EL ESCABECHE DE CHICHARRO. ALIMENTO PATRIO


A don Escolástico de los Bueis –no de los bueyes- Bregón, natural de Porquera de Santullán, provincia de Palencia, nunca le gustaron los macarrones, los fideos y la pasta en sí ya que le parecía que sabían a engrudo y, además, engordaban por la parte de la panza. A don Escolástico de los Bueis Bregón lo que realmente le gustaba eran los caracoles en salsa de callos a la madrileña. No como los que se hacen en esta tierra, decía, que le ponen salsa de tomate y huevo batido.Los callos, señores, como las copas de Europa de fútbol, de Madrid y nada más que de Madrid. ¡Estaría bueno!

Lo que realmente le gustaba a don Escolástico de los Bueis Bregón eran las sopas de ajos y los chicharros en escabeche. Los chicharros en escabeche, decía sentando cátedra en los sofás del Círculo Carlista, han quitado el hambre a lo más granado de la Armada. ¡Qué metas habría alcanzado España si, en lugar de poner raciones de cebollas crudas a la Invencible le hubieran cargado del pontón del puerto con barriles de chicharros en escabeche.

Don Escolástico de los Bueis Bregón tampoco podía comer la merluza –o su prima pobre, la pescadilla- congelada. El pescado congelado, la sopa de sobre y el engrudo que llaman macarrón son, decía, culpables del ocaso de Occidente, de la ola de marxismo que nos invade, del materialismo que inunda la Patria y de la pertinaz sequía.

¿De la sequía también, don Escolástico?

¡Si señor! De la sequía sobre todo. Nos ha amolado aquí el librecambista este de don Jenaro.

Oiga, yo…

¿Usted qué? Un librecambista y un papiroflexo.

Eso, don Escolástico del papiroflexo no se lo consiento yo a nadie?

Está bien, se lo retiro, porque su padre de usted, que está difunto no tiene la culpa. Pero de lo de librecambista no hay quien me apee.

Está bien, dijo don Jenaro, quien ya se veía limpiando su honra a sable bajo el puente de las Vacas.

La paella, en cambio, señores, puede llevar caracoles. Los valencianos de la huerta ponen siempre caracoles a la paella. Caracoles y conejo y, por Pascua de Resurrección, pollo de cresta.

¡Caray con los valencianos!, dijo don Abdón. No son nadie los valencianos echando sacramentos a la paella.

Sí señor y nada de esas porquerías que ponen ahora en Riscal de langostinos y chirlas. Las paellas, señores, son un plato árabe, ya lo escribió Avicena.

¿El de las papillas?

¿Qué papillas ni qué niño muerto, don Rómulo? Lo de las papillas es Maizena, y no Avicena. Aquí, a esta tertulia, se viene leído. Leído y bien cenado, para que no se le ladee a uno la cabeza, como si no hubiera soplado la cuchara en un mes.

Oiga usted, tío boticario…

Cuando a don Escolástico de los Bueis Bregón le decían aquello de “tío boticario” perdía los estribos. Nada más decir lo de tío boticario, el don Escolástico le arreó tal bastonazo al don Abdón que le dejó la cabeza como una hucha. ¡Cómo sangraba!

El ujier del Círculo llamó al alguacil y este, como no tenía excesivas luces, dio parte al cuartelillo y allí que se presentaron el cabo Melquiades y dos números; el guardia Anselmo, natural de Suellacabras, provincia de Soria y el guardia Riquelme, que era algo gallego y sabía afilar con muy buen toque las bayonetas y hasta las tijeras de podar los rosales de la señora del sargento, la doña Brigida.

¿Qué ha pasado aquí?, preguntó el cabo Melquiades.

 

Señores guardias civiles; 

aquí pasó lo de siempre. 

Han muerto cuatro romanos 

y cinco cartagineses.

 

Mira, dijo el cabo. Aquí el joven Tarsicio, que nos salió poeta y se ha soltado el pelo por García Lorca. Me lo va usted a coger, Anselmo, y me lo va a llevar al cuartelillo un par de noches para que siga ensayando poemas.

No ha sido nada, cabo. Un desacuerdo por el sofrito de la paella.

Y esa sangre ¿Qué es, el tomate?

Esa sangre, cabo, es de servidor, dijo don Abdón, muy en su papel tribunicio y mediador. Es que me corte un dedo, dijo enseñando un dedo enrollado en una servilleta, abriendo una lata de chicharro en escabeche.

¿Les gusta el chicharro en escabeche?, preguntó el cabo

Más que comer con los dedos, cabo.

¡Qué suerte!, a mi la Brígida no me lo da porque dice, ¡ya ven ustedes!, que luego me sabe el bigote a taberna.

Las hay finas, dijo el don Escolástico.

¿Oiga lo de fina no será con recochineo, verdad?

No, cabo. Dios me libre. Fina de delicada, de educada.

¡Ah, sí! Eso sí. Educada como una monja de posibles.

Ya se puede. ¡Ea!, pues eso fue lo que pasó, cabo. ¿Hay algún problema más?

No, ninguno. Y usted, Anselmo. Suelte al poeta, que para uno que sabe leer no vayamos a joder la marrana.

Con Dios, señores

Con Dios, comandante de puesto…

 

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Una respuesta a “EL ESCABECHE DE CHICHARRO. ALIMENTO PATRIO

  1. La Aguela

    Vaya, pues para no tener ganas de escribir, hay que ver lo bién que le ha salido a Ud, en fin, será cuestión de que se le quiten las ganas más habitualmente.
    Póngame a los pies de su Santa.