VUELTA A CASA

Hoy vuelvo a mi casa tras dos meses fuera de ella. Ya casi ni me acuerdo de cómo es, como no me acuerdo de muchas cosas que pasaron ayer mismo pero que, por comunes, ni las recuerdas. Hace tanto que no nado que yo creo que ya ni floto. Con la bicicleta nunca me pasó eso, pues le tenía tanto pánico que nunca conseguí montar en una de ellas. Con la hípica me pasó otro tanto: me caí de niño de un burro y le tengo pánico a los caballos. Tampoco disfruto, como antes, leyendo, viendo cine, bebiendo o comiendo. Los escritores, los directores y los médicos tienen mucho que ver en ello. Estoy seguro que este desapego por las cosas comunes las trae la vejez. ¿Cuándo empieza uno a ser viejo? No sé… Yo creo que la vejez es como cuando entras al cine con la película ya comenzada; sabes que estás en el cine pero ni has visto la sala ni a la gente que está en ella. Con la vejez pasa otro tanto, llegas a ella cada día, con cada minuto que pasa, pero no eres consciente de ello.Nunca fui muy viajero. Es más, siempre me gustó viajar desde la pantalla del televisor. El canal de viajes, como el de cocina, te permiten viajar sin el cansancio del turista y comer sin la hipoteca de la obesidad. Ese y no otro es el éxito de las nuevas tecnologías. Ya no me gustan las ciudades. Yo que siempre viví en una ya no puedo ya con ellas. Me gusta el campo, sí; me gusta ver pasar el agua de los ríos, mirar las formas caprichosas que adquieren las nubes, me gusta la tranquilidad del aburrimiento. Me gustan los pueblos donde nunca pasa nada; esos pueblos donde hasta los perros se mueren sin aprender a ladrar.

La prensa me cansa. Ya no leo periódicos, ni sigo la política, que me parece la peor actividad que lleva a cabo el ser humano. Me gusta, eso sí, leer las esquelas de la prensa. Las del ABC son las mejores. Las hay que relatan una vida de éxito. Una vida que, ¡vaya por Dios!, también se acaba. Leyendo los cargos que disfrutó en vida el difunto y que, comparados con los nuestros, me lleva siempre a una reflexión: ellos, a lo largo de sus vidas, tuvieron currículos, historias, experiencias, mientras que el resto de la sociedad se tenía que conformar con tener antecedentes. ¡Qué le vamos a hacer!

La amistad, el amor, la familia… Son asuntos tan serios y crean un vínculo tan fuerte y duradero que sólo se necesita de la necedad de uno mismo para acabar con ellos. Y luego está, naturalmente, el blog. Esa cita diaria, o casi diaria con mis mejores amigos, con mis lectores. En el blog hay que contar, cada día, una historia nueva, una historia sincera. Esto parece difícil; no lo crean… La sinceridad consiste en decir siempre la misma mentira. De tanto repetirla hasta uno mismo se la cree. Al final una historia es una especulación adaptada, una historia que, de tanto manipularla, cree uno que ha pasado realmente y el éxito del escritor consiste en que el lector se la crea.

Hoy vuelvo a mi casa, como decía al principio, después de dos meses fuera de ella. Dos meses en los que el agua que escapaba de los radiadores me echó definitivamente de ella. No sé si tengo ganas de volver por ser mi hogar o por encontrarme de nuevo con esa vida mía tan lenta, tan pausada, tan aburrida. Una vida que es, en realidad, con la que disfruto, la que me gusta. Espero que ustedes me perdonen si estoy unos días desconectados de esta pantalla. Hay que adecuar la casa, volver a colocar cada cosa en su sitio, retomar la vida como si el agua no hubiera salido por el radiador. Y eso, amigos míos, es tan difícil como intentar volver a la niñez con el conocimiento aprendido de los muchos años vividos. Hasta pronto.

Anuncios

2 Respuestas a “VUELTA A CASA

  1. La Aguela

    Cuanto me alegro de que así sea o así es, que en la mayoría de las ocasiones, tanto monta……….

  2. La vejez, llega poco a poco…pero lo curioso és, qué un buén día nos miramos al espejo y tenemos la impresión de qué ha sucedido en unas horas..ànimos Àngel, cuando todo esté en su sitio, se irá tu tristeza..conozco esos momentos.. como en casa, en ningún sitio.