DE LUBINAS Y SEÑORAS


Don Landelino Trijueque Astorga, es vecino, aunque no natural, de Peleagonzalo, municipio zamorano casi en la mojonera de Valladolid, de donde viene el Duero desde Tordesillas, la ciudad cárcel de la reina loca. Don Landelino Trijueque Astorga, de donde es natural es de Bustillo de Oro, también en Zamora, y está casado con la Angustias Zorriqueta que es, al decir de algunos, un zascandil a la que gustan tanto los hombres como el visitar el ferial durante las fiestas patronales. Es tan así que algunas vecinas –siempre hay un corazón cristiano para echar una mano- la dicen, por mal nombre, Zorrainquieta. ¡Ya ven ustedes las ganas que gastan algunas de señalar! El don Landelino Trijueque Astorga es afilador de dalles y reponedor de piedras en los trillos. Un trillo dura mucho, sobre todo si está mandado construir en la villa de Cantalejo, en la comarca del Duratón, partido judicial de Sepúlveda, arciprestazgo de Cantalejo-Fuentidueña y obispado de Segovia, Spain, donde se hacen los mejores trillos del mundo. Ahora los trillos ya no se utilizan en las eras. Ahora ya no hay ni eras, ni trillos, ni machos, ni cereales.

Ahora lo que hay es mucho vividor y mucho chupatarteras, don Dimas. Lo que yo le diga.

Y también mucho golfo, ¿verdad usted que sí, don Matías?

Huy, más que decentes. Ayer mismo, donde usted me ve, fui a cortarme el pelo a donde el Fígaro, ya sabe, el Encarnación, el hijo de la molinera, ¿me sigue?

Como Timoner detrás de la moto, no le digo más…

Pues eso, que va el Encarnación –yo nunca le digo Encarni, como le dicen otros para molestarle- y me pegó un trasquilón que a poco no me desoreja como al toro blanco de Antoñete. ¡Qué haces, agonías, que me desorejas! Y no va y me dice que total, que para lo que hay que oír. ¡Será lerdol!

No se haga usted mala sangre, que no merece la pena. Piense, además, en su esposa, lo que se disgusta.

¡Pero qué esposa, si soy viudo!

No, hombre. En la suya no; en la del Encarnación.

¡Ah, sí! Usted perdone, que le había interpretado mal el posesivo. Ya sabe, el mi, tú, su, que decía don Régulo, el maestro.

¡Vaya señora la del Encarnación!, ¿eh, don Dimas?

Ya lo creo, una señora de las de antes, de las salvajes, no como las de ahora, que son casi todas de piscifactoría.

¿Cómo?

Sí, hombre. Las señoras, como las lubinas, las hay de dos clases: las salvajes y las de piscifactoría. Las primeras se mantienen sanas y en su justa medida, tal como Dios Nuestro Señor las diseñó, pero las otras… ¡Quite usted allá! Que si el botox, que si la silicona… Al final va uno al restorán se come una lubina y menos a pescado sabe a todo. Pues con las señoras otro tanto. Lo que yo le diga, don Matías…

Oiga, don Dimas que digo yo, sin ánimo de molestar, ¿eh?, que si no le parece a usted que este razonamiento no le ha salido un poco machista y despreciativo con las señoras.

¿Es que le parece a usted que las lubinas son moco de pavo? Por si no lo sabía usted le diré que la lubina, como su prima hermana, la dorada, el besugo, el sargo, el salmonete y los pargos son los pescados preferidos por los grandes gourmets. ¿O es que preferiría usted que las hubiera comparado con las sardinas o los chicharros?

No, si yo no lo digo por eso, sino que no creo que a las lectoras de este blog les resulte muy cómodo verse retratadas como unas lubinas, aunque sean de las salvajes…

Las lectoras de este blog, amigo Matías son, sobre avisadas, bien inteligentes y saben que todo lo que aquí se pone es a mayor gloria mundi de las señoras y que, lo demás, son ganas de tocar la ocarina de oído. Lo que yo le diga…

Bueno, bueno…

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Una respuesta a “DE LUBINAS Y SEÑORAS

  1. La Aguela

    Me ha gustado mucho lo de “ganas de tocar la ocarina de oído”, ¿donde habré oído yo eso? jijiji, ¿así que, lubinas eh?