BOTIJEROOOOOO. BOTIJOS FINOS

Entre los recuerdos viejunos que uno mantiene en la oquedad de su cabeza, que diría don Antonio, el maestro soriano, se encuentran aquellas mañanas veraniegas donde los niños en el pueblo, banderita en mano y bajo una ringlera de farolillos venecianos esperaban, pacientes como querubines, al señor obispo que, como una suerte de Mister Marshall, atravesaba el pueblo pisando con furia los charcos con el haiga y salpicando así a la comitiva. La culpa, claro, no era tanto del señor obispo, sino de su chofer, o de ambos, si es que ambos disfrutaban con el chapoteo.También, ¡cómo no!, aquellos trajinantes que, el borrico agarrado por el ronzal o la frontalera, -¡to, Navarro!, ¡arre Morito!- venían desde Alcorcón, población alfarera que hace muy cumplidos y adornados botijos, aunque al decir del dicho, los fabriquen sin culo. En sus aguaderas sus botijos, sus alcarrazas, sus cántaras, sus zalonas de rojo, poroso y limpio barro bermejo o de blanca arcilla a la que en algunos sitios dicen búcaros, llamaba el amo del burro al grito de: el botijeroooooooo, botijos finos, cantaba en su monótono pregón por calles y callejones mientras, el borriquillo caminaba bamboleándose como una chelinga sin cuadernas, haciendo peligrar la mercancía.

Oiga, don Dimas, y esto de las alcarrazas y las zalonas ¿qué es lo que es?

Pues verá usted, don Matías, la alcarraza es una vasija arcillosa muy porosa y poco cocida que, al dejar rezumar el agua de su interior, enfría la mayor cantidad del agua que queda dentro. ¿Qué le parece, a que eran listos estos alfareros?

¡Ya lo creo! ¿Y las zalonas?

Pues las zalonas son vasijas también, más grandes que las alcarrazas, y sin vidriar que tienen la boca ancha y una o dos asas, dependiendo del lugar en el que se fabrique. Como usted ve en lo que queda de España, como gastamos millones de idiomas y otros hechos diferenciales atávicos, para nombrar un sencillo y humilde botijo se puede decir boteja o botejo, canucho, pimporro o piporro y pipo o pipote. También pirulo o ñañe y pichillín, como le dicen en Huelva, localidad a la que le gusta mucho el botijo en verano. También piche o rallo e incluso txongila, como en Cegama. En Cataluña, por ejemplo, le dicen càntir y presenta, también, un buen rol de nombres distintos. Ya ve usted que a la hora de bautizar los españoles somos bastante ilustres e imaginativos.

Además de estos botijos de nombre particular están los botijos de carro o botija de carretero, que tiene uno de los lados planos, precisamente para transportarlo sobre el lomo del jumento. También el botijo alforjero, primo hermano del barril de media luna o barril del pastor; la botija de calabaza, que el alfarero copia de la del peregrino y que llegaba a albergar en su panza un par de litros de fresca agua o vino.

En la Universidad Politécnica de Madrid, donde hay menos perroflautas que en otras universidades madrileñas, en lugar de impedir la educación de sus pobladores se dedican a otras mañas mucho más ilustres. Así, don Gabriel Pinto y don José Ignacio Zubizarreta desarrollaron un modelo matemático para un botijo esférico, en el que se describía el proceso a través de dos ecuaciones diferenciales, donde se desarrollaba y se estudiaba la capacidad calorífica del agua, el coeficiente de convención y el coeficiente de transmisión del calor al agua.

¡Sí, hombre! ¿Y qué más?

Ya veo, ¿es que no lo cree?

Pues no señor. Yo, si no lo veo, como decía el santo, no lo creo.

Pues ahí le va a usted la fórmula:

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2 Respuestas a “BOTIJEROOOOOO. BOTIJOS FINOS

  1. La Aguela

    Si no llega a ser por Don Matías, nos quedamos sin saber TODAS las cuestiones botijeras e inclusive investigaciones al respecto.
    Con tanta explicación, te has dispersao. jiji

  2. Me has pegao un botijazo que paque lo que me he reído, ademas yo también estuve con la banderita y le besé el anillo al obispo, ahora le daba yo…..