TRAGABUCHES Y LOS SIETE NIÑOS DE ÉCIJA

Don José Mateo Balcázar Navarro nació en Arcos de la Frontera el año en que la Real Academia publicaba la primera edición del Diccionario. No era este, en verdad, ni su nombre ni su apellido ya que aprovechó una pragmática real del rey don Carlos –el de la puerta de Alcalá- autorizando a los gitanos a tomar el apellido que deseasen. Don José Mateo Balcázar con su nuevo nombre y apellido no pudo, no obstante, deshacerse de su apodo, Tragabuches, que había heredado de su padre, quien se metió, entre pecho y espalda y para almorzar, un buche de asno en adobo. ¡España era eso cuando aún quedaban hombres, sí señor!Don José, como Tragabuches, aprovechó que su padrino era –este país nuestro siempre tan apadrinador- don Bartolomé Romero, pariente de don Pedro, el torero, y se metió pupilo en la escuela de tauromaquia de Ronda. De allí salió vestido de luces y a las órdenes de Gaspar y José Romero, como banderillero y sobresaliente dio la vuelta entera a España. No fue hasta que, en 1802, tomó la alternativa en Salamanca, plaza donde todo se enseña. No parece que la industria del toro diera mucho de sí por lo que tuvo que tomar otro oficio en paralelo: el de contrabandista y en la plaza de Gibraltar. Su novia, María “La Nena” le hacía de perista y colocadora de la mercancía. Mire usted por donde todo quedaba en casa…

Mira a ver, Tragabuches -le decían en el barrio- que esto de la mangancia no tiene que ver con tu arte y el Tragabuches, convencido, aprovechó que el Rey Felón, o sea, el séptimo Fernando de infame recuerdo volvía a España, y marchó hacia Málaga por ver de torear para el monarca. Pero Dios escribe con renglones torcidos, dice el dicho y a Tragabuches se le asusta la montura y le hace caer fracturándole un brazo. Vuelve a Ronda y se encuentra a La Nena encamada con el sacristán Pepe “El Listillo”. Al Tragabuches se le quiere tragar la tierra, saca la faca cabritera de siete muelles y en un plis degolla al Listillo y tira a La Nena por el balcón. Esto, sin ningún tipo de comedimiento o finura, claro. Con sus dos muertes a las espaldas se integra, (otro cambio de oficio) en una de las partidas de bandoleros más temidas de su tiempo: la de los Siete Niños de Écija.

Los siete niños de Écija, al cantar de los poetas de la época, eran y por este orden, si hacemos caso a don Fernando Villalón, conde de Miraflores de los Ángeles, ganadero, poeta y ocultista:

Tragabuches, Juan Repiso,

Satanás y Mala-Facha,

José Candio y el Cencerro

y el capitán Luis de Vargas.

De este capitán Luis de Vargas, de quien se hacen ripios (Luis de Vargas, que a los pobres socorre y a los ricos avasalla) no se tiene especial constancia documentada. Seguramente por ser fabulación su existencia. Pero sigamos…

Como todo lo que engorda mata y no hay mal que cien años dure don José Mateo Balcázar Navarro, alias Tragabuches es dado preso en el año de 1817, el mismo día en que en Lérida de Colombia las tropas españolas fusilan a Anselma Leyton, de veintitrés años, por inductora independentista. Todos los miembros de la partida –excepto Tragabuches- cuyo rastro desaparece para siempre, fueron capturados y ejecutados, entre otros, el fraile Antonio de Legama, Ojitos, el famoso Juan Palomo –ya saben-, Satanás, Cándido, El Cencerro, Zamarrita, El Cojo y otros.

En Écija, la Ciudad del Sol, hubo una vez, es cierto, una partida de bandoleros, que como los Infantes de Lara, los reinos o los pecados capitales se agrupaban de siete en siete. Y es cierto, también, que uno de ellos; Tragabuches, torero, estraperlista y bandolero, libró de buena saliendo de naja Genil adelante. La letra de un cantar, atribuido a él dice:

Una mujer fue la causa

de mi perdición primera

No hay ningún mal en los hombres

que de mujeres no venga…

Anuncios

3 Respuestas a “TRAGABUCHES Y LOS SIETE NIÑOS DE ÉCIJA

  1. La Aguela

    Los cantares, buena forma de recordar viejas historias.

  2. Juan Espino

    Por cierto, ninguno de los famosos era de Écija.

  3. Juan Espino

    Como Santillana del Mar.