LETANÍAS LAURETANAS

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Las letanías lauretanas se reflejan, por lo menos, en cincuenta y ocho estampas y deben su nombre a la Virgen de Loreto, patrona de aviadores y caguetas que se acojonan al subir al aeroplano, como servidor de ustedes. Las letanías, algunas de ellas, son oraciones muy misteriosas porque se dicen en latín y se desconoce, por lo general, su significado. Se dice Sancta Virgo Virginum y Sancta Dei Genetrix y luego vienen las reflexiones y los elogios. Antes si, cuando en el bachiller se estudiaba latín, se sabía qué querían decir las letanías. Ahora, como lo importante es no saber nada, no hace falta el latín. ¡Que salte la mona!, ¡Que baile el oso, que está rabioso…! ¡Salta cabra Margarita! Mire usted cómo pasa la perrita Marilín por el aro de fuego… Y la cabra subía hasta el peldaño superior de la escalera y el oso bailaba y la mona saltaba y el perro cruzaba el aro de fuego. Ahora tampoco hay circos ambulantes y somos nosotros los ciudadanos y no los animales, quienes hacemos las monerías que nos manda el bigotudo director del circo. Para hacer lo que te mandan tampoco hace falta el latín. Han hecho bien en quitarlo de la enseñanza básica. El que quiera estudiarlo que se mete fraile. Yo he comido carne de culebra. La carne de culebra de agua sabe a ancas de rana ¿Más que el lagarto? ¡Mucho más, donde va a parar! Lo que no he comido nunca son las coles de Bruselas. Las coles de Bruselas huelen a pedo de belga, de belga flamenco o de valón, que tanto monta. Lo mejor para las hemorroides es el hueso de mango. Como el mango se corta tan mal siempre quedan, pegados al hueso trozos de fruta que producen frescor a la almorrana y procuran calma y suavidad a la parte afectada. Los salviares y los tomillares son matorrales mesetarios que se dan en suelos yesosos y nunca, jamás, en suelos silíceos. Esto lo sabe todo el mundo. Bueno, todo el mundo no; en Madrid nadie lo sabe porque en Madrid no hay suelo de ningún tipo; ni yesoso ni silíceo. Está todo construido. La flor del cantueso espanta los pecados del sexo. Por eso y no por otra cosa se vende a la puerta del Cielo. Dicen que a san Pedro, el de las llaves, le gusta mucho el olor al cantueso, eso que en Madrid, llaman lavanda, y dicen también que, a quien huele a cantueso, le deja pasar san Pedro sin leerle la cartilla. Hasta para entrar en el Paraíso se necesita enchufe ¡Qué bárbaro. No sé a dónde vamos a llegar! No es cierto, como se decía antes, que el pipermín ponga cachondas a las señoritas. Quite, quite… Usted sabe, don Genaro, por qué los animalistas no se quejan y prohíben el capón de Villalba. A mí me parece que, aunque le gustara el ala de capón a don Manolo, el dueño de las calles, capar a un bicho así, al desgaire, debe de doler lo suyo ¿No le parece, don Genaro? ¡Huy que hombre!, le hablas y ni te contesta. El pobre vergonzante Macario pide en una esquina de la calle de Hortaleza con la de Farmacia. Al pobre vergonzante Macario nadie le da limosna, ni en la calle de Hortaleza, ni en la calle de la Farmacia porque, dicen, no quiere pignorar las acciones que tiene de la Telefónica y del Banesto. Hacen bien, si quiere limosna que pignore sus acciones, como hice yo cuando tuve que comprar aquellos cien gramos de jamón del bueno. La irlandesa Irish O’Carragher vivía en Boston y conoció a un yanqui que le puso un club de alterne en Tiedra, provincia de Valladolid. Los clubes de alterne, o puticlubs, dan para vivir y, si se ahorra, dan hasta para retirarse. No es como los sueldos de la Cruz Roja, que no dan ni para comer caliente. Con el traspaso del club y los ahorros se marchó, la Irish, a County Monaghan, Irlanda, donde se casó con un cervecero que, a su vez, tenía un negocio de calefacción a base de bostas de caballo y se hizo protestante. Las hay que no cesan nunca en la búsqueda de la felicidad. Antes, cuando el telégrafo, los postes que sujetaban los hilos servían para ahorcar cabrones. Ahora, como no hay telégrafo ni postes, los cabrones se cuelgan solos en los Nuevos Ministerios. ¿Y usted de qué coño se ríe, si puede saberse? Pues de lo que me da la gana, señora. Yo soy una hiena y me río continuamente ¿se entera? ¡Pues hijo!, qué humos. A mí que más me da si es usted una hiena o un coyote del desierto de Sonora. Pues eso. Pues vale. Las letanías y las añoranzas, sobre todo cuando se decían en latín, servían de carminativo a las viejas y a las beatas con director espiritual. Los curas directores espirituales suelen tener un apetito desmedido. Un apetito descomunal, casi como el de un novicio. Un cura director espiritual que se precie es capaz de meterse, de merienda, y entre pecho y espalda, más de dos docenas de mojicones. El mojicón es bollo duro y secaruzo que sólo se puede comer de merienda acompañándolo de dos jícaras de chocolate por cabeza. Pero ahora no; ahora ya no hay meriendas de chocolate y mojicones. Además, ahora el culto se hace en privado, llevando las cuentas del rosario dentro del bolsillo del abrigo y en voz baja, casi imperceptible. Mater purissima, Mater castissima, Mater inviolata, Mater intemerata, Mater inmaculata, Mater amabilis, Mater admirabilis, Mater boni consilii, Mater creatoris, Mater salvatoris… ¡Ah, las letanías lauretanas!

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2 Respuestas a “LETANÍAS LAURETANAS

  1. Vas a acabar conmigo un día de estos, por cierto con los hilos del teléfono yo ahorcaba a un montón de hijos…….

  2. La Aguela

    Agradezco a usía la información pues no sabía, esto tampoco, que se colgaban cabrones con los hilos de los postes del telégrafo, me quita Ud. un peso de encima y una procupación que me tenía en un sin vivir, siempre creí que no había forma de matarlos.