AQUELLA MEDICINA RURAL

le-medecine

Don Sisebuto Altzolaburreta Ametxazurra no acabó la carrera de medicina, pero se quedó, que tampoco es moco de pavo, en perito en cirugía menor –practicante- y tenía sobradas y demostradas mañas en poner inyecciones de las difíciles (intravenosas) y de las otras; cataplasmas; lavativas y otras terapias sanitarias exteriores.

Don Sisebuto Atlzolaburreta Ametxazurra hacía las veces de médico, para dolores menores, en las zonas rurales menos accesibles de su Guipúzcoa natal, al tiempo que repartía su ciencia como practicante.

Va usted a tomar esta medicina sin faltar un solo día. ¿Entendido? Reshu.

Entendido don Sisebuto.

La Resurrección Arabolaza de Olartecoetxea recibió en el casherío la visita de don Sisebuto cuatro días después y, -¡vaya por Dios!, seguía teniendo los mismos dolores.

¿Tomó usted los supositorios que la receté?

Si, don Sisebuto. Pero no me han hecho bien. Además tenían un sabor de malo…

¿Cómo que tenían un sabor malo? ¿Por donde tomó usted los supositorios, alma de Dios?

Por dónde habría de tomarlos, por la boca y con café con leche. Pero ni así sabían bien.

¡Por el culo, es pon donde había que tomarlos!

Pero que mal hablado es usted. Y qué sinsorgo, majadero, que es usted un majadero… Ya lo dicen las enfermeras de la consulta.

Don Sisebuto se tragaba su mal humor y, montado en su rucio jumento, un animal de origen navarro de pelo pardo claro, bajaba al pueblo rumiando miles de improperios que harían temblar de ira al propio diablo.

Arre, Cometa. Mira que tomarse los supositorios con café con leche. Y luego dicen que tú eres un burro. Burros más burros y con dos patas hay en cada casa. ¡Será posible…!

Don Sisebuto llegó al pueblo y, antes de llegar a la casa ya salió su esposa a buscarle nuevamente. Al parecer, y según le avisó una de las fruteras de la plaza llevaban más de una semana sin ver a la Pruden, una anciana que vivía con sus dos hijos solterones en el casherío Arrazola, en lo más alto del monte.

Casus sos, se dijo el practicante. ¡Qué ganas tengo de que traigan por fin un médico!

Vamos, Cometa. Vuelta para arriba.

Una hora y media después ya estaba don Sisebuto en la puerta del casherío.

Egun on, mutil. ¿Dónde anda tu amatxo?

En la cama anda, doctor. Que ni come, ni habla, ni se mueve. Para mí que se ha muerto sin desir ni Pamplona.

Don Sisebuto entró en el cuarto y allí, efectivamente, estaba la Pruden muerta. Por el aspecto que presentaba debió fallecer cuatro días antes. Don Sisebuto respiró hondo y, como quien habla a un niño de cortas entendederas, comenzó a explicar a los dos hermanos cómo tendrían que actuar en una situación similar.

Esto, decía, cuando os vuelva a ocurrir, tenéis que hacerlo de la siguiente forma: ponéis al difunto sobre la cama, lavado y limpio. Peinado y vestido con su mejor ropa y, más pronto que tarde, debéis bajar al pueblo a comentármelo a mí y al señor cura para que suba con los santos oleos y, si es posible, le administre el viatico. ¿Entendido?

Sí, don Sisebuto. Nosotros qué íbamos a saber de estas cosas. Nosotros de vacas, y de txalas y bueys sí que sabemos, pero de instrucciones para entierros no conosíamos que haser.

Ya, ya, les disculpó don Sisebuto. Pero ya lo sabéis para otra vez. Ahora haced lo que os he dicho y yo avisaré al señor cura para que suba hasta aquí y al ayuntamiento para que bajen a vuestra madre hasta el camposanto. ¿De acuerdo?

