LA SEÑORITA PURA, ALIAS MEDIAVERDÁ

La señorita Pura Castellón Expósito daba caladas de a medio pitillo apoyada en la esquina de la calle de la Ballesta. La señorita Pura, alias Mediaverdá no era pura, claro, pero sí que era expósito pues permaneció asilada, tal y como determinó en su reglamento la inclusa del Colegio de La Paz, de Madrid, hasta los siete años de edad. Luego, y hasta los diez, estuvo sirviendo en casa de un prendero del rastro para, más tarde emigrar a Zamora donde permaneció hasta los catorce en que se vino a redondear esquinas tras la Telefónica.La señorita Pura Castellón Expósito tenía el cabello negro, algo endrino –se conoce que se daba reflejos-, los ojos autónomos y un abrigo de moutón acaramelado algo sobadillo y sin una solapa. La señorita Pura Castellón Expósito tuvo amores con el picador toledano Fletán de Valmojado que se retiró de su arte una vez que le cayó el jumento encima y le chafó dos costillas flotanes. Desde entonces, cuando se constipa, tose y echa algo de sangrecilla por la boca.

¿Y no será que fumaba, don Matías?

Pues igual. Vaya usted a saber. Este mundo del toro es muy dado a los vicios.

Al parecer a la señorita Pura Castellón Expósito la abandonó su madre en el cajón de La Paz antes de largarse con un bersaglieri, del que se enamoró por las negras plumas de su sombrero, cuando el tomate del 36. La cuñada de la señorita Pura Castellón Expósito se llamaba, en su arte, Guindilla de Perales y era una buena cantante de arte chico: bulerías, tarantas y fandanguillos. La soleá y el fandango ya es otra cosa.

Claro, claro…

Guindilla de Perales tuvo dos amores –uno acabó en niño y el otro en niña- con un palmero agitanado, el Tiento de Chipiona, que tenía la mano pronta, la chirla fría y el vaso malo.

Quitando eso, decía, mi Manolo -que se así se llamaba el Tiento- es un santo, oiga usté. Lo que yo le diga, padre cura. Un santo como san Cristobalón, el chofer.

Bueno, bueno, decía el confesor. Cada uno en su oficio. No mezclemos.

El niño de la Guindilla y el Tiento quiso ser novillero de novillos y toros bravos pero como era tonto, quiere decirse inocente, claro, no le dejaron.

Los funcionarios del Ministerio del Interior, decía la Guindilla, para esto del Reglamento de Toros son muy puntillosos y oficialistas. Muy ordenancistas y tecnócratas. Para mí, fíjese usté, don Matías, que son del Opus Dei.

Pues no le diría yo que no, señora Guindilla. Estos del Opus Dei, sobre ordenancistas y tecnócratas son algo capones, es cierto.

La niña no; la niña no quería ser artista ni señorita torera. Lo que quería la niña de la Guindilla era ser heroína de la Historia de España. La niña de la Guindilla tenía la página recortada de la Historia de España de don Modesto Lafuente donde explicaba la gesta de Agustina de Aragón y la niña, claro, ansiaba con engrosar la nómina de héroes y heroínas patrias.

A la señorita Pura Castellón Expósito le hubiera gustado trabajar de fija en alguno de los clubes de alterne de la calle de la Ballesta pero esto, como es fácil de imaginar, obligaba a ciertos asuntos por los que la señorita Pura no estaba dispuesta a transigir. Así pues, en cuanto se levantaba de la siesta, la señorita Pura Castellón Expósito se ponía su gotita de colonia Myrurgia, se echaba unos pocos de polvos de talco Ausonia, envase rosa, por supuesto, en las axilas, se subía la falta por la cinturilla para enseñar sus redondas rodillas y se echaba a la calle hasta que gastaba las dos cajetillas de Rumbo. Esta era la señal, para la señorita Pura de final de la jornada. Hoy, pasados unos años, la calle de la Ballesta no es lo que era y la señorita Pura, y otras señoritas, como la Mediaverdá, han pasado a mejor viva. Y no es una forma de hablar, naturalmente.

Oiga, Soria. Tan solo por informarme ¿eh? ¿Cómo es que sabía usted tantas cosas de la señorita Pura Castellón?

Pues muy sencillo, don Matías, porque a servidor de usted, aquí donde me ve, me gustaba ir por aquellos barrios a tomar mis vasitos de vino y a comer dos o tres gambas a la plancha con que me obsequiaba en la calle de la Encomienda. Luego, pasito a pasito, me bajaba por aquellas calles del centro hasta coger el metro en la Gran Vía.

Ya, ya… ahora comprendo.

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Una respuesta a “LA SEÑORITA PURA, ALIAS MEDIAVERDÁ

  1. La Aguela

    Que no decaiga su 2ª mejor forma de relatar la vida.
    Ya, ya…. yo también…………..comprendo Soria.