin, cuando le presenta a sus caballos a Judá Ben-Hur: este es Aldebarán, el más joven de todos, aquel es Antares, el otro es Rigel y el ultimo es Altair; todos son hijos de Sirio y de Mira. ¿Lo recuerda usted, don Dimas?

Y tanto, todos tenían nombre de constelaciones.

Ya veo que pasó usted su tiempo en el cine.

Claro, no había otro entretenimiento.

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Una respuesta a “AQUEL CINE POR SESIONES…

  1. La Aguela

    No, no tenía otro entretenimiento, ¿y que?.