DON JUAN ANTONIO RIÑE AL ESCRIBIDOR


La gente decente, la gente consecuente, con criterio, tiene sus principios y de ahí no hay quien los mueva. He conocido familias muy tradicionales y circunspectas; familias que están incluidas en él Gota de las familias castellanas, que no se hablan más que la noche de Nochebuena. El resto del año, los restantes trescientos sesenta y cuatro días se los pasan sin hablarse, como Dios manda. ¡Nos ha amolado, estaría bueno lo contrario!, gente culta y educada faltando a los principios naturales del brazo irretorcible de la Historia…

¿Cómo contar la historia de una familia así? Don Juan Antonio Sebastián, que vaca desde hace años junto al río Alberche, me amonesta suave y delicadamente, como aquella canción de Roberta Flack, –killing me softly– por llevar varios días sin escribir en este blog. No sabe don Juan Antonio que hasta las musas se ausentan en agosto.

El escritor siempre intenta poner sobre el blanco papel, sobre la alba cuartilla desangelada, aquella parte del corazón que aún late bajo su piel. El escritor narra su infancia, sus paisajes, su mundo y el lector cree hacer suyo ese mundo, esos emplazamientos que el escritor ha narrado y ese mundo propio. ¡Qué iluso el lector! La gran paradoja es que el particular viaje a Ítaca que cuenta el narrador, es una vuelta a la infancia que ya no es posible, que el paisaje es distinto desde el día en que Ulises partió. Faltan, desde entonces en Ítaca el propio Ulises y, por ello, ni Homero con su relato, ni el lector con su ávida curiosidad encontrarán, jamás, la Ítaca auténtica del relato.

¿Pero usted sigue buscando la verdad, no es cierto?

La Verdad es un periódico de Murcia, mi querido amigo. La otra verdad, la que usted dice, es relativa. Póngase a pensar en un pueblo alpino de Suiza. El día está soleado, el verde y la luz del sol ofenden la vista. Un par de vacas pastan sin moscas que las incordien y el aire huele a caramelos Ricola. Tres hombres observan, desde un mirador, la idílica imagen. El uno piensa, ¡qué maravilla!, Dios Nuestro Señor debía de estar muy feliz cuando hizo un paisaje y una naturaleza tan perfecta. El observador número dos piensa, ¡qué tristeza!, aquí mismo, junto a esas rocas, murió mi hijo esquiando aquellas aciaga tarde. El tercero, por el contrario, piensa ¿podré meter en Suiza todo el dinero negro que tengo en España? La verdad no existe, don Juan Antonio. La realidad depende de la mirada de cada uno. El paisaje no puede ser, nunca, la verdad, si no contamos con las personas que lo componen o si nos abstraemos de cada realidad personal. La verdad es el territorio de la duda, de la perplejidad, de la ambigüedad.

Hoy se levantó muy filosófico el escritor, ¿verdad, don Dimas?

Algo andará barruntando…

Yo creo, no sé qué le parecerá a usted, que como se le agotaron las fuentes del magín ahora le dio por la filosofía. Ya verá usted como, el día menos pensado, hasta nos ilustra sobre la escritura de la intermedialidad esa que nos ha puesto hoy en el face.

No, si camino lleva de ello. Y de la inclusión armónica de la incorporación de un medio a otro.

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Una respuesta a “DON JUAN ANTONIO RIÑE AL ESCRIBIDOR

  1. La Aguela

    Cierto Don Matías, filósofo se levantó el escribidor, pero lo que él no sabe(bueno si lo sabe) es que el escribidor no solo narra su infancia, sus paisajes y su mundo, narra también el del ávido lector que no es que lo haga suyo, es el suyo.
    ¡Ah¡ y si, killing me softly, JAJAJA
    Póngame a los pies de su Santa.