¡QUE BIEN…! YA PASÓ EL DÍA DEL PILAR

Ayer se celebró la festividad de Nuestra Señora del Pilar y todos, o casi todos, aprovechamos para felicitar a nuestras amigas y familiares. En esto de los santos, como se dice en los programas del corazón, los hay famosos, conocidos y luego la clase de tropa. Veamos… Ayer mismo celebraron su onomástica, entre otros muchos, los llamados Domnina, Evagrio, Prisciano, Edistio, Maximiliano; Walfrido, Monas, Salvino, Eustaquio, Seafín (no Serafín), Amelio, Amigo, Fiacra y Florencio. ¿Quién se acordó ayer de felicitar a Monas o a Salvino o a Fiacra, pongamos por caso? Hay santos de primer orden a los que todos ponemos fecha: las citadas Pilar, Josés, Pedros, Cármenes, etc. Estos serían los santos famosos. Luego están los conocidos: Rocíos, Isidros, Auxiliadoras, etc y, finalmente está el resto, la clase de tropa. En esta clase de tropa estamos casi todos. ¿Quien nos felicita por nuestro santo si nos llamamos, por ejemplo, Argimiro? Nadie, claro. Pero es que a mi, que me llamo Ángel, que es nombre de cura, o de maestro de escuela o de sacristán no me felicita ni María Santísima y eso que mi santo es el patrón de los policías, mozos, ertzainas y otros ángeles custodios del orden y la democracia. ¡Ahí es nada! Por cierto, mis queridos lectores, fue anteayer, como aquel que dice, el pasado día 2.

Yo tuve tres tías mayores –Cirila, Juana y Mónica- con los nombre raros, pero raros, raros para aquellas fechas en que todas eran Marías. Nunca las pude felicitar porque, por aquellos entonces, yo aún no buceaba cada día en el martirologio romano. En esto de los nombres, como en todo, existe una moda a la hora de bautizar.

¿Qué diferencia a un santo como Dios manda, a un santo de santoral, con su regalito de El Corte Inglés, con su medallita de hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana, con su ramito de flores o con su corbata igual que la del año pasado, de otros santos menos celebrados? Pues ni más ni menos que la moda a la hora de bautizar y, sobre todo, que el santo elegido sea celebrado con fallas, encierros de toros o con romerías llenas de carretones tirados por bueyes y lolailos palmeando por un camino lleno de charcos. Si usted, mi querida lectora, se llamase Josefa, en lugar de Fiacra, pongamos por caso, sabría que en cuanto huele a pólvora ha llegado su santo; si usted don Edistio se llamase Fermín, que es nombre de jefe de servicios generales de una ONG, sabría, cantando aquello de uno de enero, 2 de febrero, etc, cuando es su santo. Lo mismo ocurre si usted se llama Rocío. Pero olvídese si, en lugar de un nombre de estos, le ha caído uno menos convencional. Usted tiene un santo de tropa, de los que no va recibir ni una llamada por su santo. Claro es que, bien mirado, tampoco tiene usted que convidar, claro.

Hay santos mártires, como Lorenzo, el pobre, al que quemaron los perendengues los moros y, en lugar de quejarse, dijo aquello de, oiga, joven, ¿le importaría darme la vuelta, que me suda la popa?. Eso es un santo, con un par, oiga, y no aquellos que, por haber cantado y contado los Evangelios o ser patrón de los marineros ya ha cogido la fama y puede echarse a dormir. Sí, señores, ya está bien de la dictadura de los santos famosos y de los santos conocidos. Hay santos que se han dejado la vida en favor de la Iglesia, eremitas que se han aburrido más un fans de Falete y a los que nadie pone fecha de nacimiento. Santos confesores que se han tragado cada rollo de aquí te espero y que, por llamarse Cojonciano, pongamos por caso, nadie les tiene en cuenta.

Viva la Virgen del Pilar; sí, que viva. Pero dejemos que también lo hagan los otros santos menos conocidos y a quienes nadie les importa una higa. Claro que sí.

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