EL LIBRO DE LOS AMORES CONTRARIOS

descarga

Ibérica de Sonajas, Sociedad Limitada es una pequeña industria nacional que se dedica al mercado del sonajero infantil. Su propietario, don Baldovino Cecina Infante, la radicó en su domicilio de Matalebreras, Soria, pero ahora, con la pujanza del sector se ha tenido que desplazar a la capital del reino. Don Climaco Burionagonatotorecagageazcoechea Iruretagoyena y Aguirregomezcorta, al que decían El Vasco, se conoce que por abreviar, no tenía industria ni nada que se le pareciera.
Es que la gente, don Dimas, es muy ocurrente e imaginativa para esto de los apodos. ¿Verdad? Mira que llamarse El Vasco.
Ya lo creo, ya…
Don Climaco, ya se dijo, al contrario a don Baldovino, no es industrial aunque ha hecho de la música, su modus vivendi, que dicen los cursis. Ambos han coincidido en el hall de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid donde están matriculados en el curso “Nichos de negocio en la Unión Europea. Bussines Plan”. A don Baldovino lo de los nichos le daba un poco así, como repelús, pero su esposa, la Baciliana Olmedilla, natural de Javalí Viejo, Murcia, y de profesión sus labores, le dijo que se inscribiese y, si veía futuro, pues que adelante. Para esto de los negocios la Baciliana le salió a don Baldovino de lo más echada para adelante.
Enseguida se dejó ver que don Baldovino y don Climaco iban a hacer buenas migas. Una tarde, mientras comían el menú del día en El Imperio del Jamón, antes Museo del Jamón, llegaron a un acuerdo para asociarse y lanzar un prototipo de sonajero musical que, por aquello de los chinos, lo primero que hicieron fue patentarlo en la Oficina de Patentes y Marcas. En la Cámara les animaron y los pusieron como ejemplo a todos los compañeros. Ellos, ya lanzados, crearon una sociedad a la que llamaron Dreams&Songs, Trade Mark. Ellos hubieran preferido llamarla Sonajeros Baldovino y Climaco, S.A, pero de cara a la importación quedaba mejor en inglés.
¡Donde va a parar!, dijo la Baciliana.
La esposa de don Climaco, la Estanislá (no Estanislada, no) no tenía opinión porque era un poco pava para esto de los negocios.
Los sonajeros se adecuaron a las distintas comunidades autónomas. Así, en Andalucía, se vendían con la música de El Relicario, en Cataluña sonaba Baixan de la font del cat y en Valencia El fallero, etc. Tuvieron tal éxito que llegaron a vender más de diez millones de unidades por todo el territorio. El pelotazo fue cuando le añadieron el himno del Real Madrid y aquello de Tot el camp… del Barça. Aquello fue un no parar de forrarse.
¿Oiga, don Dimas y un niño se puede dormir bien escuchando El Relicario?
¡No se va a dormir. La mar de bien! No solo eso, un niño que duerma escuchando un pasodoble, el día de mañana será un gran bailador de pasodobles. Tanto al costadillo, y metiendo pierna como subiendo y bajando el brazo de llevar a la pareja. ¡Menuda es la música en la edad tierna!
¿Y en El Espinar qué música le pusieron?
Aquella de Zamarramala en alto/Valseca en Vega/ Valverde del Majano la sal se lleva…
Vaya, vaya…
El caso es que, con todo el dineral que ganaron don Baldovino y la Baciliana se compraron un chalet en Mirasierra y don Climaco y la Estanislá (no Estanislada, no) se compraron otro en Valmojado de Toledo, junto a Méntrida donde, al parecer, paseaban con don Dimas y una vecina del Mercadona con la que hicieron buenas migas. Los industriales prolongaron su colaboración y dieron el salto a la Unión Europea, en principio y luego, ya más adelante, a USA y Oriente. El Oriente Medio no lo tocaron pues no son partidarios de música para dormir. Ellos, dicen, se apañan con el muecín y van que chutan. El músico don Climaco grababa temas para cada país –La danza del fuego, La cabalgata de las Walkirias, etc.- y se aseguraban muy buenas plusvalías con cada patente. Mientras don Climaco viajaba por el mundo arriba y abajo, don Baldovino, cuidaba de las sonajas y de la empresa en España.
Quiso Dios que una tarde, en que don Baldovino tuvo que entregar un fax a doña Estanislá (no Estanislada, no) esta le hiciera ojitos y, ya se sabe, el hombre es no sé qué y la mujer estopa y el diablo sopla, o como se diga eso. Para qué seguir. Don Baldovino se arrepintió de por vida y no volvió, jamás, a encontrarse con la Estanislá (no Estanislada, no). De resultas de aquel escarceo nació la Yasmina. Una niña que, al decir de don Climaco, era igualita que don Baldovino.
Hay que fastidiarse, decía, lo que hace el roce… Si hasta parece hija tuya.
Pobre don Climaco. Lo intrépida que es la ignorancia.
Ya, ya…
