DON PANTALEÓN, CHURRERO DE SANTO TOMÉ Y PRÍNCIPE

CHURRERIA1

A don Pantaleón Casarrubuelos no debía de gustarle su nombre y su apellido y se lo cambió. Hay personas a las que, vaya usted a saber por qué, les da la ventolera y cambian, de una mañana para otra. A don Pantaleón Casarrubuelos, una mañana, al levantarse, le debió parecer que su nombre no era suficientemente relevante y se lo cambió por el de don José María Aldea. Estas gentes de mar son así. Están expuestas a los vientos de los siete mares y, cuando menos lo piensan, ven venir la galerna y viran el timón de golpe.
Don Pantaleón Casarrubuelos, cuando aún no era don José María Aldea, viajó por todos y cada uno de los mares. Incluso por el Mar Menor que, como todos ustedes saben es un mar turístico y como de zarzuela que las autoridades murcianas se han inventado para atraer madrileños de la denominada Costa Marrón: Móstoles, Fuenlabrada y Alcorcón. Los marinos como don Pantaleón no siempre saben en qué puerto están atracando y, por ello, hay veces que se sienten desorientados. Aquel era el puerto de Le Havre, en el departamento de Sena Marítimo, Alta Normandía, la France. Los habitantes del departamento de Sena Marítimo no hablan francés, como si fueran alumnos de Isabel Sanz, sino normando que es una suerte de inglés para gangosos. Don Pantaleón le preguntó al normando que hacia dónde caía Chipiona, pues pensaba ir el fin de semana a ver el museo de Rocío Jurado. El normando, el muy cabrón, le envió por otro lado y, ¡vaya usted a saber cómo y por qué!, don Pantaleón acabó en Santo Tomé y Príncipe, donde acabo siendo elegido Agregado Marítimo del Consulado de El Burgo de Osma, en Soria.
Al principio, don Pantaleón pensaba que estaba en el Musel, que es el puerto de Gijón, pero al pedir un culín de sidra y una tapa de Cabrales se dio cuenta, por la cara del camarero, que algo raro había pasado.
Don Pantaleón, por aquello de ganarse el sustento, puso una churrería en el distrito de Agua Grande. El distrito de Agua Grande, para quienes no conozcan Santo Tomé y Príncipe, está situado, según se sale de la capital, a la izquierda. No como los retretes de los bares, que siempre están al fondo; no. Según se sale a la izquierda. Aquí hay que tener cuidado porque, en una isla, si usted toma la izquierda, en lugar de la derecha, acaba en el agua. Los santotomenses, como hablan portugués, tienen una dificultad relativa en decir churro, porra e incluso tejeringo, aunque no tanta en decir buñuelo. Ellos dicen bunhuelo y suena así como a bacalao frito de la Puerta del Sol. La churrería tuvo mucho éxito en principio pero, como todo en la vida, acaba cansando. También, es cierto, no ayudaba mucho la calorina que habitualmente hace por la zona. Pero claro, ¿cómo poner en Santo Tomé un colmado con jamón del bueno y gambas de Huelva con el problema que supone hacer llegar la Mahou hasta aquí?
Afortunadamente conoció a una gabonesa, la señorita Cristal Tajuí, que tenía una tienda de decorar pareos y, con su experiencia y la venta de la mitad de la churrería expandieron los pareos por toda la costa occidental de Gabón, Camerún y parte de Taiwán, esto ya en el extrarradio asiático. Entonces fue cuando don Pantaleón, tras insistirle la señorita Cristal, se cambió el nombre por el de don José María Aldea.
¿Lo encuentra usted así más original, señorita Cristal?
Ciertamente, amigo José María, le dijo. No solo original, sino apropiado, idóneo y sugestivo, a la que vez que sugerente.
Con el tiempo don Pantaleón, ahora don José María, terminó alejándose de la señorita Cristal. A la que se le estaba poniendo una cara de compromiso que ya, ya…
Las santotomenses, máxime sin son industriales, son muy pegajosas y hasta algo mandonas. ¿No le parece a usted, Mr. Dimas?
Yes. Of course
Oiga, ¿se puede saber por qué me habla usted en inglés si estamos en una isla de habla portuguesa?
Because I do not speak portuguese, mister Aldea
¡Ah, claro! No había caído.
Lo mejor, le dijo Mr. Dimas, es que se largue usted a otras latitudes. Si no la va a acabar usted pringando y cargándose con la Cristal Tajuí que tiene cara de coñazo.
Claro, claro. Le agradezco a usted el consejo en lo que vale, yo también creo que lo más prudente es largarse antes de que me pase la vida pintando pareos.
Don Pantaleón, ahora don José María, traspasó su parte de la tienda y de lo que le quedaba de la churrería y se volvió a España, donde se instaló en El Burgo de Osma. Allí, además de coger setas y cangrejos en el río Ucero, se pasaba las tardes bailando La Rueda y preparando la botadura de un barco pirata para llevar a no sé bien qué tipos de gentes, en un viaje fuera de lo que queda de España.
Esta gente de la mar, es seria pero, a veces, cuando el viento rula le pasa lo que a Mary Poppins y se cogen sus bártulos y acaban sentando sus reales donde menos se espera.

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3 Respuestas a “DON PANTALEÓN, CHURRERO DE SANTO TOMÉ Y PRÍNCIPE

  1. La Aguela

    Ya se sabe que los vientos de muy alta mar, sientan mal hasta a uno de Soria, ¡que ya es decir¡.

  2. El cambio de nombre, era absoluta necesidad y el de oficio también..don Jose Maria,en mucho mas fácil de pronunciar..me alegro de qué ahora sea feliz..:-)

  3. Cierto, doña Lola. Así es