LA MERIENDA

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A don Gustavo Barriga Entrena, natural de Pajares de la Lampreana le gustaba comer el escabeche con la mano desde la lata. Hay personas a las que esto les parece una porquería y una ordinariez, pero no crean, que tiene su aquel. El escabeche -el escabeche de bonito, o de atún, claro que no el de la perdiz o el de codorniz-, es alimento de mucho fuste y categoría. Es alimento de peregrinos y de excursionistas. También es merienda de vecino de casa bien pero, eso sí, siempre en bocadillo si se está en casa.

El escabeche de bonito y aún de atún está muy bueno si se pone en bocadillo de la siguiente forma: se abre el pan, que debe de ser tierno y nunca de hogaza, a lo largo y se separan la tapa de la base. Ahora, ya no se necesita usar la llave o el abrelatas para abrir la lata. Ahora se libra el pescado del interior tirando de una anilla, como hacen los paracaidistas. A este sistema se le llama abrefácil, así, todo junto y con su tilde. Se conoce que la forma en que se abría antes debía de ser propia de ingenieros y catedráticos de cualquier maña complicada. Se vuelca, regando a todo lo largo, el líquido del escabeche y se pone la tapa sobre la base presionando un poco para que no escape el caldo por los bordes. Cuando ya está bien empapado se deposita en el pan –siempre en la base- el bonito o el atún en trozos o en migas. Se vuelve a apretar para que el pan recoja el caldillo que sobraba. Se abren, a lo alto, un par de pimientos morrones –los del piquillo no, que amargan- y se ponen sobre el escabeche. Se corta, en laminas finas y a lo largo un par de pepinillos en vinagre –los mejores son los de caldo a la polaca- y unas rodajas de cebolleta cortada en juliana. Se cierra el bocadillo y ya se puede comer poniendo especial hincapié en que no se salgan por los bordes ni el escabeche ni las verduras. Lo mejor para acompañar un buen bocadillo de bonito o atún en escabeche es la cerveza helada. El vino es mejor reservarlo para otros bocadillos como los de carnes o chacinas.

A don Gustavo Barriga Entrena, ya se dijo, no le gustaban los bocadillos, sino llevarse el pescado desde la lata a la boca con la ayuda de los dedos. Esto no es muy higiénico, es cierto, pero da mucho gustillo cuando se chupan las yemas de los dedos. Lo que sí que queda muy ordinario es beber el caldo del escabeche desde la lata. Además, aunque no lo parezca, se pueden producir heridas con el filo de la lata. Lo mejor es mojar en el caldo el pan y así evitamos riñas y heridas

Lo que no le gustaba a don Gustavo Barriga entrena es el desayuno de anchoas en lata.

La salazón, decía, produce mucha sed y esto, para un peregrino no es buena cosa pues la sed, cuando aparece, siempre es lejos de fuentes y grifos.

¿Y los mejillones en escabeche?

También. Los mejillones en escabeche son muy buenos en bocadillo. Además, como llevan esa salsa pimentonada y especiada con clavos de olor y bolitas de pimienta son muy agradables cuando explotan en la boca. El bocadillo de mejillones en escabeche no necesita de verduras ni de cualquier otro dengue. Además es apto para tomarlo con cerveza y con vino. Del blanco o del tinto. También del rosado. Lo que no se puede, jamás, es comer un bocadillo de mejillones en escabeche con agua. El agua, cuando acompaña a los pescados, produce angustia en el estómago y flojera en las canillas.

¿Y los chipirones en aceite y los calamares en salsa americana y las latas de pulpo no le gustaban?

Pues mire usted, a buena hambre no hay pan duro. Pero no; este tipo de conserva no le gusta nada a don Gustavo Barriga Entrena. Esta conserva, como la de los berberechos, las zamburiñas o las de angulas o almejas y navajas son para tomar con vermú los domingos después de misa de doce. Estas conservas de mariscos se deben de tomar exprimiendo limón y con palillo, que luego, al salir del bar, vale para llevarlo en la boca durante el paseo. Un hombre como Dios manda, después del aperitivo, tiene que pasear por la calle Mayor de su pueblo con el palillo entre los labios, para que se note que hay rumbo y poderío.

¿Y una sardina arenque?

¡Hombreeeee! Esto sí que es alimento para un romero. La sardina arenque, como mejor está, es tostando el pan al fuego de una lumbre en el monte. La sardina envuelta en un papel de aluminio sobre las brasas y el pan bien tostado. Cuando ya está caliente se unta con un diente de ajo, se pincha el pan para que coja bien el aceite y se vierte sobre la tostada un pequeño espíritu de aceite de oliva virgen y se desmiga la sardina eliminando la raspa y la cabeza que se deja, convenientemente, en el campo porque es orgánico. Este tentempié es digno que buenos y abundantes tragos de vino en bota. Exprimiéndola mientras se bebe y provocando una catarata que te haga gorgojear en la nuez.

Oiga, don Dimas, qué buen post para esta hora de la merienda.

¿Verdad que sí?

Y usted, si no es indiscreción ¿qué está merendando?

Pues un yogur desnatado

¡Ah!

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2 Respuestas a “LA MERIENDA

  1. La Aguela

    Gracias a que me ha recordado que todavía me queda, esta noche bocadillo de escabeche casero con pimientos, mejor que un monarca.

  2. Yo os haré unos lomos de arenque que os chupareis los dedos, esta mañana me he comido cuatro lomos y esta tarde…