SERENDIPIAS, CHIRIPAS Y OTRAS POTRAS DIVERSAS

Quienes somos aficionados al football -y yo lo soy, y mucho- tenemos dos equipos; el propio y el Athletic Club o, como se decía en mis tiempos, el Atlético de Bilbao. De un tiempo a este parte, no obstante, se ha puesto difícil continuar siendo fan del club bilbaíno, por lo antipático de sus dirigentes. Verán… En la última asamblea del club, un directivo vasco acusó al Atlético de Madrid de usurpar los colores, el nombre y el escudo a su club. ¡Ahí es nada! El presidente de la peña rojiblanco madrileña Los 50 le ha contestado en una carta impagable que les animo a leer en la siguiente dirección:

futbol.as.com/futbol/2016/10/26/primera/1477492908_922382.h

En ella se incluye una voz: serendipia de muy curiosa, cuando no ignorado significado y procedencia. La serendipia, según el DRAE, es el hallazgo que se produce de manera accidental o casual. Estos hallazgos no sólo se circunscriben a la ciencia: Calvin, nobel de química recibió sentado en su coche esperando a que su mujer terminara de hacer unos encargos en Sears, la inspiración para explicar la fotosíntesis de las plantas; Kekulé, soñó con que átomos y moléculas formaban cadenas serpenteantes que se retorcían, y una de ellas se convirtió en una serpiente que se mordió la cola, a modo de las pescadillas de nuestra infancia, formando un círculo y girando con gran rapidez sobre sí misma, lo cual dio origen a la explicación de la molécula del benceno… ¡Con un par! Incluso Einstein, don Alberto, reconoció este fenómeno en algunas de sus invenciones. En la Literatura, por no ir más lejos, Stevenson soñó con los personajes de Jekill y Hyde. También Soria, el del blog, reunió a sus dos abuelos tras una cena a base de pimientos del píquillo rellenos de manitas de cerdo desmigadas. Para la serendipia no hacen falta estudios muy tochos, como puede verse. Cosas tan alejadas como las patatas fritas, los rayos X, la penicilina, el principio de Arquímedes, (ya saben… aquello del fluido que se desaloja tras inmersión, etc.) los microondas, o la Viagra azul pitufo son algunas de las afortunadas serendipias de la Historia. ¿Qué decir del manzanazo a Newton…?

¿Y de dónde proviene una voz tan curiosa y extraña? Pues nuevamente tenemos que echar mano de la Literatura. Serendipia proviene del cuento Los tres príncipes de Serendip, nombre persa de Sri Lanka, que tanto gustó a Horace Walpul, IV conde de Oxford, político, escritor y arquitecto, primo que fue de Horacio Nelson, el de Trafalgar. En el cuento se relataban las aventuras de tres príncipes, dotados de un extraño don que les permitía realizar descubrimientos por accidente y sagacidad. Al final, como en caballería, todo tiene su explicación ¿verdad que sí?

¿A que al final nos quedamos sin saber qué dice el cuento? Pues  no; el cuento dice lo siguiente. Ahí va:

Hace mucho tiempo, vivió en Serendip, en el Lejano Oriente, un poderoso rey llamado Giaffar. Tenía tres hijos a los que amaba profundamente. El rey les dio la más delicada educación para que acompañaran a su poder todas las virtudes que son necesarias a un príncipe. Fueron adornados con la sabiduría y la maestría en las artes y alcanzaron el dominio de todas las ciencias. Aun así, su padre pensó que la sabiduría de los príncipes no estaría completa hasta que no caminaran por el mundo y conocieran a sus gentes (se ve que el rey no era nacionalista), así que les hizo emprender un viaje.

En su camino se toparon con las huellas de un camello (camello animal, no de los otros), a la vista de las cuales supieron deducir que el animal estaba cojo, ciego de un ojo, le faltaba un diente, llevaba a cuestas una mujer embarazada y, además, acarreaba miel en un lado y mantequilla en el otro. Poco después, un mercader que había perdido el camello, les preguntó por él, y ante la respuesta tan meticulosa de los tres príncipes, los acusó de habérselo robado. Así se escribe la historia…

Los príncipes fueron llevados a presencia del emperador Beramo. Este les preguntó cómo pudieron saber con exactitud tantas cosas sobre el camello sin haberlo visto nunca y ellos le refirieron sus deducciones: El camello había comido hierba del lado del camino en que esta era menos verde, así que debía haber sido ciego de un ojo. Había a lo largo del recorrido montoncitos de hierba masticada, del tamaño del diente de un camello, que debieron caer por el hueco del diente que le faltaba a éste.

Las huellas mostraban que arrastraba una pata, así que debía de ser cojo. Había hormigas en un lado del camino, atraídas por la mantequilla derretida, y moscas en el otro, comiendo la miel derramada. Junto a las huellas del lugar en que el camello se había arrodillado, estaban las de unos pies y, junto a ellos, orina de una mujer. Había también huellas de manos, por lo que supusieron que la mujer estaba embarazada y tuvo que apoyarse en sus manos al orinar. El juicio se vio interrumpido por el anuncio de que el camello había sido encontrado. El emperador Beramo, encantado por la sabiduría de los tres hermanos, los despidió colmándolos de regalos y ellos siguieron sus aventuras.

El cuento de Los tres principes de Serendip, que tango gustó a Voltaire que lo usó en Zadig, su celebrada obra que da pie al origen de la ficción detectivesca y a la autocomprensión del método científico o asunción cotidiana de que todo hecho, todo acontecimiento que podemos observar, tiene una causa o una serie de causas que producen tal efecto.
En castellano, ese idioma que separa al norte de España del resto del reino, tenemos un par de voces más castizas: la chiripa y la potra. Nada tienen que ver, como es fácil imaginar, con el fenómeno eureka, ya que en este la búsqueda se produce de forma afanosa y constante. Un ejemplo de serendipia es Internet donde, leyendo la crónica del Atlético de Madrid en el AS se encuentra uno, de chiripa, con esta palabra que facilita el post de hoy. ¿Ven como en el football no todo son patadas al pelotón o insultar al referee?

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Una respuesta a “SERENDIPIAS, CHIRIPAS Y OTRAS POTRAS DIVERSAS

  1. La Aguela

    Has dicho.