EL DIVÁN EN VIERNES SANTO

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Don Advíncula Berzal Badaja tenía un gravísimo problema de identidad. Don Advíncula Berzal Badaja acudió a un psiquiatra muy serio y circunspecto que le tumbó en una chaise longe y que le recomendó levantarse cada mañana y, sin más ropa que la chaqueta del pijama, salir al alfeizar de su ventana en un quinto piso, y orinar sobre el mundo. Hacerlo sin piedad y gritando, a voz en cuello, que era un ángel vengador. Un ángel meón, sí; pero vengador y liberalizador bautizando con su orín a tanto infiel como camina por esas calles de Dios. Con ello, esa es la verdad, no vencía su problema de identidad y seguía considerándose un fracasado pero ahora, al menos, se consideraba un fracasado sin ganas de orinar.
Don Mardoqueo Neptalí (es nombre propio) Gamborena Alfaro, natural de Cerezo de Río Tirón, en la diócesis de Oca y el partido Judicial de Briviesca, no gasta zapatos porque tiene un juanete que le hace ver las estrellas. En su lugar, don Mardoqueo Neptalí gasta zapatillas con la suela de esparto y atadas a la canilla. Unas zapatillas muy de andar por casa. Don Mardoqueo Neptalí Gamborena Alfaro no iría nunca a un psiquiatra aunque este le arreglase lo del juanete con una siesta en su chaise longe. Los juanetes, decía siempre don Mardoqueo Neptalí, se quitan con una lima y mucha paciencia. Eso sí, don Mardoqueo Neptalí Gamborena Alfaro sentía mucha envidia de don Advíncula y sus meadas de altura.
Si yo un día, Dios no lo quiera, pudiera echar una meada de ese tipo me sentiría mejor, es cierto, pero uno nació hombre, y no cabra de Manganses de la Polvorosa como para subirse al campanario y echar, desde lo alto, una meada sobre los cristianos viejos así como así.
Don Cantalicio Almaguer Bayón, casado en segundas con doña Demófila Bermejillo ex de Trinchet y ahora de Almaguer, no sufría ni de falta de identidad ni de juanetes. En más, don Cantalicio Almaguer Bayón no sufría de nada. Era un portento de salud. A veces, cuando se acababa el sexto plato de cocido maragato se levantaba, hacía dos sentadillas y tras soltar un sonoro pedo, un pedo que sonaba como el mugido de un animal sobrenatural, se chupaba doce flanes de huevo sorbiendo, de uno en uno.
¡Qué tío!, decía la doña Demófila Bermejillo. Y cómo me salió de tragaldabas y de sano.
Don Febronio Moulard Chinchilla, alarife y yesaire lucense, casado con doña Unisífora Liébanas Mudarra, echadora de cartas y algo partera que ejercía su doctorado en un chiscón bajo la escalera de su casa, tampoco sufría ni de falta de personalidad, ni de juanetes ni era un tragaldabas. Lo que le pasaba a don Febronio Moulard Chinchilla es que le fastidiaba mucho, pero mucho, mucho, que su esposa, la doña Unisífora, trajese más dinero que él a casa. No es que él ganase poco dinero, todo lo contrario, sino que el dinero que él ganaba, por no se sabe qué misterio, se quedaba siempre en las tabernas que rodeaban su domicilio.
Cosas más raras se han visto, verdad don Dimas
Ya lo creo, don Matías. Algunos, hasta se lo gastan en decir misas para salvar las almas de aquellos que hasta han visto embargada su alma por el casero o por el banco de turno.
Don Febronio Moulard Chinchilla, en cuanto se enteró de lo tranquilo que se quedaba don Advíncula meando desde el alfeizar de su ventana lo intentó también. Lo malo, claro, es que como él vivía en el piso bajo, siempre pasaba un viandante que le arreaba un sopapo de los que no entraban tres en docena o le clavaba el regatón del paraguas en sus partes. Y eso, aunque no lo parezca duele lo suyo.
Don Febronio Moulard Chinchilla, además de alarife y yesaire era, también, zahorí, relojero y reparador de radios de las fáciles. Esto puede parecer pequeñas minucias, pero no lo es, no crean. Un zahorí, cuando está en medio de su ciencia, no puede ni debe ser entretenido, aunque el zahorí sea experto en reparar relojes, despertadores y radios de las de bujías, que son más fáciles que las de transistores. Cuando un zahorí está a punto de encontrar agua y pasa un vecino que le pregunta la hora, y más por acto reflejo que por servilismo, mira su muñeca para dar la hora pierde la corriente de agua y tarda más de dos horas en volverla a encontrar.
¡Con lo que cuesta volverla a encontrar, ¿verdad don Febronio?
Ya lo creo, don Mardoqueo Neptalí. Ya lo creo.
Oiga, Soria, ¿no le parece a usted que Aldea va a salir mañana con eso de la inflamación de las meningitis?
Pues no le diría yo que no, don Dimas. Pero mire. Así, al menos se entretiene, que el pobre bastante tiene con no poder venir al Burgo de Osma a ver las procesiones y comer esos torreznos de vigilia que son una delicia de Dios.
Pues eso sí, también es verdad…
Oiga, Soria. Que dice don Dimas que aún le quedan a usted seis líneas para llegar al folio y medio.
Pues sí, así es. Pero hoy es Viernes Santo, y al que no estrena le cortan las manos.
¡Anda! Y yo que siempre creí que eso era en el Domingo de Ramos.
Pues igual sí; igual era en el Domingo de Ramos, pero como este domingo Ramos, el del Madrid, se ha retirado de la selección por un dolor de espalda…
¿Eh…?
No, nada. Que le diga usted a don Dimas que cuente. Que con esto de Ramos y del Viernes Santo ya he llegado al folio y medio.
No, si usted cuando se pone…

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Una respuesta a “EL DIVÁN EN VIERNES SANTO

  1. La Aguela

    Va Ud. a terminar con los nombres españoles, claro que, siempre puede seguir con el resto del mundo mundial.
    Vaya batiburrillo hoy, jajaja