LA TÓRRIDA NEGRA FULGENCIA DEL TRÁNSITO

La negra Fulgencia del Tránsito se casó con mi abuelo Baldomero y tuvo diez hijos. Los tres primeros blancos y los siete siguientes negros. Se conoce que el abuelo tenía más fuerza al principio o que, todo hay que decirlo, con el tiempo desteñía. El caso es que de los diez infantes siete –el uno tras el otro- fueron muriendo de cualquier pandemia que se organizase. De los tres que quedaron, uno de ellos, el mayor, salió cantante de boleros y los otros dos actores de telenovelas. El cantante grabó un disco, con baile y todo específico con el famoso Trío Paraguaná y se llamó El baile del chévere. Mi abuelo, que era más serio que la rúbrica de un notario, falleció, afortunadamente, antes de ver a sus tres vástagos convertidos en polichinelas del televisor.

La negra Fulgencia del Tránsito, por el contrario, no le hizo ningún asco ni a los dólares que le enviaban sus hijos ni a su nueva situación de mamá de famoso triple y comenzó a dar entrevistas en los programas del corazón. Finalmente, y como mi abuelo predijo –nunca tomes en serio a una negra de luto, podría ser su sombra- volvió a casarse con un rico industrial de Maracaibo. La boda estuvo muy bien y divertida. El Trío Paraguaná, y el hijo cantante amenizaron la velada. Los dos actores no acudieron. Los dos hijos actores se disculparon por tener plató aquella tarde. ¡La vida, amigas!, dijo la negra Fulgencia del Tránsito a sus damas de honor.

La negra Fulgencia del Tránsito dejó el vestido de luto para calzarse el blanco e inmaculado vestido de novia porque a su futuro esposo no le gustaba el negro. Pareces a Simeone en día de partido, le gritó. La negra Fulgencia del Tránsito, creyó que había dicho Siboney, en lugar de Simeone y comenzó a bailar moviendo las caderas de forma rítmica y cadenciosa; con mucho ritmo y cachondez

Siboney de mis sueños te espero con ansias en mi caney

Siboney si no vienes me moriré de amor.

Oye el eco de mi canto de cristal

No te pierdas por entre el rudo Manigual

Calla, negra del demonio, le gritó su futuro esposo. ¿No ves que estoy rellenando la quiniela y me confundes? A ver, Trujillanos, Fútbol Club contra Llaneros de Guarane, Escuela de Fútbol.

Equis, contestó la negra,

¡Equis, equis… qué sabrás tú de fútbol, ignorante!

Yo de fumbol no sé, amol… pero no me achicopalo. Además… más allá de las nubes el sielo es siempre asúl. Pero si la envidia fuese astilla estarías siempre astilloso.

¿Tú piensas eso de mí?, viuda negra, dijo haciendo un juego de palabras que sentó bastante mal a mi abuela.

Por supuesto que claro que sí, contestó la negra tomando la afirmación de un diálogo de su hijo menor en la novela Capito.

¿Ves?, le dijo el millonario. Así es como me ganaste. Con esa labia y esa forma de aseverar que no deja espacio a la duda. El millonario se sirvió un ron añejo que se bebió de un trago y sacó una tagarnina de la petaca. La negra Fulgencia del Tránsito se apresuró a encender un mixto largo con el que atizó candela al cigarro.

¡Déjame que se ensienda el puro!

No me digas esas cosas, Fulgencia del Tránsito que no sé si me voy a poder contener antes de llevarte al tálamo. ¡Qué forma de usar el doble sentido..!

La Fulgencia del Tránsito preparó un bocadillo de patatas a la brava, que era su alimento preferido y se bebió, de un trago, un botellín de cerveza Polar. Después de un eructo que dobló la verja del ventanal del pasillo se limpió los golosos labios con el dorso de la mano y, cadenciosa y sensual, se acercó hasta el novio contoneándose como solo las calientes mozas y no tan mozas caribeñas saben hacer, mientras cantaba –sexy a más no poder- aquella canción Venite pa’Maracaibo..

Nací en la región zuliana

donde existe el calorcito

contagioso y sabrosito…

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Una respuesta a “LA TÓRRIDA NEGRA FULGENCIA DEL TRÁNSITO

  1. La Aguela

    Vaya, muy bonito, ahora con bailongos y todo, buena querido, buena.