MIRANDO CORRER EL RÍO


Me llego hasta el puente del río y encuentro, en sus márgenes, a varias personas mirando hacia el escaso cauce veraniego. Son personas mayores, aunque no todas sean ancianas. Seis varones, tres mujeres y un niño. Todos están en silencio, aunque apenas unos metros separen a unos de otros. El niño está cogido de la mano de una señora que pudiera ser su madre. Está sola, va vestida de oscuro, a pesar del calor que hace. Junto a ella dos personas ancianas. La señora anciana se agacha y habla al niño en forma queda. Podría ser su abuela. Dicen los pedagogos que para hablar con los niños es preciso ponerse en cuclillas. Dicen que se llama escucha activa. No sé, en mis tiempos, te llamaba tu madre y la única escucha activa era el zumbar de la zapatilla buscando tu trasero. El resto de las personas permanece ajena a la conversación entre la abuela y el nieto. Parece como si estuvieran mirando hacia las altas y ya amarillentas copas de los chopos. Hay una ligera brisa y, de la maraña de juncos del cañaveral saltan, de vez en cuando, algunas carpas capturando el incordiante mosquito de la charca. Hay en el aire una algazara desenfrenada de jilgueros y, en la otra orilla, un pequeño pato parece navegar ajeno a la escena.Delante de la señora vestida de oscuro un señor de aspecto venerable lleva abrazada una pequeña vasija que bien pudiera ser un florero. No lo es, claro, pero podría serlo. Junto al caballero del florero un señor mayor fuma un cigarrillo de liar. Ahora se fuma mucho este tipo de tabaco. Debe de tratarse de algún nuevo avance en esa modernidad que llaman Marca España. El señor que fuma va apoyado en un nudoso bastón de caña. Es un bastón artesano, no uno de esos bastones historiados de empuñadura de marfil. A su derecha cae el arroyo que viene del pueblecito de al lado. Es un cauce pequeño, casi una vena de agua. Yo creo que no tendrá ni nombre. Pero mira… gota a gota es como se consigue un cauce tan caudaloso. ¡Quién lo diría!

Estoy paralizado con la escena. Parece el rodaje de un anuncio de esos de la televisión. En un momento, pienso, saldrá alguien de entre el follaje y gritará: ¡acción!. Pero no, no sale nadie y grita acción. Tampoco se mueve ninguno de los actores. Parece como si estuvieran dudando qué es lo que hay que hacer ahora. Me intriga la escena y no puedo marcharme sin cotillear qué gaitas están haciendo.

Finalmente la señora vestida de oscuro avanza junto con quien parece su padre y el señor del florero. Se llegan de forma calmosa hasta la misma orilla y el señor le entrega la vasija a la señora que la lanza al río. El resto de espectadores de la escena bajan la cabeza con cierto alivio. ¿Serán las cenizas de alguien? ¿Será algún objeto del que se quisieran desprender? La señora de oscuro y sus dos acompañantes vuelven hacia el resto de los espectadores. La señora de oscuro vuelve a dar la mano al niño y besa a la señora mayor que le mantenía cogido de la mano. Sí, definitivamente parece que eran las cenizas de alguien que han arrojado al río.

Avanzo por el puente y me cruzo con la señora y con el niño. Al pasar junto a ella levanto levemente mi sombrero y le ofrezco mi pésame. La señora me sonríe de forma triste y me da las gracias. Cedo el paso y espero hasta que pasan también los señores mayores. Vuelvo a repetir el saludo y me agradecen educadamente mi pésame. Cuando, por fin, pasan los últimos acompañantes del duelo le pregunto a uno de ellos.

¿Qué pasó?

Pues ya ve usted. El padre del niño, que se cansó de vivir. Se tiró al río y hemos tardado más de quince días en encontrarlo.

¡Vaya!, les digo. ¿Y no le dan sepultura?

Pues no, ya ve usted. Se conoce que, como tenía querencia al río, los familiares han decidido echar allí las cenizas.

Pues mire usted, es todo un detalle.

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3 Respuestas a “MIRANDO CORRER EL RÍO

  1. La Aguela

    Querido Delibes, la querencia es la querencia. Muy bueno.

  2. La Aguela

    Por cierto, ya era hora.

  3. Ángel Soria

    Ande andarás tú, pendejo