MORIR O PERDER LA VIDA, ¡QUÉ DILEMA!

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Otelo, aquél moro negro, gordo y veneciano que se parecía a Plácido Domingo pintado con el corcho quemado de una botella de sidra El Gaitero, se tomó muy en serio su desventura y los celos y se quitó la vida sin ningún tipo de consideración. Hizo bien, ¡qué coño!, cada hijo de vecino tiene su corazoncito y nadie es ajeno a la idea de preferir perder la vida en lugar de eso tan cómodo que es el morir y al que todos, tarde o temprano, acabaremos afiliándonos como si fuera el Canal Plus.
Una señora eslovaca, doña Alojzia Zenevieva, natural de Radovljica, en la Cuenca de Liubliana, temperamental y enamoradiza como solo las eslovacas son capaces de ser, a lo que dice el Slovenske Novice, no pudo reprimirse cuando vio que su querido esposo, el Beyla Zeneviev, estibador de paquetes diversos en el río Ljubljanica, la engañaba con su mejor amiga, Alina, que tiene nombre de canción francesa, cosa que, por lo común, no debería extrañar ni a las más membrillas de las eslovacas pues es muy cómodo y resultón para el garañón.
Pues bien, resulta que la Alojzia prefirió morir a perder la vida cosa que, aunque parezca lo mismo no es, ni por el forro, igual. En las torres Gemelas los pobres currinchis del piso 52 se tiraron por la ventana para no morir quemados. Esto es morir pues nadie sabe, por no haber ocurrido aún, si el pobre administrativo iba a perder la vida o, por el contrario, los bomberos llegarían, como el Séptimo de Caballería, tocando la turuta a salvarle. Cosas tenedes, Cid, que dijo el rey en circunstancias todavía no aclaradas.
La loca de la Alojzia, con su insensato proceder se tiró por la ventana abajo situación que, como es fácil imaginar, suele ser puesta en práctica por gentes de mente obnubilada por la desesperación o la cabezonería que, a estos efectos, tanto monta. El caso es que la muy burra se echó por la ventana y ¡vaya por Dios!, fue a caer sobre los hombros mismos del Beyla Zeneviev, su bien consolado esposo, y la propia amiga, Alina dejándolos, en el acto, como un sello de correos, el uno junto a la otra, de perfil, como si fuesen dos monarcas regentes.
Este pronto, como es fácil suponer, es lógico en una española, en una italiana del sur o en una portuguesa de negros velos y fado tristón pero… ¿en una eslovaca? ¿Se imaginan ustedes a una eslovaca que decida poner fin a sus días por un quítame allá esos polvos –con perdón- o estos lodos? Es rarísimo, desde luego.
Pero ahora viene lo malo… o lo bueno, según se quiera mirar. Resulta que la muy insensata, por aquello de tirarse a tontas y locas, no se le ocurrió mirar primero para abajo. Y, claro, en lugar de decir aquello tan socorrido de ¡suicida va!, pues se tiró sin avisar y ¡zas!, les cayó encima al Beyla, su marido, y a la Alina, la amiga despechada –no enfadada, no; sino que iba sin sweter y con el pecho suelto por aquello de las prisas- y los mató pero ella, la muy boba, quedó vivita y coleando. El caso es que el señor juez, que hasta en Eslovaquia suelen ser muy serios y circunspectos, ha ordenado ingresarla en la Casa de Socorro como paso previo a ingresarla en el talego. La acusación –lo que son las cosas- pretende enchiquerar a la Alojzia como asesina u homicida feminicida y machista –ya que los amantes eran uno y otra de distintos géneros cosa que, salvo en Chueca, suele ser normal hasta en Eslovaquia-.
Yo creo que la acusación se ha pasado con la petición y espero que el señor juez, que para eso lo es, pueda juzgar el presunto homicidio como un accidente vulgar aunque, si bien es cierto que despenó a los pecadores sin pena ni gloria, en el pecado llevan la penitencia, no es menos cierto que la señora Zenevieva procedió con excesiva insensatez y harta desconsideración, pero de ahí a meterla en el maco, como si fuera una quinqui va un mundo.
Acciones como esta de la alocada Zenevieva deberían estar prohibidas en el código penal de cualquier país, es cierto, que el buen orden jurídico precisa que todo quede claro desde el primer momento y debe reconocer que, el encontrarse uno en su propio colchón con una lumi, sea o no tu amiga, es algo que confunde y desazona.
¡Vamos, digo yo…!

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Una respuesta a “MORIR O PERDER LA VIDA, ¡QUÉ DILEMA!

  1. La Aguela

    El título se me antoja más como aquello del gato de un tal Schrödinger, que decía una autentica jilipollez que las personas cultas dicen que era un “experimento”. Pues eso, que no se puede ir ya ni a Eslovaquia sin que te pase algo.