SALAMANCA POR FERIAS


Hoy es día de mercado en Salamanca, hay mucha animación. Ahora, cuando hay animación en las calles la gente día que hay ambiente. A mí me gusta más decir animación. Son las doce de la mañana; mediodía y los salmantinos y los foráneos que han venido de los pueblos, y los feriantes y los turistas –que también los hay, aunque menos- pasean y entran y salen de los bares con cara de satisfacción. No en vano Salamanca es plaza fuerte a la hora de almorzar. Después del almuerzo la gente recobra su actividad y los puestos y tenderetes se llenan de curiosos que preguntan, regatean o, simplemente miran. El día de mercado, en Salamanca las calles se llenan de agricultores, de paisanos que vienen a ver al médico, a sacarse una muela o a ver al abogado que le trata lo de la PAC.En la parte vieja de la ciudad, y al caer la tarde, los visitantes buscan otro tipo de comercio. Un comercial más carnal, aunque no cárnico. No hay una tarde de mercado que se precie si no se visitan los lupanares del barrio chino. Ahora, con esto del Mercado Común, el toma y daca, al decir de los visitantes del barrio se ha prostituido. ¡Vaya por Dios! Hace años, decía don Justo poniendo cara de pillo, sí que daba gusto visitar estas casas. Ahora ya nada es como antes.

Don Justo visitaba el barrio chino desde bien joven, cuando su padre, también ganadero de bravo, se quedaba a merendar con otros mayorales en la plaza mayor. Entonces él, y otros jóvenes de los pueblos se tomaban unas cervezas en los bares del barrio chino y la tarde concluía con un ascenso al paraíso del sexo.

Don Justo nunca olvidará aquella tarde de octubre del cincuenta y siete –nada más pasar las fiestas del Pilar- en que subió, por primera vez, con una señorita al meublé. Nunca supo su nombre pero, aún hoy, recuerda al tacto suave de su piel; el olor al jabón de olor de su larga melena negra y el cariño que puso la chica en atenderlo. Don Justo siempre pensó que esto del sexo sería distinto y, de su primera experiencia salió bastante desilusionado. No con la chica, claro; de la que aún recuerda el tacto de su piel de seda acariciado por sus manos sarmentosas, sino con la experiencia. La cama, grande, estaba tapada con un plexiglás que le hacía sudar por el trasero; en la cocina de la casa se escuchaba el ruido de las cucharas apurando la sopa de la familia propietaria del burdel y, de la radio, salían las tristes noticias de aquella riada que inundó Valencia convirtiendo el río Turia en un mar de destrucción. El locutor, compungido, iba relatando los daños y el gobierno, al decir de la radio, había dispuesto un plan de ayuda a los valencianos.

Don Justo, mientras aliviaba el rijo con la chica de la piel de seda, escuchaba atónito las noticias del parte. ¡Así no hay quien se concentre!, pensó. La chica comprendió que la falta de experiencia y el triste relato de la inundación habían impedido al chico cumplir como ella merecía y le perdonó el estipendio. Don Justo –¡aún quedaban hombres en el Reino!- se sintió caballero y pagó, como Dios manda, su fallida ocupación.

Desde entonces, cada vez que don Justo visitaba Salamanca para los mercados semanales o por la feria, hacía su visita al barrio chino. Cada anochecer buscaba, bar por bar, a la chica del pelo negro y la piel de seda. Nunca la encontró. Don Justo, desde aquel día, cada vez que viaja a Salamanca se acuerda del bar, se acuerda de don Federico Gayo, el locutor de aquel triste Diario Hablado y se acuerda de Valencia y sus riadas. Pero sobre todo, don Justo se acuerda de aquella cama plastificada, del sudor de su trastero y del ruido de las cucharas sobre los platos de sopa.

El sexo, según don Justo, no es lo mismo ahora que antes. Ahora ya nadie come sopa, Valencia no se inunda y la radio ha dado paso al televisor en el que todo es menos próximo.

Esto va a ser por lo del Mercado Común, don Justo

Y tanto, hijo; y tanto…

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Una respuesta a “SALAMANCA POR FERIAS

  1. La Aguela

    Este es mi ESCRITOR.
    ay pillín, pillín, Salamanca.