Don Baldovino y la Baciliana habían tenido, un año antes, al Leandro María, un niño espabilado y muy echado para adelante, al que, ya de joven le salió una calva muy marinera. Los marineros calvos (ahí está, sino lo creen, el capitán Aldea) son más intrépidos y oceánicos que los que gastan tupé, y siempre le gustó la mar océana. El Leandro María, una tarde, se enroló en el Kon Tiki Sea’s para pescar cangrejo real en el Mar de Bering, provincia de Alaska. La pesca del cangrejo real es una actividad peligrosa pero bien remunerada. Un año después de su marcha, el Leandro María, se desembarcó y volvió a Madrid donde –cosas de la vida- salió de marcha y conoció a la Yasmina en una boite de ambiente, de la que se enamoró como un choto. Los chotos, no crean ustedes, cuando se enamoran, mugen como quintos en día de salida. Son cosas que uno ha aprendido viendo y leyendo a don Félix Rodríguez de la Fuente en su obra magna “La Fauna Ibérica”. Edición Salvat por fascículo. Visiten nuestro Bar. El ambigú en el entresuelo, etc.
El caso es que, cuando los niños se presentaron ante los padres organizaron, sin querer, un terremoto. El don Baldovino y la Estanislá (no Estanislada, no) no tuvieron más remedio que dar a conocer su infidelidad para evitar que esos pobres siguiesen amándose siendo hermanos. La Baciliana, en un pronto, le clavó una aguja de hacer punto al don Baldovino en las inglés y, de no mediar el SAMUR, allí hubiera espichado para siempre. La señora juez no se lo tuvo en cuenta dados los antecedentes infieles del esposo.
Eso, para que se marche con los soldados, le dijo la juez, que era algo feminista.
El don Climaco se encerró en sí mismo y abandonó a la Estanislá (no Estanislada, no) y se metió cartujo en La Trapa donde aprendió a hacer chocolates que guardaba en una cajita de música muy aparente. Cuando se abría la caja y se cogía un bombón sonaba música gregoriana y se oía, perfectamente, la voz de los hermanos cartujos cantar aquello de: muerte tenemosssss, ya lo sabemooooos. Aaaaamén.
La Yasmina, para evitar caer en las garras del Leandro María fue enviada a Summit, en el estado de Utah, como au pair, de una familia mormona. El Leandro María volvió a la pesca radical y, cada día, por aquello de olvidar el amor de su hermana, se entregó al riesgo llegando, incluso, a servir de cebo para los cangrejos reales.
¡Qué tío, el Leandro María! ¿Verdad?
Ya lo creo.
Y usted, Soria, ¿no tiene alguna fijación con los cangrejos?
Pues no sé. Pudiera ser.
Una tarde, en que la mar no permitía echar las nasas el capitán del Kon Tiki Sea’s, un danés llamado Silverson Svenson Eickson puso la televisión y –lo que es la casualidad, don Dimas- resulta que pusieron la película Único testigo, con Harrison Ford y Kelly Mc. Guillis. Cuando ambos protagonistas ayudan a construir el granero del vecino que se casaba con otra amish, el Leandro María quedó petrificado al descubrir que, una de las extras de la película, era la Yasmina vestida con el baby y el gorrito de cuáquera.
¡Dios!, se dijo. Y, sin mediar palabra, se echó al mar vestido con el chubasquero y todo. Gracias a Dios que, en vista de cómo estaba la mar, el capitán había decidido volver a puerto y ya estaban amarrando el barco. El Leandro María salió nadando y se marchó hasta el aeropuerto donde tomó un avión con destino Salt Lake City, en USA. Al llegar allí preguntó por la granja donde se rodó la película.
Al llegar a la granja el Leandro María se bajó del taxi y estuvo observando lentamente el paisaje. Había una gran cantidad de vacas limosinas y algún toro hereford de esos que parecen búfalos berrendos en blanco. A lo lejos unas mujeres tendían las ropas negras de sus maridos e hijos. Una pequeña calesa era manejada por un joven y un caballo gigantesco tiraba de un arado del que empujaba un hombre. La imagen era idílica, sí, pero algo antigua. El Leandro María se acercó al hombre que araba y le preguntó por una española que, hacía pocos años, había llegado hasta allí. Se llamaba, dijo, Yasmina.
Claro, dijo el hombre. Pero la hermana Yasmina no es mormona, sino cuáquera, que no es lo mismo.
Usted perdone, dijo el Leandro María. Es que uno…
No se preocupe, le dijo el cuáquero. Para ustedes los hombres de Roma somos todos iguales. Ahora es sacerdotisa de la Sociedad Religiosa de los Amigos y es una santa, para todos nosotros. Ella ha cambiado esta ciudad con sus enseñanzas. Si quiere usted hablar con ella pude hacerlo en la iglesia de Los Santos Amigos de Joan Baez, que está en Pensylvania.
¿Joan Baez? ¿Pero Joan Baez no era una cantante? Yo recuerdo que mi padre siempre cantaba El preso número nueve…
Sí, efectivamente. Es que Joan Baez es cuáquera, también.
¡Ah!, dijo el Leandro María impresionado. ¿Y Yasmina, o las mujeres cuáqueras se pueden casar?
Claro. Nosotros no tenemos el problema que tienen ustedes los romanos.
El Leandro María agradeció al agricultor su información y salió para el aeropuerto nuevamente para irse hasta Pensylvania…
Soria, Soria… Me oye, Soria
Diga, don Dimas. Que es que estaba echado un rato.
Va a tener usted que dejar de comer cocido. Que estaba usted soñando en alto.
¿Quién, yo?
Sí usted, que estaba diciendo no se qué de una tal Yasmina…

Anuncios

Una respuesta a “EL LIBRO DE LOS AMORES CONTRARIOS

  1. La Aguela

    Supongo que don Climaco y la Estanislá, no tenían otro sitio donde comprarse una casa, ¡no?. El giro de la historia genial.
    Muy bueno hermano.