CÓRDOBA, LA LLANA


Uno, ya mayor, y por los efectos del anís mañanero, recupera de pronto, viejos recuerdos que tenía guardados en la alacena del alma. Recuerdos de tierras cordobesas –aquel viaje pasando por Pozoblanco, Peñarroya-Pueblo Nuevo, Belmez, la de las caras, Fuente Obejuna, la del comendador… en los Valles del Guadiato y de los Pedroches. Tierra que es dada al aceite de oliva bueno, a las carnes de caza oreada, de jamones secados al sano y nutricio aire serrano y de cementerios venenosos de uranio. Uno recuerda aquella tarde veraniega en que Alemania y Austria empataron (trampa, trampa) en el mundial de España. El plomo solar cayendo sobre la vieja población minera y allí, en un abandonado solar, un viejo apergaminado, un viejo, como un lagarto, tocado de sombrero gris, cinta negra y el mirar perdido al frente, mataba el tiempo escuchando viejas soleares, viejos fandangos tan viejos como él mismo. Oiga amigo, preguntó Gonzalo, ¿dónde podemos ir hasta que baje el sol? Al Palace Vegas, contesta el lugareño. Después de buscar encontramos –por eliminación- el Palace Vegas que no era si no el pub Las Vegas pero que, con el habla cordobesa, confundimos con hotel lujoso.

Peñarroya nace a partir de un cortijo que recoge a las gentes de Fuente Obejuna que huyeron de la ciudad a causa del asesinato del comendador de la Orden de Calatrava –el monje y soldado Fernán Gómez de Guzmán- pretendido catador de mozas en sazón. Más tarde se fusionó con Pueblo Nuevo, en el año 27 del siglo pasado y el Pueblo Nuevo perdió su apellido de El Terrible que Pueblo Nuevo del Terrible se llamaba.

A la mañana siguiente dejamos Peñarroya y salimos en dirección a Hornachuelos, en su Sierra que es Parque Nacional y forma parte del macizo de la Sierra Morena. Allí, junto al balcón que se asoma al precipicio del río Bembézar, se encuentra, entre cientos y cientos de animales silvestres, el almacén de residuos radiactivos de El Cabril, donde Gonzalo y yo teníamos que realizar algunas mediciones y visitar sus instalaciones. La sierra coronada donde se apoya el cementerio se dice Sierra Albarrana. La voz albarrán o albarrana significa extranjero, aunque también albarrana le dicen a una cebolla de hoja azul silvestre o a una torre defensiva. De etimología árabe al y barrani significan tierra. En 1935, un ingeniero de minas español, don Antonio Carbonell Trillo-Figueroa –manda huevos que diría el nieto- descubre uranio en una vieja mina y, por aquello de que ya puestos, se utiliza, tras la sangría del 36, como almacén de residuos nucleares.

En aquel almacén nos mandaron a visitar la Zerba. Gonzalo y yo nos miramos pero, por no quedar de ignorantes, no preguntamos si esa Zerba no sería era un componente extraño del uranio, la esposa de algún ciervo o la mojonera de alguno de los puerto de montaña que rodeaban el enclave. Al salir del despacho del director –viejo amigo y compañero- preguntamos y nos mandan a un túmulo de tierra y piedras, sepulcro atómico del veneno, coronado de hierbas y arbustos a los que, el uranio enriquecido, hacía crecer lustrosos y fuertes. La Zerba, claro, era la selva, por la verdura selvática que coronaba el túmulo. No hay palabra mal dicha, se dice, sino mal interpretada.

Dos años después, aquella tarde del 26 de septiembre, festividad de los santos Cosme y Damián, patronos de médicos y boticarios, moría en la plaza de toros de Pozoblanco don Francisco Rivera, Paquirri, torero de buen gusto con las banderillas y padre de toda una saga de toreros.

Uno nunca sabe qué se cuece en las cocinas de los recuerdos -un aroma, un sabor, un deseo- y cuándo y por qué, en un momento dado, y por algún motivo que se desconoce, se vuelcan los recuerdos y se reviven momentos, lugares, paisajes que teníamos olvidados de una forma vívida. En aquel viaje, que fue un viaje largo y cumplido, conocí la que ahora llaman Mezquita Catedral, que es cristiana y que fue árabe pero que, antes que nada, fue templo romano dedicado al dios Jano y conocí -¡gracias sean dadas a los tres dioses de la Mezquita!- el Caballo Rojo con su guiso de rabo de toro cristiano, su rape mozárabe y sus dulces sefardíes.

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5 Respuestas a “CÓRDOBA, LA LLANA

  1. La Aguela

    Sigenme gustado sus agendas de viaje, si señor.

  2. Gonzalo Aparicio

    A cuenta de tanto uranio ahora Ángel y yo no necesitamos encender la luz por la noche: somos fosforescentes…

  3. Hay el caballo rojo frente a la mezquita, que buenos recuerdos me trae.

  4. Me gusta!!! Como siempre