LA FERMINITA Y EL SENÉN. HISTORIA DE UNA BODA

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La Ferminita, la criada de don Generoso, hacía la compra en Simago. A la Ferminita le gustaba el Simago porque daba cupones con los que, una vez completada la cartilla, se cambiaba por un tazón de desayuno o un colador, dependiendo de las existencias. La Ferminita está convencida que, tazón a tazón y colador a colador podrá completar el arreo.
¿El arreo, don Dimas?
Sí señor. El arreo, para que usted lo sepa, son los bienes parafernales de la Ferminita.
¿Y eso de los bienes parafernales, don Matías, qué es lo que es?
Pues es lo que en algunos sitios llaman dote, o sea, los bienes propios de la mujer en el matrimonio, por aportación o por adquisición posterior.
¡Qué bárbaro, Soria!, con razón dice su amiga segoviana que es usted un diccionario con patas.
¡Psche…! Tampoco es para tanto
La Úrsula, la criada y sobrina de don Anselmo, el párroco, no compraba en el Simago. ¿Para qué?, decía ella. Si yo no me voy a casar. Yo bastante tengo con servir a mi tío. La Úrsula compraba, por lo tanto, en el Sarma.
La Ferminita tenía un novio, el Senén, que no trabajaba ya que estaba esperando a que salieran las oposiciones de Director General de Abastos. Nunca han salido, le decía a la Ferminita, por eso, cuando salgan, la gente no estará tan preparada, como lo estoy yo, y me las llevaré de calle.
¿Y por qué no trabajas en otra cosa, mientras salen las oposiciones?
Porque no me sale de las narices. ¿Entendido?
¡Ay Senén, chato. Qué hombre más hombre eres!
¿A que sí…? Pues hala, aligerando para el Simago y mira a ver si coges un exprimidor de limones, para cuando me sirvas la sangría en verano antes de comer. Porque, ¿sabes?, tú si te casas conmigo es para servirme.
Lo que yo te digo, Senén. Que eres todo un macho.
La Ferminita con los cuatro duros de las sisas del Simago le convidaba al Senén los sábados por la tarde a la sesión doble del Montija. El cine Montija es más barato que el Cristal, y eso que están enfrente el uno del otro.
Oiga, don Dimas ¿Y no echarían mejores películas en el cine caro?
Total… Para lo poco que miraban para la pantalla.
Antes de que acabase el NO-DO el Senén ya estaba dormido. La Ferminita, entonces, arrimaba su mejilla a la mejilla del Senén y se tragaba la película soñando que, aquella Escarlata que defendía Los doce robles antes los americanos del norte era ella misma y el galán aquel de las orejas de soplillo, era su Senén ya con su oposición sacada y todo.
El día en que mi Senén aprueba la oposición le llevo un cirio pascual a Jesús. ¡Vamos que se lo llevo!, decía para sí misma mientras el Senén roncaba. Pero es que a este gobierno ya le vale. Mira que no haber sacado nunca esta dichosa oposición…
Una tarde el Senén se despidió de la Ferminita.
Me voy a Francia por ver si encuentro algo de futuro mientras sale la oposición. Tú, Ferminita, me vas mandando todas las semanas un dinerito y yo, cuando junte todo, vuelvo y nos compramos un piso.
¿En Moratalaz?
Eso, en Moratalaz.
La Ferminita, en este punto, casi entró en trance. Ella en Moratalaz, con su Senén y mirando por la ventana para el arroyo Abroñigal. Ya se sentía como la señorita Escarlata en Los doce robles.
El Senén se marchó y la Ferminita fue haciéndole los giros pertinentes pero, un día, de buenas a primeras, el Senén se encontró sin liquidez y sin giros. Escamado se volvió para Madrid con un dinerillo que le dieron por la venta de una esclava de plata que le había regalado la Ferminita el día de san Valentín.
El Senén se llegó hasta la casa donde salió a recibirle el portero.
Buenas noches, señorito Senén.
Buenas noches, Braulio. Llama a la Ferminita y le dices que estoy aquí abajo, esperándola.
Pues no va a poder ser, señorito Senén. La Ferminita me dejó esta carta por si usted volvía por aquí.
¿La carta? ¿Qué carta?
El portero Braulio le entregó una carta que decía así:
Cuando salga la oposición ya me enteraré por la prensa de tu elección como nuevo Director Deneral de Abastos. Para entonces, seguro que ya has ahorrado y tendrás comprado el piso de Moratalaz. Mientras esto llega yo me voy a Benidorm, un pueblo de Alicante donde dicen que el agua está calentita todo el año y se puede uno bañar, incluso en diciembre. No vengas a buscarme pues, hasta que no amuebles el piso de Moratalaz me quedo en la playa. Firmado Fermina Lozoya Candelaria.
El Senén se quedó como si le hubiera dado un paralís.
El portero Braulio le ofreció una silla, en vista de su palidez. ¿Malas noticias, señorito Senén?
¿Eh?
Que digo que si son malas noticias de la Ferminita
¡Quia!, hombre. Nada de eso… Que me dice que se ha ido a Benidorm para ponerse morena para la boda…

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Una respuesta a “LA FERMINITA Y EL SENÉN. HISTORIA DE UNA BODA

  1. La Aguela

    Macho, muy macho pero sobretodo hipócrita y optimista. jeje