A PETICIÓN DE PARTE


Este post, aunque no lo pareciera, ha sido escrito a petición de parte por uno de sus lectores. Queda aquí dicho por si en adelante tenemos que dedicarnos a las peticiones del oyente. Amén.

Don Trifón Anguila Aguirre, natural de Zaorejas, provincia de Guadalajara y de profesión ganchero había vendido trescientas vigas de pino de Valsaín a don Vicente Trueba Pérez, alias la Pulga de Torrelavega, natural de Sierrapando, Cantabria, y se las trajo por el río Cifuentes hasta el chalét que la Pulga tenía en Cifuentes, junto a la casa del Chás.. Al parecer don Vicente no le pago nunca las vigas puesto que, pese a lo que pudiera parecer, la gente no suele acordarse siempre de todo aquello que compra. Una vez yo mismo, sin ir más lejos, me compré un ataúd de pino repujado y con la cerrajería dorada y se me olvidó retirarlo de la funeraria. Afortunadamente, el amo de la tienda, Loureiro Pitaña, un gallego de Orense, lo comprendió y se lo vendió a la familia de un portugués que se cayó por una quebrada del monte mientras le perseguía la guardia civil por contrabandear cafés El Dromedario que metía desde la freguesía de Gondarén hasta O Rosal, donde el vino, que, sobre ser clarete o rosado, tiene aguja como la sidra El Gaitero.¡Céntrese usted, don Dimas, que se le va el santo al cielo!

Pues sí, tiene usted razón don Matías. Decía que el don Trifón Anguila Aguirre, ganchero de Zaorejas vendió unas vigas de pino de Valsaín a la Pulga de Torrelavega y este, que no entendió el error a la hora de recibirlo aprovechaba todas y cada una de las vueltas ciclistas en las que participaba La Pulga para perseguirlo, monte arriba, reclamándole la deuda.

¡Vamos, Vicente!, le gritaban los espectadores en cada curva de la subida a la Cruz Verde y el don Trifón, que seguía confundiendo el culo -con perdón- con las cuatro témporas, dale que te pego, que qué pasa con las trescientas vigas; que o me paga o de aquí no hay quien me mueva y le persigo hasta el Puy de Dôme o hasta el Parque de los Príncipes, si es menester..

Entonces, don Dimas, ¿usted cree que don Trifón fue el inventor de perseguir a los ciclistas a lo largo de los puertos de montaña?

No, en realidad él no inventó nada. A él, como le pasaba a Forrest Gump, le siguieron en su ejemplo cienes y cienes de aficionados que, ora con una gaseosa, ora con un botellón de agua los persiguen cuesta arriba animándoles hasta la misma cima del monte.

¿Y siempre los obsequian con agua?

Pues no siempre; no crea. Al parecer, y esto lo cuenta don Eddy Merckx, una tarde, en uno de los puertos del centro de Francia, uno de los seguidores que perseguían al belga, escapado como siempre del grueso del pelotón, que aunque usted no lo crea no es un gordo en bici, sino el mogollón de bicicletas, vamos; lo que se viene llamando la serpiente de colores. El caso es que uno de los que corrían a su lado le ofreció una cantimplora, presuntamente de agua. El belga, que llevaba la lengua como la axila de un dromedario, se echó tal trago que le dio culo a la cantimplora sin pararse a comprobar su contenido. El dicho contenido era, en realidad, coñac. Pero no coñac Hennessy, o Martell, como se esperaba de un gabacho como Dieu manda, sino de Coñac La Parra, que el que lo toma la agarra. El pobre belga pegó tal respingó en la bicicleta que a poco no salta por encima del manillar.

¿Y qué ocurrió?

Pues ocurrió lo que tenía que ocurrir. El hombre, con un melocotón como un piano tomó un desvío y acabó en una boite de los Alpes tomando coñac con batido de chocolate, que allí le llamaban Lumumba y, cuando quiso volver a la meta le habían dado la etapa y el tour al Darrigade, un landés de Dax, que tenía el flequillo así, tirando a Tintín.

¡Qué cabrones!

Eso es lo que dijo Merckx, pero como lo dijo en belga, que no es ni idioma, sino una forma muy de hablar, nadie le entendió.

 

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Una respuesta a “A PETICIÓN DE PARTE

  1. La Aguela

    Lo ves, en cuanto se te pica un poco o se te achucha, escribes como siempre, usease, GENIAL.
    Póngame a los pies de su fontanero, pintor, solador, perito, electricista, albañil, conserje del hotel y señorita de Atención al Asegurado.
    ¡ Ah ¡ y a los de su Santa.