EL SUEÑO

suec3b1os-de-piedra

El escribidor de posts se ha sentado frente al ordenador. La blanca hoja del Word impecable y diáfana como la sábana de abajo. El escribidor de posts no tiene ninguna musa a mano para escribir su post de mañana. Mira para el televisor que está, invariablemente, encendido para hacer ruido. Están dando un programa donde las mariposas vuelan, los narcisos crecen y las sombras de un bosque son frescas y abundantes. Por el aire, además, vuelan a gran velocidad un millar de nubes blancas, algodonosas. El escribidor de posts sueña con los ojos abiertos, que es como debe de soñar un ser humano. ¿Por qué? Pues qué se yo… igual que se ama con los ojos cerrados se sueña con los ojos abiertos. Ahora, no me diga usted por qué pues lo desconozco.
El escribidor no sabe de qué está hablando el locutor. Tampoco le importa. Al escribidor lo que le importa son las imágenes. No las que están saliendo en el programa, no; las que él cree descubrir en cada toma. Así, de un lince que escapa raudo a la cámara, el escribidor ha creído ver una musa que le chiva una buena frase para el post de mañana. Si lo que se mueve es el copete de un chopo de ribera el escribidor cree ver una musa que se despide, pañuelo de seda en mano, del magín del escribidor. ¿Estará el escribidor mal de la cabeza o con problemas de riego como dice el marinero? Tal vez. ¡Vaya usted a saber!
El escribidor está honesta y absortamente mirando para el televisor como se mira al ave que vuela, a la hierba que crece o a la violeta que tiembla, vergonzosa, al refrescor del mediodía. También podría haber puesto aquí que mira como el lagarto que mira, o como el corzo que hace escorzos o como el girasol que da giros en torno a sol, pero parecería que quería hacer juegos de palabras. El escribidor, sobre cursi, odia con un odio africano a los bichos asustadizos y a los juegos de palabras y prefiere poner lo de las aves que vuelan y las hierbas y violetas que crecen y se mueven.
El escribidor de posts, si estuviese ahora en Langa -que no lo está- escribiría que está sentado al borde del camino, o junto al restaño de una playa del Duero o, por hacerlo más verosímil, sobre el andén de la estación. Pero no; el escribidor de post está sentado en el sofá de su casa, como un ministro a la espera de que el motorista le entregue el cese, o como el viejo que espera a la parca apoyado en su cachaba. El escribidor de post está en Madrid como gallo en corral ajeno y echa de menos a su amigo Alberto, sus almuerzos mañaneros y el crepitar de la chimenea. Al escribidor de post le gustaría tener la memoria en reposo, la voluntad dulce y delicada como la caricia de la novia y tener, para variar, un hombro amigo donde apoyarse. Pero no, el escribidor está viendo un documental de la televisión donde le muestran el campo y él, goloso y añorante, disfruta con la serenidad y la tranquilidad del campo como si estuviera allí mismo. Sueña ver cómo se mueven, contra el viento del solano, las espigas del trigal y cree percibir, como si estuviera allí mismo, el aroma del poleo silvestre y de la siete mentas del arroyo; el olor del acre aroma del espliego y la fragancia del leñoso aroma del romero. El escribidor de post, como siga así, se duerme sin remedio. ¡Vaya sopor!
El escribidor de posts, cuando se acaba el documental, mira de nuevo a la hoja blanca del Word y cree que no, que hoy no va a escribir nada. Que ayer, que quiso hacer un ejercicio de relato descriptivo no fue, a lo que parece, bien recibido por sus hoolingans y no le apetece escribir por escribir. El escribidor de post tampoco puede llamar a don Dimas o a don Matías, pues están en Benidorm de nuevo. El escribidor de posts, se ha dormido, como ya temiera y lo ha hecho con los ojos abiertos, con la boca abierta, con el alma abierta a cualquier sueño que quiera invadirle para utilizarlo mañana en el post.
Cuando el escribidor de posts se ha despertado se ha encontrado con que esta página está escrita sin que sepa, muy bien, quien lo ha hecho. El escribidor de posts piensa si habrá sido el angelote regordete, o el corzo saltarín o, quizás, la violeta temblorosa. No lo sabe, pero… mira. No hay mal que por bien no venga. Eso que me ahorro.

Anuncios

Una respuesta a “EL SUEÑO

  1. La Aguela

    Fué el angelote regordete sin duda, pués se le ha visto más poético, más “cursi” y más certero con su arco y sus flechas, “esas flechas que se clavan una vez y otra vez más, esas flechas van contigo donde quiera que tú vas”. Muy dulce, hermano.