PEPIÑO CEDEIRA SUEIRO, NATURAL DE CARIÑO Y MARMITÓN DE SU SERENÍSIMA MAJESTAD BRITÁNICA

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Esta historia, que es una historial naval, podría haberla contado perfectamente el capitán Aldea, que mareó los siete mares conocidos y hasta el Mar Menor que es un mar turístico, un mar doméstico, que no existe más que en las cartas y mapas españoles. Pero no, esta historia, que no pudo, o no quiso, contarla el capitán Aldea ocurrió en el mar de Tasmania, más concretamente en la isla de Lord Howe un mes de mayo de 1778, unos días antes de morir Voltaire. El barco HMS “Suply” bajo el mando del teniente Henry Ligbird Ball, de la Royal Navy, hace una travesía desde Botany Bay a la Isla de Norfolk. El barco trasladaba convictos a un nuevo penal que su caritativa majestad pensaba inaugurar en la Polinesia. A bordo del barco va, como marmitón, el gallego Pepiño Cedeira Sueiro, natural de Cariño, provincia de A Coruña –para Aldea La Coruña- buscando su sustento y hacer un dinero para volver al pueblo el día de mañana y mandar construir unas escuelas a las que pondrá el nombre de su madre y una casa con cinco palmeras que destaque sobre las de los conserveros catalanes que se asentarán, Dios mediante, en la villa proximamente.
Los gallegos, peritos en meigas, trasgos y otras ánimas, saben mejor que nadie que el hombre propone y Dios, Nuestro Señor, dispone y, mira por donde, el teniente Ball cree descubrir una nueva isla que no figura en carta alguna. Manda virar el barco y pone proa a un saliente natural de la costa y, a menos de una milla -náutica of course-, manda parar el barco y botar una chalupa (observese que el escribidor no dice bote por no caer en redundancia) con seis marineros a bordo al objeto de hacer una descubierta. Entre esos marineros figura el Pepiño Cedeira Sueiro, intrépido marmitón de Cariño en A Coruña –La Coruña para Aldea-
Efectivamente la isla no estaba descubierta y el teniente da orden de enviar un recado al almirantazgo de Su Majestad comunicándole el descubrimiento y dando nombre a la nueva isla. Esta recibe el nombre de Isla de Lord Howe, en honor al Primer Lord del Almirantazgo. Ya se ve, que incluso en tierra de infieles –protestantes, anglicanos y otras subespecies-, también hay pelotas y lameculos. ¡Paciencia y barajar!
Lo que no supo, hasta la noche, el teniente Ball es que se habían dejado olvidado en la isla al gallego Pepiño Cedeira Sueiro. El olvido se descubrió una vez que el cocinero le buscó para guisar un pulpo a feira para la cena de los oficiales. El teniente quiso dar la vuelta, bien es cierto pues no entendía una cena sin pulpo a feira, pero fue rápidamente convencido por el resto de la oficialidad de que aquello era una insensatez. Los gallegos, dijo el contramaestre, son gentes de cueros duros y bregados y pueden, en un momento dado, llegar a nado si es preciso hasta Finisterre desde la mismísima Polinesia. Nunca pensó el contramaestre que, sin quererlo hacer, diría mayor verdad…
El almirantazgo recibió, a la vez, la noticia del descubrimiento y la de la pérdida –ahogamiento dijeron a bordo- del marinero Cedeira que fue comunicada, a su vez, al consulado español en Southampton, al que pertenecía el HSM Suply. El cónsul, como no podía ser menos, envió noticia a la comandancia marítima de A Coruña –La Coruña para Aldea- y de ahí le enviaron noticia a su familia en Cariño. La noticia, como era de prever, alteró la vida del municipio y sus padres y hermanos le hicieron un bonito entierro y pagaron, a escote, misas en la parroquia, durante un año. Don Benitiño, el párroco, que tenía dos sobrinas a su servicio –la una morena y la otra, rubia, como en las zarzuelas- se gastó más de dos duros de plata en chocolate y una jícara nueva para celebrarlo. El resto de las ofrendas de la familia Cedeira ya veremos de comernoslas en mariscos de concha y cáscara y otras golusmerías.
Una tarde cualquiera, medio año después después del presunto ahogamiento, la parroquia esta llena de gente del pueblo. Se celebraba un Rosario por el alma de Pepiño y unas rogativas pidiendo a nuestro Señor Santiago, cuyo féretro llegó flotando a tierras gallegas, que apareciera su cadáver. Pasados los misterios Gozosos y los Luminosos y, cuando aún no se habían terminado los Dolorosos se escuchó, claramente, cómo caminaba sobre las losas de los muertos que rodeaban la parroquia, una pata de palo. Un sonido seco que hacía retumbar la oquedad de las tumbas. Los asistentes al Santo Rosario, cagaditos de miedo, eran incapaces de volver la cabeza. Hasta don Benitiño, el párroco, sintió como se le cerraba la glotis del propio pánico. Poco a poco fueron girando las cabezas los asistentes, acojonados de miedo, claro, pero no pudieron ver de quién se trataba puesto que el sol impedía, desde la oscuridad de la iglesia, ver la cara del cojo visitante.
Los vecinos y parientes, como es natural y lógico, se pegaron tal susto al ver al Pepiño en carne mortal que no pararon de correr hasta llegar al faro del Cabo Ortegal, y eso que es cuesta arriba. La gente, en especial los gallegos y los escoceses, tienen gran experiencia en esto de la presencia inusual de ánimas de la Santa Compaña pero, pese a ello, se pegaron un susto del carajo de la vela.
¿Cómo es que volviste?, le preguntó el párroco don Benitiño al Pepiño
Ya lo vio usted, padre. Uno tiene hábitos conservadores y aficiones ortodoxas y, como en la miña terra, nada.
Don Benitiño le devolvió a la familia del Pepiño todo el dinero de las misas. Todo menos, claro, lo que había gastado en el chocolate, la jícara nueva y un ciento de pimientos de Padrón que había comprado para cenar y que, por no hacerle de menos, se los cenó junto al Pepiño en la sacristía.
Muchos barcos militares que navegan, aún hoy, entre Nueva Gales del Sur y la Isla de Norfolk hacen escala en la isla, de la misma forma que lo hacían, antaño, algunos balleneros y barcos mercantes en honor a Pepiño Cedeira Sueiro, natural de Cariño, A Coruña –La Coruña para Aldea- pues los gallegos, ¡miren que es costumbre!, nunca comunican a las autoridades cuándo cesan como difuntos. No hubo asentamientos permanentes en la isla, por respeto al gallego muerto, hasta 1834, en un área de la isla conocida hoy como Old Settlement, o asentamiento antiguo, en la lengua de María Santísima. Amén.

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2 Respuestas a “PEPIÑO CEDEIRA SUEIRO, NATURAL DE CARIÑO Y MARMITÓN DE SU SERENÍSIMA MAJESTAD BRITÁNICA

  1. La Aguela

    Como bien dices, las buenas gentes lo comprenderán mejor que yo. 😀
    Así que, A Coruña –La Coruña para Aldea, no? Jajajajajaja

  2. Mira qué son raros los gallegos…se mueren y ni siquiera se lo comunican a las autoridades.:-)