¡QUÉ BONITO ES EL AMOR…!

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Pues sí señores, mal que les pese a algunos de ustedes el amor (l’amour que dirían los fransuás), es de lo más bonito que se puede tener hoy en día. Hay gentes, claro, que como nunca lo han experimentado –como tampoco han experimentado el dolor de próstata- pues creen que haciéndole a uno un tacto rectal se quita; pero no, el amor no se quita. Todo lo más, como el pelo, se termina cayendo; pero quitarse, jamás.
Vienen estas disquisiciones a cuento de una pintada –creo que en inglés se dice graffiti– que hay en la carretera nacional A-1, bajo el puente de la M-40. Dice así el citado mensaje: Buenos días, princesa churriflor y, dentro de una margarita y pintado al tresbolillo, dice TK que, como muchos de ustedes, los que gozan del amor sabrán, quiere decir te quiero a lo juvenil. He pretendido hacer una fotografía para que todos ustedes puedan disfrutar del mensaje, pero al estar en una curva bastante peligrosa he desistido de ello y, por lo tanto, se la muestro en mode prosa o, por qué no, la robo del twitter de alguien que la ha retratado.
¿Quién es la princesa churriflor?, se preguntan ustedes, cotillos impenitentes. ¿Será una rosa, será un clavel…? Y, lo que es mejor, ¿quién gaitas será el príncipe churroflor? ¿Será la princesa churriflor –ya que la carretera lleva hacia esa dirección- una moralejeña. Osá, tía, que fuerte, que fuerte, la megrasuperprincesa churriflor de nuestra urba…
La carretera nacional A-1, entre Madrid y la sierra es muy dada a los mensajes amorosos. Los puentes y pasarelas que las atraviesan están llenos de mensajes amorosos. También hay otros que hacen referencia a un asesinato truculento ocurrido cerca de Algete, pero eso no viene a cuento. Hay, por qué no decirlo, también algunos mensajes reivindicativos y muy republicanos. Tampoco vamos a referirnos a estos, sino a los mensajes de amor. Esas declaraciones que, al contrario de las de Hacienda, se hacen de modo voluntario y, siempre, siempre de forma anónima.
No hace tanto, en la radio, la señora Francis daba lectura a mensajes de este tipo. Algunos, incluso, más cursi, que ya es decir. Estos mensajes solían ir firmados por signos del horóscopo. Atentamente, Capricornio; o muy agradecida, le saluda atentamente, Piscis. Ahora no, ahora la radio, que ha espabilado, si quiere usted poner un mensaje se lo cobra y eso, claro, hace perder su aura de misterio y romanticismo.
No sé qué le parecerá a la abuela que gobierna la capital del Reino este tipo de pintadas. Ella, como es tan culta y tan justa, pensará como Rimbaud, o como Baudelaire que mola mazo –yo creo que era otro filósofo quien lo dijo, pero en fin…-, pero seguro que le parecerá mejor esto que no lo que hizo, en su momento, Miss Sandra Weir, inglesa, de pelo medio azanahoriado y pecas hasta en el DNI que se enamoró del bombero Barnoldwick y, para llamar su atención, quemaba cada tarde una manzana de houses en Liverpool. ¡Donde va a parar, verdad doña Manuela!
Uno se imagina al enamorado de la princesa churriflor algo talludito. El pelo invisible, vamos… calvo y un si es que no es fondón. Seguramente el novio en potencia de la princesa churriflor se tomar un chinchón seco a las once de la noche para coger valor y, con una sudadera con capucha, de color negro, saltará la mediana para, spray en mano, firmar su declaración al pairo de la seguridad vial. ¡Qué tío el novio de la princesa churriflor! ¿Qué pensará churriflor cuando vuelva, cada día, de su puesto de trabajo en la caja del Mercadona, o en la oficina de la BMW que está al lado, o del Hipercor que hay más allá? ¿Suspirará, como las enamoradas de las novelas rosa del diecinueve? ¿Se acordará de los muertos del enamorado?
El amor es muy bonito, sí. Máxime cuando es un amor inconnú, que vuelven a decir los gabachuás. Lo malo, claro, es que ese amor, que es tan entretenido mientras llega, acaba por convertirse en algo –digamos- funcional y muy del corteinglés, como el resto de enamoramientos. El amor de la princesa churriflor, por el contrario, es un amor emocionante, con un amante desconocido –o no, que diría El Pasmo de Pontevedra– pero que, ¡vaya por Dios!, terminará, más pronto que tarde, pasando por la sacristía, que es la antesala del aburrimiento. Pero mientras, y ahí hace bien la princesa churriflor, aprovecha el paso de los automóviles para, día a día, buscar entre los rabitos de las vocales o en las altas y bajas consonantes, la clave que le permita encontrar a su príncipe churriflor y ver sí, como los yogures cuando se les mira el culo, están caducados o tienen aún media vida por vivir.

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Una respuesta a “¡QUÉ BONITO ES EL AMOR…!

  1. La Aguela

    Una buena mezcolanza, a mi me ha gustado, a la cumpleañera, espero su veredicto. jajaja