EL REPOSO ETERNO

maxresdefault

La Perpetua Mozoncillo Gamo lió el hatillo con sus cuatro cosas y se acercó hasta la Plaza de su pueblo, Ballesteros de Calatrava, donde la desvencijada camioneta del Preveterio, que tenía un cartel muy aparente sobre el maletero que decía La Benaventina y que ahora, una vez colgado el traje de luces, se había metido transportista, le llevó hasta la capital. La Perpetua se puso a servir en casa de don Febronio Ustáriz de Cornualles, diputado del Tercio Familiar por la provincia de Ciudad Real. El don Febronio era medio francés y masón y, aunque no fue nunca un buen orador se hizo muy famoso al escribirle a Franco un discurso para abrir la legislatura que, en su mitad, más o menos, decía así: “dos siglos de decadencia política, de mediocridad de nuestras clases directivas, habían ido creando en nuestro pueblo un complejo de inferioridad que alentaba la labor jeremíaca y extranjerizante de los intelectuales. (Ovación puestos en pie) Contra ello se enfrentó la Cruzada española (Palmas y sentados), abriendo cauce en la más fecunda de las revoluciones, despertando la conciencia colectiva de nuestra nación en una explosión de heroísmo y de voluntad”. Aquí los diputados se partían ya las manos aplaudiendo. Algunos, los más atrevidos entre los que no se encontraban, claro, los diputados eclesiásticos, sacaron el pañuelo como en los toros.
La Perpetua estuvo sirviendo hasta que comprendió que don Febronio hacía una interpretación bastante laxa y particular (¡Jesús, escribidor, qué manera de señalar!) de lo que significaba chica para todo.
La Perpetua entró a trabajar en una prendería del rastro y, con el tiempo, fue a enamorarse de un trapero de la Costanilla de los Ángeles. Poco le duró el trapero quien una tarde de lluvia y tronada, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, se colgó de una viga. Hasta el día siguiente no pudo acudir el señor juez a levantar el cadáver.
Oiga don Dimas, ¿por qué dicen levantar el cadáver si lo que tuvieron que hacer es bajarlo, y no levantarlo?
¡Ah!, buena pregunta. Pero esa hágasela usted al funcionario cuando llegue y no a mí que lo único que hago es relatarlo.
Usted perdone.
Está perdonado. Siga, por favor.
La Perpetua vendió la trapería por cuatro perras y, con el resultado de su venta, se compró un local y puso una funeraria en Las Peñuelas que tuvo mucho éxito. La llamó El reposo eterno y, como ella decía, ningún cliente presentó nunca una queja. Hay éxitos, en esto del emprendimiento, de difícil explicación para los legos, los jubilados y los soldados sin graduación.
Ya lo creo, don Matías.
La Perpetua dio con la fibra del éxito cuando se le ocurrió la venta de nichos con ático y vistas a la M-30.
¿No me diga?
Pues sí que se lo digo, oiga. Se los quitaban de las manos. Dicen, yo no me lo creo, que una constructora le compró más de seis mil de estos nichos para revenderlos, al doble de precio, a los chinos.
Es que los chinos son unos ansias, oiga. Se quedan con todo ¿verdad?
Sí, pero luego lo reparten. Como son comunistas…
Una tarde, ¡vaya por Dios!, la Perpetua tuvo que bañarse y, claro, como no tenía costumbre, al meterse en la bañera resbaló y fue a darse con la nuca en el borde mismo de la bañera. De resultas del resbalón perdió la vida y, lo que es peor, el reposo eterno que anunciaba su nombre comercial. La Perpetua, aquella misma tarde vendió el último nicho, ese que se había construido para ella misma, por un pastizal. Tenía jardineras con riego automático y toldo que se bajaba y se subía desde dentro con un mecanismo de lo más moderno.
¿Y cómo es que lo vendió?
Pues ya ve usted, don Dimas. La angurria, que como bien sabe usted es un sinónimo de la avaricia, ese feo pecado capital, tercero en el ranking, tras la lujuria y la gula.
¿Del norte?
No hombre, no. ¡Cómo va a ser la gula del norte!, que esto no es un anuncio de navidad.
Usted perdone, es que me lo ha puesto usted como dicen que se las ponían al rey felón don Fernando.

Anuncios

Una respuesta a “EL REPOSO ETERNO

  1. La Aguela

    El don Febronio, ya me parece, el nombre, excesivamente retorcido, jaja.
    Con este me he hecho un poco de lío entre quien narra y quien escucha.
    ES BUENO Hermano, es bueno.