De acuerdo don Sisebuto. Tenga usted, una caja de intxaurras y un dosena de sagarrak, para que vaya comiendo por el camino.

Muchas gracias, Serapi. Agur.

Agur, don Sisebuto.

El practicante llegó a casa, anocheciendo. Antes de cenar limpió y arregló la cuadra y, tras dar una buena cena al Cometa, le acarició el lomo agradeciéndole sus buenos servicios. Don Sisebuto quería mucho más a Cometa que a la práctica mayoría de los humanos.

Y luego dicen que tú eres burro. Buenas noches, Cometa.

Apenas pasó una semana desde el entierro de la difunta Pruden cuando le llegó el aviso de un criado de un caserío cercano. Al parecer, y según entendió, el Serapi le había hecho llegar un aviso de otro fallecimiento. Esta vez, dijo el criado, ha hecho lo que usted le dijo. Dice el Serapi que ya está el fallecido limpio y peinado y vestido con sus galas.

Don Sisebuto mando llamar al cura y ambos en sus monturas enfilaron el camino al monte. Hacía frío y había una humedad de mil demonios. Hasta Cometa, de vez en cuando, estornudaba. Los dos monagos con sus hábitos negros y los candeleros subían a pie. El señor cura lo hacía en un macho viejo, tan viejo casi como el jinete. Los helechos, que de vez en cuando, rascaban la piel de las piernas de don Sisebuto estaban helados. Las ramas de los pinos y algunas carrascas eran como guadañas que había que ir evitando para no perder el sombrero o, lo que era peor, la cabeza. Por fin y tras más de dos horas de ascenso llegaron al caserío.

Don Sisebuto, don Sisebuto…, salió corriendo el Serapi en su busca. Venga corriendo, ya verá que bien he hecho lo que usted me dijo…

El cura, antes de que don Sisebuto se bajase de Cometa se abrazó al Serapi para darle el pésame por el fallecimiento de su hermano.

¡No tengas pena, Serapi, cuando morimos vamos a encuentro del Señor! Ya se ha ido el Iñashio con la Pruden. Verás que bien están ahora los dos juntos.

El Serapi miraba al señor cura como miran las gallinas a los aviones. No entendía por qué le daba el pésame el cura.

Pero, qué dise, señor cura. El Iñashio está ahí, en la casa. Pasen y verán.

Don Sisebuto, el cura, los dos monagos y el Serapi, uno tras otro, entraron en el casherío y, al ver al Iñashio en la entrada del dormitorio, se quedaron de una pieza.

Pero bueno, Serapi, ¿quién coño se ha muerto si puede saberse?

La Margarita, don Sisebuto. La cabra, y aquí la tenemos, en la cama, vestida, peinada y bien arreglada, hasta con un traje de angelito como usted nos dijo, don Sisebuto.

Al abrir la puerta el Serapi, el practicante y el cura se encontraron, sobre la cama a una cabra vestida, efectivamente, de raso con la barbita bien peinada y rociada de masaje Floid. Con cuatro velones encendidos, un0 en cada esquina de la cama.

Don Sisebuto se dio la vuelta y se marchó sin decir nada. Se subió en Cometa y, tras clavarle las espuelas en los ijares dio un giro al ronzal y se dirigió hacia el pueblo.

¿Lo ves, Cometa. Ves lo que te decía? En el mundo hay burros que, pese a no tener cuatro patas, son más burros que los burros.

 

Anuncios

2 Respuestas a “AQUELLA MEDICINA RURAL

  1. Buenísimo, mira que tomarse la resurrección los supositorios por la boca habiendo finleis,que bien escribes como me he reído.

  2. La Aguela

    No estoy yo demasiado de acuerdo con el comentario anterior y me baso en el hecho de las entradas anteriores, laaaargamente mejores y con más enjundia, en su descargo lo achaco a las fiestas Navideñas y al estres que ellas producen, lo dicho, PÓNGASE LAS PILAS Soria que el 2017 ya está ahí. Téngan utedez vuzotros Feliz año new.