DESMONTANDO MITOS. EL CAFÉ NO QUITA EL SUEÑO…

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No; quien quita el sueño es la mujer. Quiero decir, claro está, la propia; la esposa. Ayer, tras la comida, mi esposa, la Fidela, me dijo que se tomaría un cafelito después del bacalao al pil-pil. No era mal plan, claro; pero es que a mí, dije, me sienta mal el café y luego no duermo. Anda, hombre, ¡cómo no vas a dormir!- Mira; hoy, en lugar de echar la siesta nos vamos a pasear. Hacemos ejercicio y, a la noche, dormimos como dos lirones. Además, ¿no te apetece catar el café que hemos traído de Portugal? Sí, hombre, ese que ponía que era de de la República de Timor Oriental, bajo la isla de Indonesia.
El Margarito, o sea, servidor de ustedes, por aquello de no dar disgustos en casa, y aprovechando que la Fidela cumplía años -¡sesenta ya, Señor! Si parece que fue ayer- pues cedió y tomó el café de Timor Oriental. Uno, como no sabe el idioma Tetun, que es el que hablan los indonesios que ya no hablan portugués, no sabe si el café del sudeste asiático es más cafeinado o menos cafeinado y, como tampoco era cuestión de quedar como Cagancho en Almagro, cedió y se tomó su tacita escasa de café solo, sin azúcar y hecho como Dios, Nuestro Señor, nos enseñó en las Escrituras, según dejó dicho san Mucio, sacerdote cristiano que fue martirizado en Constantinopla bajo la persecución de Diocleciano.
El café, para que sepa bien y a lo que debe de saber, hay que hacerlo en una cafetera italiana, de esas de rosca. Tiene que tener la goma nueva. Hay gomas que tienen más años que la sandalia de Pilatos y esas, claro, dan hasta un sabor a rancio que espanta. El agua es importantísima. Hay aguas por ahí, como en Langa de Duero, que tienen más cal que la lavadora del Calgonit y el café sabe, después, a Calcio 20. Pues bien, hay que emplear agua mineral, sin gas, naturalmente. No se debe de sobrepasar el tornillo que tiene en su interior. Más tarde hay que llenar el depósito del café. Hay que llenarlo hasta el mismo borde, y aplastarlo, convenientemente, para que no queden bolsas de aire. Luego se lleva al fuego y se pone sin cerrar la tapa hasta que borbotonee. En ese momento se cierra la tapa para que no salga fuera y nos manche la cocina. Ya tenemos el café listo. Es el momento de dejarlo reposar diez minutos fuera del fuego. Se sirve y se bebe sin azúcar, sin leche y sin gotas de coñac o cualquier otro alcohol. Así es como se bebe un café como Dios manda.
Pues bien, a lo que iba. Resulta que yo le hago caso a la Fidela y voy y me tomo el café. Estaba verdaderamente bueno.
¿No tomas una segunda taza?
No, que luego me quita el sueño.
Anda que estás de pesado. Esto de cumplir años y jubilarte te está dejando de un viejo que para qué…
Uno, ya con complejo de viejo, decide no seguir con la aventura del café y pasa directamente al gintonic. Esto de tomar gintonics después del café, en lugar de una copa de licor, es verdaderamente sano y natural.
¿Usted cree, don Margarito?
Pues yo creo que sí, don Dimas. Ya ve usted que, desde que tomo el gintonic, pues se me está quitando esto del juanete que es tan doloroso. ¡Y qué decirle de la muela! Ya no me duele. Para mí que lo que necesitaba era ponerle frío a la boca.
Pues bien, una vez paseado, ejercitado y cansado pasamos a la cena. Para evitar que esta se convierta en motivo de insomnio tomo unas sanísimas sopas de ajo y una tajadita de pollo en escabeche. Nada del otro jueves. También, eso sí, media naranja. Hago mi poquita de digestión y, piano, piano, marcho hasta la cama donde pongo el televisor en marcha que es lo que mejor me hace dormir. Se acaba el partido del Real Madrid, se acaba la película, se acaba hasta la Teletienda y el sueño que no viene. La Fidela, sí. La Fidela se ha dormido de forma inmediata pero yo parezco el frontal de un R-5, con los dos faros abiertos de par en par. ¡Qué horror!
El café, ya sea colombiano, ugandés o del Timor Oriental es, para los seres humanos, o sea, las personas físicas, una pejiguera que te deja la noche en blanco. A las mujeres, claro, no les afecta. Eso va a ser cosas de que saben hacer dos cosas a la vez: tomar café y dormir. Pero yo, haciendo gala del título de este post, que me ha quedado muy elegante y acertado, creo que se ha desmontado un mito: el café no quita el sueño; quien lo quita es la mujer que te lo hace tomar.

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Una respuesta a “DESMONTANDO MITOS. EL CAFÉ NO QUITA EL SUEÑO…

  1. La Aguela

    JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA